¿Quiénes aguaron la fiesta a Cuba y Venezuela en la Celac?

Bajo las banderas de la derecha, los presidentes Luis Lacalle Pou, Mario Abdo y Guillermo Lasso atacaron los sistemas políticos de los países socialistas.
lunes, 27 de septiembre de 2021 · 05:00

Agencias  / México

Con críticas a los sistemas de gobierno y desde un frente unido, los presidentes de Uruguay, Luis Lacalle Pou, de Paraguay, Mario Abdo Benítez y de Ecuador, Guillermo Lasso, dispararon dardos contra los regímenes de Venezuela y Cuba en la última reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), llevada a cabo en México, el pasado sábado 18 de septiembre.

“Participar de este foro no significa ser complaciente. Y con el respeto debido, cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando se utiliza el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos, nosotros en voz tranquila pero firme debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela”, dijo Lacalle Pou durante  su intervención.

Mario Abdo Benítez , primer mandatario de Paraguay. / Foto:  AFP

Por su parte, Abdo Benítez indicó que su participación en la cumbre no representaba en ningún sentido un reconocimiento al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela; y Guillermo Lasso hizo su debut presidencial en cumbres regionales. En su intervención, con el presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel a su lado, advirtió que el futuro común de la región solo puede construirse a través de la democracia y la libertad, en un claro mensaje contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Es claro que los tres mandatarios representan a la derecha y que su posición se sitúa en una orilla opuesta a la de los regímenes socialistas de Venezuela y Cuba, pero: ¿Quiénes son estos tres presidentes? ¿Cuál es su entorno? ¿Qué ideales representan?

Una herencia incómoda

Marcado por pertenecer a una familia muy cercana al exdictador Alfredo Stroessner (1954-89), el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, del gobernante Partido Colorado, se esfuerza por mostrar sus credenciales democráticas y republicanas sin renegar de sus orígenes.

“Quiero cicatrizar las heridas para la reconciliación entre los paraguayos. Tenemos muchas más cosas que nos unen que las que nos dividen”, dijo el presidente a pocos días de su investidura en 2018.

Apodado Marito, para diferenciarse de su padre del mismo nombre, un exsecretario privado del general Alfredo Stroessner, la relación de su familia con la dictadura de 35 años no influyó negativamente para su elección.

Abdo nunca renegó de sus lazos con el dictador al que visitaba en su exilio dorado. Llevó incluso su féretro hasta un cementerio de Brasilia al producirse su deceso en 2006. Había solicitado que la cúpula del Partido Colorado le rindiera tributo.

“Había un parentesco lejano entre mi abuela y la mamá del general Stroessner”, aclaró el jefe de Estado a periodistas.

Los analistas políticos aseguran que la dictadura quedó atrás y señalan que los ciudadanos de menos de 40 años ya no se acuerdan del gobierno autoritario que dejó como saldo unos 400 desaparecidos, más de 20.000 detenidos y torturados y decenas de miles de exiliados, según la Comisión Verdad y Justicia.

Con un movimiento propio, en 2013 Abdo fue elegido senador y ungido presidente del Congreso en 2015, año que marcó el punto de inflexión y de ruptura en sus relaciones con el saliente presidente Horacio Cartes.

En la crisis de marzo de 2017, los opositores reaccionaron con violencia y quemaron una parte del Congreso en protesta contra la pretensión del presidente Cartes de hacer aprobar una enmienda que lo habilitara a la reelección.

“Ojalá le pueda demostrar al pueblo que yo soy Marito del siglo XXI y que con mi conducta se puedan con el tiempo sentir tranquilos. Yo quiero demostrar que mi compromiso es con el futuro”, remarcó.

El surfista

En un país como Uruguay, acostumbrado a presidentes de mayor edad, este abogado de 47 años trajo “aire fresco”, como bien dice el nombre de su movimiento dentro del derechista Partido Nacional. De pasado rebelde y reconocido surfista, es heredero de una larga estirpe de políticos, y su padre es el expresidente (1990-1995) Luis Alberto Lacalle Herrera. Sin embargo, está lejos de ser “el hijo de”.

Tras su derrota en las presidenciales de 2015 frente a Tabaré Vásquez, en 2019 unió a la oposición en la Coalición Multicolor y se impuso en segunda vuelta por un estrecho margen ante el oficialista Daniel Martínez, del Frente Amplio, alianza que tras tres mandatos mostraba un natural desgaste.

Trabajador, con vocación de político de acción y gestor, más que de político doctrinario, en opinión de Sebastian Grundberger, representante de la Fundación Konrad Adenauer (KAS) en Montevideo, “se ha mostrado como un líder muy pragmático, pensando en el bien común. Como él ha dicho, ha tomado decisiones lejos de la ortodoxia”.

Con una actitud cercana y directa, se da tiempo para compartir con la ciudadanía e incluso sacar su agenda para darle cita a alguien que se le acerca para plantearle un problema. “Eso genera mucha empatía. Es muy mediático y está en sintonía con el Uruguay moderno y la gente joven”, señaló.

Victoria sobre el correísmo

El presidente  de Ecuador, Guillermo Lasso. / Foto: AFP

Guillermo Lasso llegó al poder  el 11 de abril, en segunda vuelta electoral, tras sacar cinco puntos porcentuales de ventaja a Andrés Arauz. Era la tercera vez que optaba a la jefatura del gobierno ecuatoriano -tras perder contra Rafael Correa en 2013 y ante Lenín Moreno en 2017-, y en esta ocasión logró con éxito ampliar su base de votantes más allá de la derecha tradicional para superar a la izquierda correísta.

Suele referirse a un origen familiar humilde que lo llevó a comenzar a trabajar con 15 años en la Bolsa de Valores de su ciudad, Guayaquil. Así trata siempre de quitarse la etiqueta de banquero rico que no se preocupa de los más humildes.

En su plan de gobierno, Lasso propuso crear nuevos puestos de trabajo, subir el sueldo mínimo a  500 dólares al mes, acabar con el hambre de más de un millón de ecuatorianos, atraer inversión extranjera y combatir la corrupción, argumento con el que golpeó a Correa y a Arauz.

Lasso ha prometido estimular la economía aumentando la inversión extranjera e impulsando la producción de petróleo, la exportación más importante de la nación sudamericana.

Promete además generar dos millones de puestos de trabajo, expandir el sector agrícola a través de préstamos a bajo interés y reducir progresivamente los impuestos.

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