Su campaña se centró en evocar la nostalgia de la bonanza económica en su gestión

Lula renace, pero una parte de Brasil lo rechaza por la corrupción en su gestión

Para ganar el favor popular se ha acercado a empresarios liberales, a reconocidos jueces que lo censuraron en el pasado por la corrupción y especialmente a los evangélicos, a quienes prometió que rechaza el aborto.

Planeta
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Brasil - domingo, 30 de octubre de 2022 - 5:00

Luiz Inácio Lula da Silva parecía un cadáver político cuando fue condenado a prisión. Pero dos años y medio después de recuperar la libertad, por la anulación de sus condenas, ahora roza la posibilidad de volver a la Presidencia de Brasil.

Los 57 millones de votos que recibió el pasado 2 de octubre, cifra nunca antes alcanzada por un candidato en la primera vuelta de las elecciones, supone todo un atestado de renacimiento político.

Y renacer no debería de ser algo extraño para un hombre que tiene dos fechas de nacimiento.

Precisamente este 27 de octubre Lula celebra su 77 cumpleaños, pero en sus documentos oficiales figura la fecha de 6 de octubre, con la que lo inscribieron oficialmente de forma equivocada en los registros.

Esos errores eran comunes en aquella época, en 1945, en las zonas pobres y remotas del noreste de Brasil, tales como Caetés, la miserable aldea donde nació Lula, entonces dependiente del municipio de Garanhuns.

Ese origen humilde de Lula es precisamente su mejor baza electoral, puesto que le permite ser el único político en Brasil que sabe hablar al pueblo en su mismo lenguaje llano y le garantiza credibilidad cuando habla de la pobreza y el hambre.

Esto, porque nadie duda de que él, en su infancia, pasó por privaciones similares a las que ahora enfrentan 66 millones de brasileños, el tercio de la población que vive bajo el umbral de la pobreza.

A este amplio estrato de la población, Lula les promete repetir la hazaña de acabar con el hambre, tal y como logró su Gobierno en sus ocho años de gestión (2003-2010).

Hace 20 años, ganó sus primeras elecciones prometiendo “hambre cero” y ahora promete que pondrá el churrasco en el plato de todos los brasileños.

Su campaña vive del recuerdo de sus ocho años de Gobierno. La nostalgia de esa bonanza económica y de paz social impregna toda la propaganda de este antiguo líder sindical, que en tono paternalista se ofrece para “cuidar” del pueblo. “Precisamos arreglar este país (...) para que el pueblo brasileño vuelva a sonreír”, dijo hace poco.

No en vano, por sus éxitos económicos Lula dejó la Presidencia el 1 de enero de 2011 como todo un fenómeno de masas, con tasas de aprobación superiores al 80%, a pesar de que para entonces ya habían explotado casos de corrupción.

El descenso a los infiernos llegó con las investigaciones que destaparon en 2014 el enorme caso de corrupción montado en torno a la petrolera Petrobras y la constructora Odebrecht.

Había coronado su doble mandato consiguiendo la sede del Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos de Río-2016.

Fue reelegido pese al caso del “Mensalao”, una millonaria contabilidad ilegal montada por el Partido de los Trabajadores (PT) -que cofundó en 1980- para comprar el apoyo de congresistas.

Terminó igualmente envuelto en la “Lava Jato”, la mayor operación anticorrupción de la historia del país, enfocada en una gigantesca red de sobornos en torno a la estatal Petrobras.

Fue condenado en 2017 a nueve años y medio de prisión por la obtención de un apartamento de una constructora a cambio de contratos públicos, aunque siempre defendió su inocencia. Estuvo 19 meses en prisión y en 2021 recuperó sus derechos políticos con la anulación de su sentencia por irregularidades procesales.

Para ganar de nuevo el favor popular, Lula ha construido una amplia coalición de diez partidos, apoyos entre los que destaca el del conservador Geraldo Alckmin, su antiguo rival y ahora su candidato a vicepresidente.

También se ha acercado a empresarios liberales, a reconocidos jueces que lo censuraron en el pasado por la corrupción y también, a los religiosos.

En especial, a los evangélicos que se han creído las noticias falsas que acusan a Lula de querer cerrar iglesias, legalizar el aborto e imponer la “ideología de género” en las escuelas. A ellos les dirigió una carta con compromisos, en la que rechazó el aborto y garantizó que las escuelas respetarán los valores que inculquen los padres a a sus hijos.

“Precisamos arreglar este país (...) para que el pueblo brasileño vuelva a sonreír”.
Indicó Lula de Silva hace poco, quien es favorito para ganar el balotaje del domingo.

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