Cuerpo discapacitado, cuerpo colonizado

domingo, 21 de octubre de 2018 · 00:09

Richard Mateos/

Dicen que atrás quedaron los tiempos en que encomenderos, señores de minas, algodoneros, propietarios de ingenios, obispos y militares eran dueños de miles de personas a las que consideraban como carne semianimal explotable. Atrás quedaron esos tiempos, dicen:

Se abolió la esclavitud, se procedió a la independencia de las colonias americanas, así como también de las asiáticas y de las africanas, y ahora cada cual puede administrar su territorio a su conveniencia.

Dicen que ahora tenemos algunos problemas. El clasismo, el racismo, el machismo, la homofobia y otras formas de discriminación, pero estos problemillas son el precio que hay que pagar en la sociedad moderna que hemos construido, ya que cierta condición de desigualdad entre los seres humanos es natural.

Dicen que antes “los discapacitados” estábamos muy mal y que ahora estamos muy bien. Antes, dicen, estábamos condenados a permanecer en el tercer patio de la casa, o a la mendicidad, o al internamiento en instituciones asistenciales.

Ahora, dicen, quien no se supera es porque no quiere: “Hay ramplas”; “hay trabajo”; “hay ONG que ayudan y también las iglesias lo hacen; tienen una renta mensual y tienen derechos”.

Se dice también que ahora gracias a la colaboración multidisciplinar entre médicos, psicólogos y trabajadores sociales se nos da un carnet a través del cual se nos otorga una serie de privilegios: la renta, el trato preferente en las filas de los servicios públicos, y algunas ayudas en materia de salud.

¿Refleja el carnet el doble esfuerzo de un niño ciego que va a la escuela por las mañanas y a su institución a hacer rehabilitación por las tardes

¿Registra el carnet la violencia estructural que sufre una persona que se desplaza en silla de ruedas ante las gradas, los baños a los que no puede entrar, los taxis a los que no le dejan acceder, y los edificios públicos inaccesibles

¿Consigna el carnet la frustración de una niña con síndrome de down no admitida en una escuela “normal” con el argumento de que los profesores no están formados para ella ¿Y la tortura que sufre una persona diagnosticada como autista ante el ruido infernal de nuestras ciudades

De aquellos polvos del pasado (colonialismo) tenemos ahora estos lodos: el machismo, la homofobia, el racismo, el clasismo y la discriminación por condición de discapacidad. Éstos forman parte del mismo disfraz que esconde que el verdadero problema no está ni en nuestros cuerpos, ni en el tanto tienes tanto vales; el verdadero problema se encuentra en la discapacidad social que entre todos hemos generado.

Les doy un dato. Mi carnet de discapacidad dice que mi cuerpo “sufre” un 89 por ciento de discapacidad. Es decir, valgo un 11 por ciento.

Y ustedes, ¿cuánto valen ¿Lo dice su carnet

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