CRONIQUITA

No le digas … Historia de un matrimonio eterno

Cada primer domingo de octubre se celebra el Día Nacional de la Cueca. Willy Claure impulsó la iniciativa. No sólo eso: hace muchos años, inopinadamente, le puso música a un fragmento del libro de Jaime Saenz (Felipe Delgado), el poema No le digas.
domingo, 7 de octubre de 2018 · 00:14

Willy Camacho

Primerita

En 2014, Willy Claure lanzó el disco Cuecas para no bailar, con 10 composiciones suyas y cinco homenajes a otros grandes compositores. El disco fue un éxito inmediato y la cueca, con ese estilo moderno –más elegante si se quiere, que es sello de Willy– comenzó a sonar con mayor frecuencia en las emisoras radiales.

A fines de octubre de ese año, me sorprendí de ver a Willy en un boliche cochabambino, en el patio, pues el local estaba abarrotado de jovenzuelos que habían acudido a ver al Grillo Villegas. Me acerqué y me presenté, le dije que me gustaría hacerle una entrevista, y Willy, amable desde la primera palabra, aceptó. Él tenía que viajar a La Paz y podíamos vernos allá.

Hombre de palabra, me llamó ni bien llegó. Quedamos en vernos en la plaza España. Apareció con su guitarra al hombro, llegaba de una entrevista televisiva. Alto, delgado, con cabello entrecano peinado hacia atrás, me pareció raro que la gente no lo reconociera.

Fuimos a comer salteñas y a caminar algunas calles. Willy es una persona de trato agradable, es de aquellos que siempre caen bien, no porque se esfuerce, sino porque tiene un aura especial, transmite paz, sinceridad. Pero, eso sí, al principio le cuesta hablar, al menos cosas íntimas, y es muy reservado cuando las anécdotas involucran a terceros.

Willy Claure nació en Cochabamba el 12 de octubre de 1962, en el barrio Plafer. Allí pasó una infancia tranquila, pero, contrario a lo que yo suponía, sin una influencia musical determinante en la familia. “Mi mama silbaba y cantaba todo el día, mientras lavaba y cocinaba; todo lo que hacía, lo hacía cantando y bien afinadita. Mi padre tocaba la guitarra y cantaba, sobre todo cuando tenía eventos sociales en la casa. O sea, había un clima musical pero nada profesional, digamos”, recuerda Willy.

Siempre tomó decisiones drásticas, desde muy pequeño, como cuando decidió quedarse a vivir solo con su hermano mayor en Cochabamba. “Es que mis padres se separaron cuando yo tenía siete años, luego, a mis 13, decidieron volver a juntarse, pero mi padre vivía en La Paz y todos nos teníamos que trasladar allá. Yo me negué porque no tenía buena relación con mi padre, entonces le rogué a mi hermano mayor que me dejara vivir con él, y por suerte aceptó”.

Eso, de alguna manera, lo acercó más a la música, no por colmar ausencias, sino porque la guitarra de su hermano estaba a disposición todo el tiempo y Willy tenía tiempo para encaminar su práctica y desarrollo musical. Talento natural le sobraba, de modo que a sus 17 años ya había grabado su primer disco con el legendario grupo Canata y viajó a La Paz para compartir la alegría justamente con su padre, a pesar de su relación. “Es que mi padre tuvo 12 hijos, y yo era uno de los que no había vivido casi nada con él, entonces no había mucha conexión”. Willy no cuenta estos episodios a modo de terapia, sino como quien relata algo superado. “Me pongo en su lugar (de su padre) y, bueno, pucha, tenía 12 hijos, y meterle duro a la caña no debe ser fácil…, comprendo la situación que atravesó y por lo mismo le compuse un tema que se llama Tu memoria”.

Canata, y específicamente Cayo Salamanca, director de ese grupo, es fundamental para entender la carrera de Willy, quien comenzó tocando zampoña y pinkillo en la agrupación, aunque él quería tocar guitarra. Entonces, Salamanca le dio el disco que habían grabado unos años antes con César Junaro en la guitarra; Willy se aplicó y trabajó durísimo hasta sacar los temas tal cual los interpretaba el mayor de los Junaro. Así, Cayo recibió a Willy en su casa de Cala Cala y el joven interpretó lo que había estado practicando durante meses. “Yo sentí que lo había hecho perfecto, porque toqué igualito a César, pero el Cayo no me dijo nada, puso cara seria y secó su traguito. ‘Has tocado bien, pero he escuchado a César Junaro y yo quería escuchar a Willy Claure’, me dijo, y yo quedé confundido,porque era changuito y no entendía a qué se refería”.

Pero no demoró mucho en darse cuenta de que un músico no es bueno porque toca idéntico a un gran intérprete, sino porque desarrolla su propio sonido, su propio lenguaje musical. Y entonces otra gran decisión fue cobrando forma: casarse con la cueca, entablar una relación eterna con ese género musical boliviano que, quién sabe por qué motivos, se había enraizado en su espíritu.

Primera quimba

A sus 18 años se vino a radicar a La Paz para formar parte del grupo de Ema Junaro. Conoció a músicos importantes, entre ellos, Jesús Durán, el Jechu, con quien se veía una vez por semana para tocar guitarra e interpretar temas tradicionales, a manera de aprendizaje. “En una de esas reuniones, vi que sobre la mesa estaba el libro Felipe Delgado (de Jaime Saenz); estaba abierto y pude leer un poema: Si te encuentras con la ninfa…, que para mí era una cosa abstracta en esa época. El Jechu me dijo: ‘Sería bueno ponerle música a esto’, y yo me copié el poema en un papelito”.

Aunque parezca increíble, la música de una de las cuecas más populares de Bolivia se creó en la mente de Willy mientras caminó desde la casa de Jechu a la suya, un trayecto que, a pie, demora máximo media hora. “Al llegar a mi casa ya tenía el tema compuesto y lo grabé en una casetera, y ahí quedó hasta la semana próxima, cuando se lo hice escuchar al Jechu y lo empezamos a cantar a dos voces. ‘Está bonita, que se quede así’, me dijo, y así quedó No le digas”.

Segundita

Willy no se enteró que No le digas (o Las ninfas, como la conocen los guitarreros) se hacía popular en los circuitos bohemios de La Paz, porque otra decisión drástica cambió su vida: decidió casarse, adoptar tres niños y trasladarse a Santa Cruz. “Toda mi infancia viví con mi madre y mis hermanos, pero de pronto, a los 13 años, quedé huérfano, compartiendo mi vida con mi hermano, y pasé la adolescencia con esta carencia afectiva de familia. Así, el momento que encontré una nueva ‘mamá’, una esposa y amiga, y tres ‘hermanitos’, tres hijos; fue como si hubiera encontrado una familia, y me recibieron tan bien que me sentí en mi hogar. Fue un amor verdadero, lo sigue siendo, porque, aunque estoy separado de mi mujer hace como 20 años, el cariño hacia esa familia sigue igual hasta el día de hoy”.

Todo eso y mucho más me contó Willy hace cuatro años, pero la entrevista no se publicó y luego la grabación se perdió, hasta que, casualmente, limpiando los archivos de mi vieja reportera, la encontré y decidí hacer algo con ella. Llamé a Willy, algo avergonzado, para contarle lo que había pasado, y él, cálido, comprensivo, no se hizo ningún problema y nos pusimos a conversar vía WhatsApp.

Radicado en Suiza hace muchos años, Willy vive en el centro de St. Gallen donde ocupa el segundo piso de una casa grande con su actual pareja. Interpreta música instrumental en un restaurante del aeropuerto de Zurich. “Es mi trabajo, con eso puedo financiar mis proyectos musicales en Bolivia, pero ahí no toco cuecas, solo música internacional, porque a la gente no le interesa mis composiciones”, me dijo hace cuatro años, y ahora me revela que ha cambiado de opinión: “Comencé a interpretar mis cuecas instrumentales y me sorprendió ver que algunos oídos se paran, que se despiertan sensibilidades”.

Quizá eso también le hizo ver que la cueca es un ritmo de exportación y no solo para el consumo interno. En ese proyecto se encuentra actualmente, aunque prefiere no revelar detalles. “Hay cosas que han cambiado en mi forma de pensar; antes pensaba que la cueca era para los bolivianos muy localista, pero ahora veo que la cueca está alcanzando alto vuelo en Bolivia, veo jovencitos que la bailan en distintos estratos… Entonces, mi proyecto ahora es diversificar generacionalmente la cueca en Bolivia e internacionalmente, que tome otras formas y que pueda ser cantada y escuchada en otros países”.

Pero antes, tenía que luchar por que la cueca obtenga su “certificado de nacimiento” en Bolivia. Así nació la Fundación Cueca Boliviana Willy Claure, que financia él mismo para tener un respaldo institucional que ha servido para impulsar la promulgación de la Ley Nacional de la Cueca Boliviana (Ley 764), que declara a este género Patrimonio Cultural de Bolivia y determina que el primer domingo de octubre de cada año se celebre su día. “Es una ley nominativa, simplemente eso: un papel, pero no hay nada que haga que esta ley se cumpla, por eso hemos impulsado otra iniciativa para contar con el reglamento. Y en éste se obliga a que los gobiernos asignen un presupuesto en el POA, que hagan actos de celebración de este género musical integrador boliviano en todo el país; además, se instruye la enseñanza de la música, danza y poesía de la cueca en las unidades educativas”.

Segunda quimba

Septiembre de 2018, concierto acústico del Grillo Villegas en La Paz. Willy Claure entra en el escenario y la gente estalla en aplausos. El cuequista ovacionado por rockeros, y a todos se les hace un nudo en la garganta cuando su ídolo, el Grillo, comienza a cantar Si te encuentras con la ninfa…, y un coro de centenares de voces entona la quimba, pues la conocen de memoria a fuerza de haberla cantado, también centenares de veces, en cuanta guitarreada estuvieron.

Pero no se trata solo de No le digas, pues, si bien es la más popular, las cuecas de Willy han calado hondo en el gusto musical de los bolivianos, a tal punto que incluso se ha creado la cueca oriental para integrar a todo el país con el vuelo del pañuelo. Un proyecto que Willy ha impulsado con ayuda de grandes músicos y poetas de Pando, Beni y Santa Cruz.

El Grillo y Willy interpretan además Cantarina y Olvídate de mí, y la magia se concreta. El público rockero aplaude en el jaleo con precisión, sin salirse de ritmo, y se conmueven con la música de su tierra. “Es que no importa qué edad tengan o cual sea su preferencia musical, son bolivianos y han crecido con la cueca”, afirma Willy.

** * * *

Willy estará en Bolivia hasta noviembre gestionando que cada departamento promulgue su ley departamental de la cueca. Tiene una casa en Sacaba, en el barrio Guadalupe Magisterio, que se ha contagiado de su pasión musical, pues todas las calles llevan nombres de ritmos folklóricos bolivianos. Así, la casa de Willy (y sede de la Fundación Cueca Boliviana) se ubica en la calle Cueca, entre Kaluyo y Bailecito.

Desde ahí, precisamente, me atiende la última vez que lo llamo. Hace cuatro años, me contó que su hija Gaía Lucía estaba viviendo en Lima y que le dolía no poder estar con ella más tiempo. Le pregunto cómo va esa relación. “Mi amor por ella es como con la cueca: hasta la muerte e incondicional. Hace poco estuve en Lima para festejar sus 15 años, fue el 29 de mayo y me quedé una semana. Ella está muy bien, creciendo, aprendiendo idiomas y toca el saxofón. No la presiono para que se dedique a la música, dejo que ella solita explore, pero cuando ella decida, cualquier cosa, yo voy a estar ahí apoyándola”.

Él sabe que en el arte no debe haber presiones, que las decisiones deben tomarse con libertad, que los procesos y proyectos tienen que fluir, aunque claro, algo de presión hace falta en algunos casos, como con la Ley 764 y la implementación del reglamento. “Yo tengo que ir a La Paz el 7 de octubre para celebrar el Día Nacional de la Cueca, pero puse una condición: solo iré si se aprueba el reglamento de la ley, si no, me quedo en Cocha y viajo a Santa Cruz para seguir impulsando la cueca Oriental”.

“Al menos no amenazas con bloquear caminos”, le digo, y Willy se ríe, quizá porque descubrí su siguiente paso, pero hay algo en el tono de su voz que parece decir: “No les digas…”.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

232
103

Otras Noticias