DESDE EL MARGEN

Para Diego con amor

domingo, 20 de mayo de 2018 · 00:05

por Christian Egüez / Marica y Marginal

Lamentablemente los hombres están lejos de iniciar un proceso propio para tomar una posición contra la violencia machista. Los que se animan lo hacen a tropezones y a medias:

-Están los que intentan contrariar al discurso feminista, sintiéndose invadidos por una lucha que no tienen voluntad de entender; no van más allá del berrinche soberbio afirmando que la violencia de género también les afecta.

  -Están los que se sienten atacados; viven con la paranoia de que una jauría de “feminazis” está organizando una cacería colectiva de hombres. Se asustan al ver protestas de mujeres desnudas con textos escritos en sus cuerpos. No captan la poesía incendiaria de esa acción porque el único desnudo que toleran es el de la pornografía convencional.

 -Están los que no soportan escucharnos hablar en términos de “los y las”. Aseguran que “eso es ser políticamente correcto”. Y en realidad se trata de todo lo contrario; el lenguaje disidente tiene que ver con un desacato lingüístico políticamente incorrecto, porque va en contra de la norma androcéntrica de la RAE, contra las academias que encubren abuso sexual -basta darse una vuelta por la universidad o ver lo que pasa con el premio Nobel de literatura-, contra la palabra incuestionable del profesor que se dirige a sus estudiantes desde la supremacía masculina, etc.

- Y está Diego Aramburo, director de teatro, que ha decidido cambiar legalmente de género: ahora es ella, pretendiendo hacer una reflexión y abrir un debate sobre la violencia machista sostenida por las reglas del género que constituyen la heteropartición tóxica de roles y estereotipos culturales vigentes.

Romper la ética y las normas, a primera vista puede parecer subversivo. Pero no alcanza si se lo hace con un discurso pobremente argumentado, plagado de clichés, condescendencias y romanticismos fuera de lugar para los tiempos neurálgicos que estamos viviendo respecto de la violencia.

Como soy marica y travesti fui invitado a ser parte de la propuesta pero he preferido abstenerme de responder. Pienso que traicionar la hombría va más allá del plano legal, es necesario entrar en crisis, huir de las ventajas taxonómicas, denunciar que el género es una ficción, triturar la hombría desde la cotidianidad, denunciar que “ser hombre” es un fenómeno producido y reproducido política y culturalmente con un fin disciplinario y castigador de aquellos que no cumplimos con la heteronorma. Hace falta una alianza sincera con el movimiento de mujeres, maricas  y trans.

No quiero caer en el lugar común de creer que lo que en realidad busca Diego es inflamar su ego de artista, pero estoy convencido de que el arte, como la vida misma, están para repensarse. 
 

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