ZONA A LA CARTA

El Efecto Salchipapa

Nadie como ella. Mientras atrás la fila se impacienta y empiezan las protestas y cuchicheos por la tardanza, la casera silencia a todos y dice: Aquí está.
domingo, 05 de agosto de 2018 · 00:06

Óscar Martínez

A quién se le habrá ocurrido inventar los carritos jadoqueros? Una vez escuché en un programa de tradiciones paceñas en la Radio Nueva América que fue un judío llegado a La Paz a causa de la guerra, y que para arreglárselas instaló el primer carrito jadoquero en la calle Indaburo y Yanacocha, cerca del Colegio Ayacucho. También contaron que fue él quien inventó el cartucho de papel sábana, que lo mismo servía para servir hamburguesas, jadocs o futuras salchipapas.

Lo que no se sabe es si fue él quien innovó con la mayonesa aguada y la sospechosamente amarilla mostaza estirada con Maizena.

Pero lo que sí es seguro es que gracias a ese primer carro jadoquero se ha reproducido mil veces esa escena en la que alguien llega frotándose las manos –como una mosca– ante el puesto de la casera más famosa de la Villa y dice: Case, dame dieciocho hamburguesas mixtas con salchipapa.

De esas, cinco que sean completas, con tomate pero sin cebolla, y todas con llajua, menos en las papas, sino en bolsita aparte. De las otras, tres sin mostaza pero dos con harto kétchup y mayonesa, aunque una no con tanta mayonesa y de las sin mostaza, una sin tomate pero con mayonesa y poquita cebolla. Dos sin nada, nada de verdura, pero con harta llajua y con mayonesa en las papas, y con más hamburguesa que salchicha… y las otras, normales nomás, pero con ají.

Acto seguido, la casera toma la espátula y como quien acepta un desafío empieza a lanzar carnes a la plancha; abre la garrafa y mueve perillas, aumenta y cambia aceites hirvientes. Se arma de sendos platones de mayonesa, mostaza, kétchup y saca toda orgullosa un balde con su arma secreta: llajua casera bien picante y con harta quirquiña. Llajua con la que uno goza, en el amplio sentido lacaniano de la palabra, dando alaridos de placer.

Y mientras atrás la fila se impacienta y empiezan las protestas y cuchicheos por la tardanza, la casera silencia a todos y dice: Aquí está. De las cinco completas pero sin cebolla, están al fondo con las papas encima y las salchichas de costadito nomás, pa’ que se vea que no tienen llajua. De las tres sin mostaza pero con kétchup y harta mayonesa, dos están con el sobrecito roto de un costado, y la otra sin tanta mayonesa está con una papa adentro de la hamburguesa. De las sin mostaza, la con cebolla y mayonesa está con el mondadientes roto. De las sin nada de verdura pero con harta llajua y con mayonesa en las papas y con más hamburguesa que salchicha, clarito está, hay que fijarse nomás, no tiene nada de cebolla ni tomate pero harta llajua igual nomás tiene. De las otras, con más tomate que cebolla, las que tienen ají tienen mondadientes con salchicha encima del pan. Las con poca mostaza pero con normal kétchup no tienen salchicha en el mondadientes. Sueltito nomás. ¡Cobra chico! Gracias, joven.

No es un misterio. Desde siempre las caseras han sabido eso que decía Nietzsche: “el momento de la decisión es una locura” y justamente por eso, para las y los indecisos, han inventado las mixtas y todas sus posibles combinaciones.

Que se reciba la oración.

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