DANZA

El talón riguroso de nuestra quilla

domingo, 13 de enero de 2019 · 00:09

Claudia Daza

Si tuviese que definir a Milena Tejada, lo haría con una sola palabra: Seguiriya [1]. Y es que la solemnidad y dificultad de este palo [2] la registra como aquella bailaora que nos ha levantado el entusiasmo al compás de un flamenco estricto, elegante y con mucho ángel. 

Un flamenco, el de Milena, que tiene varias raíces pero una importante base en la Fundación Cristina Heeren en Sevilla, que le dio las herramientas necesarias para consolidarse como la joven bailaora que hoy en día le sube la vara al flamenco en nuestro país. 

En esta oportunidad trajo desde Canadá -donde estudia Antropología- a dos compañeros: Juanito Dorado en la guitarra y Álvaro Echánove en el cante. Bajo el rótulo de Flamenco Joven se han presentado en el teatro Nuna, Utópica, Magik y otros espacios.

Nos hemos dejado envolver con el tablao de música en vivo, el cante jondo [3], y ese diálogo entre bailaora y músicos al momento de establecer una propuesta que descarrila en cierres perfectos de guitarra y zapateo. Y en cada presentación  ha bastado verla en cuatro o cinco bailes para saborearla en presencia, braceo, técnica de líneas impecables, pero sobre todo en su destreza con los pies. Allí Milena es, sin duda, una Tormenta, tal cual ha sido bautizada en el ámbito flamenco. 

Lo más valioso, sin embargo, es el recorrido de esta joven artista que donde va baila, ejercita muchísimas horas, arma proyectos y se lanza a las tablas, sola, como debe ser para una bailaora que madura en su diálogo con el duende. Ese desafío de todo amante del arte gitano en la soledad frente al espejo, una soleá [4] levantando los brazos, jalando mentalmente todas las raíces y plantando el pie como un roble a cualquier piso que aguante la pasión. Eso nos  ha lanzado Milena estos días. Ha lanzado sus peinetas, patadas ingeniosas de remate y levante, quiebres arabescos y líneas de brazo que la hacen gigante en cualquier escenario. 

Para los que la seguimos desde pequeña, es la chiquilla, nuestra quilla [5], la “prima” a quien nunca hay que dejar de gritarle un olé, de servirle con las palmas y el jaleo, porque se lo merece y porque sabemos que si sigue así marcará huella en la historia del flamenco boliviano, y ya lo está haciendo. Basta ver sus talones plantándose en el piso al momento de armar viento a plan de palo seco [6]. Y eso, eso no lo hace cualquiera. 

 

[1] Seguiriya: uno de los palos de flamenco más antiguos, es un baile de velorio. Ceremonioso y pausado. 

[2] Palo: estilo de arte flamenco, ritmos, bailes. 

[3] Jondo: estilo vocal del flamenco, lleno de quejíos, cante profundo, intenso. 

[4] Soleá: soledad, en lenguaje flamenco. 

[5] Quilla: forma andaluza cariñosa  de referirse a las chicas.

[6] Palo seco: sin acompañamiento de guitarra.
 

 

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