CINE

Chatwin y Herzog Apuntes para una historia

La piel de un milodonte llevó al inglés Bruce Chatwin hasta la Patagonia. Luego escribió En la Patagonia. Werner Herzog filma ahora esa película. Lo que rodea a la historia es apasionante.
domingo, 27 de enero de 2019 · 00:13

Pablo Cingolani

Leí por ahí que, días atrás, Herzog estuvo en La Plata, Argentina, grabando imágenes para un documental sobre Bruce Chatwin. Las imágenes registradas fueron las de la piel de un milodonte, un perezoso gigante que se extinguió en la última glaciación. 

Un pedazo de piel de milodonte obsesionó a Chatwin desde niño. Su abuela lo conservaba en una vitrina de su casa, aunque a él le decían que era piel de brontosaurio. La reliquia fósil de la abuela se la había regalado un primo, Milward si mal no recuerdo, un navegante y aventurero que la había traído desde una cueva cercana a Puerto Natales, en el extremo sur de Chile. Los milodontes sólo vivieron por allí: en la Patagonia austral. 

Para el escritor inglés, ese trozo de piel antigua se transformó en un imán y en un fetiche. Fue tras él, tras su historia, una parte de la historia de su familia y todas las historias que pudiese encontrar (o inventar) en un viaje ya mítico que lo catapultó a la fama literaria y que se publicó como libro bajo el título de En la Patagonia.

No es la primera vez que Herzog cruzó coordenadas con Chatwin. Una de sus películas más acabadas, Cobra Verde, está basada en un libro de este inglés. En el libro que recoge la abundante y detallista correspondencia de Chatwin, éste cuenta el entusiasmo que le provocó el hecho de que Herzog quisiera hacer una película sobre su libro y también de su viaje al África hasta el lugar de rodaje, invitado por el alemán. 

Allí, el bueno de Bruce no cuajó: Herzog había instaurado su pequeño pero tenaz reino fílmico donde él, y nadie más, era el monarca absoluto. Además de sus legendarias peleas con Kinski, protagonista del filme, había montado un circo infernal con cientos de mujeres indígenas que eran tan belicosas en la realidad como en la cinta. 

Las imágenes de la piel del milodón o milodonte fueron tomadas en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Según la noticia, la presencia de Herzog fue muy reservada pero alguno de los paleontólogos lo reconoció y, de allí, trascendió su presencia. 

El museo platense guarda una triste memoria: allí fueron a parar muchos de los caciques indígenas derrotados por los militares argentinos en lo que se llamó “la conquista del desierto”, es decir, la ocupación armada de la Patagonia entera a finales del siglo XIX.

Uno de ellos fue Inacayal, quien  fue rebelde hasta el final. Se había negado a asumir la nacionalidad argentina –por lo cual, algunos otros caciques fueron liberados– para seguir defendiendo su identidad tehuelche. Incluso, antes de su dudosa muerte –no se sabe si se suicidó o lo asesinaron con veneno–, se había quitado la ropa que le obligaban a vestir. La historia de Inacayal bien podría ser otra película en manos de Herzog, pero esas historias, la historia indígena en general, son desconocidas u ocultadas o simplemente echadas al olvido en Argentina.

En La Plata, se filmaron escenas de otra película: Siete años en el Tíbet, la historia de un escalador alemán que se ve atrapado por los ingleses en el Himalaya cuando empieza la Segunda Guerra Mundial. Escapado de un campo de concentración de prisioneros, huye al Tíbet y se vuelve amigo del pequeño Dalái Lama.

 El escritor británico Bruce Chatwin.

Otro escalador, el italiano Reinhold Messner, el primer ser humano que escaló las “14 ocho miles” (las catorce cumbres más altas) de la Tierra sin oxígeno –recuerdo su publicidad de Rolex en la cima del Everest cuando yo era un joven caminante de montañas–, fue el que incitó a Herzog a hacer una película de escalada en la Patagonia, más precisamente en el tenebroso cerro Torre. La película se tituló Grito de piedra o algo así y amén de las imágenes inverosímiles de escalada en la cordillera andina, es un filme inconsistente, hasta aburrido.

Ahora, según las noticias, Herzog debe andar filmando de nuevo en la Patagonia, esta vez tras las huellas de su casi amigo Chatwin. Habrá que esperar el resultado. 

En la Patagonia es un libro raro, brillante, inclasificable. Decir que se trata de literatura de viajes es encasillarlo y reducirlo. Herzog ha hecho películas con la misma marca. 

A ver qué sale de este reencuentro entre dos de los más altos espíritus creativos que nos han conmovido. Supongo que Chatwin no se hubiera opuesto a que la BBC contrate a Herzog para darle vida audiovisual a la más celebrada de sus obras.