EL MAnGO DE OZ

Desde lejos yo regreso. Oración del falso conejo

El favorito a la distancia. De yapa, la oración del falso conejo
domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:13

Óscar Martínez

Una amiga que vivió mucho tiempo en una ciudad de Estados Unidos y que regresó para cumplir con la vida y mostrarles de primera mano a sus gringuitos retoños la tierra que le vio nacer, me contó que si hay algo que realmente extrañaba de La Paz en particular y de Bolivia en general, era obviamente la comida. Uno no se da cuenta de lo importante que es la comida nacional hasta que estás a miles de kilómetros de distancia, decía. Le dije que en honor a su regreso cocinemos lo que a ella se le antoje y que escoja el plato. Falso conejo, escogió sin dudar. 

¿Cuál será la historia del falso conejo? Una vez, una viejita que atendía en la recova del Mercado Rodríguez me dijo que la diferencia fundamental entre el falso conejo y el llamado bistec, es que este último invariablemente va con arroz y el primero con chuño o fideo. También dijo que el plato originalmente era conejo, pero que en la ciudad era medio difícil eso de criar conejos y para evitarse el trámite de estar liquidando a esos simpáticos roedores, le pusieron res.  Aunque luego también me dijo que durante una época muy lejana, aparentemente antes de la guerra, era un plato peruano, en origen, al que luego llamaron así en honor a un ciudadano de esa nacionalidad, bastante adepto a dar gato por liebre a los despistados transeúntes del centro de la ciudad. Ese sería también el origen del cuento del tío. Preguntando por todas partes, un amigo músico y adepto de la comida callejera me dijo literalmente: “en Cochabamba hubo un tiempo en el que un plato muy bien recibido por los ávidos consumidores era el plato de conejo. Pero tanta era la avidez, que eventualmente se les acababa a las caseras el conejo para preparar su famoso plato. Entonces, para no fallar a la clientela fiel que las seguía, preparaban el mismo plato pero ya con carne de res, llevando a denominarlo falso conejo”. No se sabe a ciencia cierta. Ya el año 2015 apareció un artículo muy bien escrito por Alan Castro en que sitúa al falso conejo en la antigüedad misma del idioma: el gato por liebre como clara referencia a las engañosas apariencias de lo que es pero no es y el conejo estirado de Castilla que luego se extendió en su consumo por diferentes latitudes de América. Aquí, entonces, persiste el gran misterio del falso conejo en la gastronomía nacional (al igual que el nombre del silpancho)

El asunto es que un pariente recién llegado después de 16 largos años de exilio voluntario –también en los Estados Unidos– urgió que lo primero que se le cocine, por piedad, sea un falso conejo bien picantito, con sarsa acompañada de locoto y quirquiña y con fideo menudito sabor de abuela.

No exagero si digo que se puso a lagrimear antes y después de comer. Me dijo que, a veces, cuando el antojo le ganaba e intentaba cocinar, le salía un desastre que sólo podía olvidar a medias con las famosas salteñas bolivianas de Arlington, Virginia, y que, según él mismo, parecían saice en marraqueta.

Dos veces puede ser casualidad. El año 2009 fui a Buenos Aires de visita a compatriotas emigrados por motivos de estudios y no tuvieron mejor idea que recibirme con la idea de hacer falso conejo. Otra vez la nostalgia de la patria en la comida. Nos dirigimos a Liniers, equivocamos el lugar y nos encontramos en una calle plagada de macumberos. El mercado de los bolis es al otro lado de la riel del tren, nos dijeron. Caminamos mucho rato sin ver nada parecido a alguna calle de La Paz o Cochabamba, hasta que, de repente, un lugar bastante parecido a la calle Gallardo, repleta de tiendas de abarrotes, chicharronerías y puestos de refrescos callejeros, se abrió ante nuestros ojos. Compramos chuño, ají amarillo en polvo pero lamentablemente no pudimos conseguir quirquiña por ningún lugar.

La preparación nocturna del falso conejo entre los compatriotas resultó en más divagaciones sobre el mentado origen del nombre del plato y de cómo se lo extraña. Salió bastante parecido para mi gusto, aunque la manía del locoto hace que uno sufra el doble las distancias cuando se encuentra fuera de Bolivia.

Entonces, el verdadero falso conejo no es una cuestión estadística, más bien pertenece a esas cosas íntimas del día a día, de los recuerdos que nos atan a las horas de almuerzo y los domingos en familia con música nacional de fondo. El misterioso plato, humilde y popular en la mesa de los bolivianos, pocas veces utilizado de forma festiva, no se resiente y sigue siendo el preferido de los que se van lejos y regresan de tiempo. Nunca apareció en las grandes listas de preferencia para ocupar un lugar en el podio de los platillos típicos nacionales, cosa que sale sobrando, porque como dice el dicho: de donde es tu más terrible antojo, de ahí es tu corazón.

Oración del falso conejo (para antes de comer)
Falso conejo que estás en los cielos
Bien apanada sea tu carne
Perdona a los que te hacen con arroz
Así como nosotros perdonamos a los que te sirven sin sarsa
No dejes que te hagan los cochalas
Y libranos del tistaphi
Amen, así sin acento.
Que se reciba la oración.
¡Buen provecho!
 

 

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