PATIPERRO

Concurso de presidentes

¿Y si medimos el grado de discapacidad social de nuestros presidentes? Se trata de una que no se experimenta ni por accidente ni por nacimiento; se adquiere poco a poco, fruto de jugar a ganar, perder y competir con los demás.
domingo, 10 de noviembre de 2019 · 00:13

Richard Mateos Burlando Fronteras

Ahora que vivimos en tiempos de campaña electoral permanente, independientemente de que se vote o no, les propongo un concurso que mida el grado de discapacidad social de nuestros presidentes.

Aclaro que entiendo por discapacidad social la incapacidad manifiesta que expresa una persona o un colectivo para ponerse en el lugar de la otra, de los otros. Dicha discapacidad social no se experimenta ni por accidente ni por nacimiento; se adquiere poco a poco, fruto de jugar a ganar, perder y competir con los demás.

Tenemos al Presidente del Estado Pluritesticular de Bolivia, Evo Morales Ayma, quien sin esperar a los resultados de las elecciones (no entro a valorar si hubo o no fraude) anuncia que ganó por mayoría absoluta y que, por tanto, no habrá segunda vuelta.

Que la máxima autoridad de un Estado diga eso sabiendo que su país está polarizado, ¿es un llamado a la calma o es azuzar el conflicto?

Parece lógico pensar que si calientas a tu oponente con declaraciones de ese estilo vas a encontrarte con movilizaciones y con sospechas de fraude. Pero lejos de arredrarse, el Presidente responde ante éstas aplaudiendo la resolución de sus bases sociales de cercar las ciudades que son bastión de la oposición. “Veremos si aguantan”, dice, demostrando con ello que para la política formal poder y empatía parecen incompatibles.

Dicho esto les presento al concurso de valoración del grado de discapacidad social a dos rivales dignos para competir con el presidente boliviano. Se trata del chileno Sebastián Piñera –de ideología antagónica a la de Evo Morales–, y del ecuatoriano Lenín Moreno, de ideología ambidiestra.

Ambos han respondido ante las movilizaciones masivas que alertan de las profundas desigualdades sociales que atraviesan sus países de la misma manera, con declaraciones incendiarias que acusan primero a los estudiantes y después al resto de ciudadanos de violentos y sacando a la Policía y al Ejército para que repriman sin contemplaciones dichas movilizaciones.

Con decenas de muertos en Chile, con otros tantos en Ecuador y con dos muertos en Bolivia, la competencia está reñida. (Si bien es cierto que por el momento el presidente boliviano no ha sacado a los milicos a la calle).

Y así como en Bolivia la gente trata de paliar la pobreza de algunas personas con discapacidad, que piden limosna en calles o micros, dándoles algunas monedas, así me gustaría que hubiera unas monedas de conciencia para lanzarles a los verdaderos discapacitados. Lanzarlas mientras se encuentran inaugurando canchas o arengando a sus acólitos en campaña electoral y prometiendo cosas imposibles.

¿Se lo imaginan? Unas monedas de la conciencia que, al tocarles o al caerles cerca, les muevan a acudir discretamente, sin cámaras, a los cementerios, con flores para adornar las tumbas de los manifestantes que murieron durante las protestas como señal de respeto y como petición de disculpas.