CONFESIONES

¡Oh!, el monumento La indignación por el soldado desconocido

La doble moral de nuestra sociedad selecciona sus espantos sin ver más allá de las formas. ¿Recuerda usted quiénes vivían debajo del Soldado Desconocido? ¿Expresó entonces su espanto?
domingo, 10 de noviembre de 2019 · 00:14

Ale Pau

 Enarbolando el respeto al patrimonio salieron los indignados, paladines de los memoriales paceños, a defender al Soldado Desconocido que fue el sujeto de una intervención de ciudadanos, colectivos, feministas autoconvocadas, además de Mujeres Creando el 30 de octubre. “¡Oh!, el monumento”, dijeron antes, durante  y  después de que se explicó que la intervención no dañó el ornato pues fue hecha sobre papel y anilina. 

Miles de personas pasan a diario por las avenidas Mariscal Santa Cruz y Camacho en el centro de La Paz. Si ocurrió en el pasado, hoy no se ve a nadie reparando sobre el significado de este monumento ni sobre la Guerra del Chaco, lo cual puede ser comprobado con un simple sondeo de opinión un día cualquiera al lado de esta representación de los luchadores anónimos que perecieron en ese conflicto bélico contra Paraguay entre 1932 y 1935.  ¿Sabrán acaso los transeúntes que el escultor del Soldado Desconocido fue Emiliano Luján?,   ¿o que él mismo fue combatiente en esa contienda?

La doble moral en Bolivia es una institución pacata que juzga todo aquello que se atreva hacer trastabillar el statu quo… Es jodida, le gusta joder y está normalizada, además es cómplice del silencio.

 El  monumento de Luján estuvo en el Obelisco hasta que fue trasladado al Cementerio General en 1979 y reemplazado por una escultura en honor a los Colorados de Bolivia, pero finalmente repuesto en el mismo lugar en la década del 2000. 

En algún momento, dentro de la base que soporta el monumento empezaron a refugiarse  niños y adolescentes en situación de calle para escapar del frío y del mundo ayudados por la clefa. No era un secreto para nadie.

Pero a esa  sociedad que hoy echa el grito al cielo al ver el monumento intervenido, no le parecía suficiente para echar ese mismo grito, saber que en ese lugar un grupo de niños se refugiaban ante frío, inhalando clefa. Imaginar que se ayude a menores en estas circunstancias es pecar de ingenua. Claro, eso es invisible, ellos son el problema de alguien más. Qué hipócritas somos.  

La intervención de los autoconvocados no dañó el monumento y tuvo el objetivo, según sus artífices, de interpelar, cuestionar el caudillismo y la “machocracia”, como dice María Galindo. “¿Quién nos salva?, nadie nos salva; ¿quién nos guía?, nadie nos guía”… “No nos maten por una silla”, “machos de nuevo, huevo carajo”. “Ni mesías delirante, ni caudillo idiotizante”, dijeron mientras rodeaban al Soldado Desconocido, que había permanecido invisible en pleno centro de la ciudad hasta ese momento, como permanecieron los lustras que moraban en el hueco de la base del monumento y nadie dijo "¡Oh!, los lustras".
 

 

 

 

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