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Las ventanas de la Casa de la democracia

domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:11

Texto y foto Daniel Altamirano Reyes

Estés llegando, estés saliendo, al pasar por la Terminal de Buses  no puedes evitar verla. Es una casa con una fachada llenita de ventanas. Unas rotas, otras sanas, como siguiendo un patrón binario: una sana, una rota, sana, rota, rota, sana, rota, rota, rota; casi todas rotas por el fuego que desde adentro las hizo estallar, chamuscando los marcos y las paredes, o por el impacto de piedras que las embistieron y atravesaron, dejando la casa desprotegida del tiempo cuyos embates entran y la invaden buscando apagar un fuego que se extinguió hace mucho.

Su nombre,  no intacto pero entero, resalta en letras, antes rojas, ahora naranjas, una palabra que ahora mismo retumba en nuestros oídos y en las calles. Es una palabra para reflexionar sobre las ruinas que dejamos y entre las que hoy caminamos.

 Pensar el pasado a partir de las ruinas lo hace revivir, y esta casa necesariamente nos traslada de tiempo y de espacio porque ha quedado marcada con la misma cicatriz que ese 12 de febrero de 2003 dejó a modo de preámbulo de uno de nuestros octubres más negros.

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