CONFESIONES

Seamos socios

Emociones hasta el llanto. Celebrar la vida de David Santalla y recorrer el país de su mano. ¡Cuánto nos cuesta ser amigos, caray!
domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:14

Lucía Camerati

Cuando era niña, al ver la película sobre el camionero y el niño pobre, entendí que podíamos ser socios entre cambas y collas, entre viejos y niños, entre la gente que opta por un negocio y aquellos que deambulamos por un trabajito.

Lindo sería que todos sepamos manejar un camión y crucemos el país, con lluvia y polvo, además de transportar amistad. Pero a cada quien le agarra su historia. Yo me subí a uno cuando había bloqueo en el campo y todos buscábamos desesperados algún transporte para movernos de un punto a otro. Y es en ese camión lleno donde me di cuenta de los demás viajeros; si eran novatos en el viaje, si estaban solos, si viajaban todo el tiempo, qué comían, qué no comían, si eran amables, si eran tímidos y secos, si estaban largados y tenían hambre, si eran o no eran fresas. Todos nos habíamos encontrado allí. Ahí nos convertimos, entonces, en la road movie latinoamericana por excelencia, donde más que realizaciones y selfies transportábamos nuestras amarguras.

Mi socio, la ópera prima de Paolo Agazzi, hoy en día es una película para llorar, para llorar doblemente, porque en ese camino que era nuestro destino los niños  sufrimos un accidente y allí acudió Don Vito para auxiliarnos. Y ahora que  Don Vito se nos va, los niños, Brillos todos, queremos ir a su lado para ayudarlo y abrazarlo. Volver a ver esta película bajo dos circunstancias, la salud de David Santalla y la salud del país, nos hace recuerdo con dolor que debemos ser socios nuevamente, entre pobres y ricos, porque todos viajamos por el mismo lugar, como conductores, como vecinos, como voceadores, de un bando y de otro, todos compartiendo un solo camión llamado país, hogar, y que no funciona sin el otro. En este camión cargamos, todos, nuestros kepis por las montañas como Don Vito, expandimos nuestros hogar y nuestros amores. El vecindario está donde comemos sajta, donde nos chupamos todos juntos, donde hacemos el amor, ahí en pleno campo abierto. Allí está la laguna para bañarnos, ahí nos roban los calzones, ahí cantamos las canciones de Savia Andina.

Se nos va Don Vito, se nos va la Salustiana, se nos va don Enredoncio. Se arma un homenaje en vida para decirle que lo queremos y para mandarle toda la energía del mundo. Pero, ¿no será el mejor homenaje volvernos socios de nuevo, ser el Vito, el Brillo y el camión, de nuevo, y cantar en el camino?  Recordemos que este año David ha hecho nuevamente todo el esfuerzo de recorrer el país, con el mismo cineasta, con el mismo camión, pero ya no con un niño, sino con alguien que ha crecido y cuya amistad será eterna.

Sé que cuando veamos la versión de Mi Socio 2.0 vamos a llorar amargamente, por don David Santalla y por ver nuestro país. ¡Cuánto nos cuesta ser amigos, caray!

 

Confidencial

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