DISEÑO Y COMUNICACIÓN VISUAL

Interacción y Diseño Digital

domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:08

Ernesto Montellano
Universidad Católica Boliviana

El siglo XX ha significado, en gran medida, una época que trajo formas de entretenimiento que nos han separado del concepto de interacción. Con la llegada del cine, la radio, la música grabada y la televisión, hemos aprendido e incorporado el concepto del contacto remoto. Afianzando y ampliando este concepto, llegaron los automóviles que nos permitieron transcurrir por lugares públicos, sin nunca decir hola a nadie y así comprendimos que las personas sentadas frente a sus sillones prefirieron ver la televisión antes que salir a socializar.

Con el advenimiento de Internet y el rápido crecimiento de la conectividad, se ha generado un nuevo concepto de interactividad, revalorizando y resignificando uno de los procesos psicológicos y comunicacionales más primitivos y antiguos de la humanidad. Así la gente hoy utiliza software y dispositivos digitales para hacer lo que normalmente hacía desde siempre: hablar, conformar grupos, generar impacto, administrar sus vidas, divertirse. 

Ya Tim Berners Lee, el creador de la world wide web, lo mencionaba: “La Web es más una creación social que una técnica”, (Weaving the Web, 2000), por lo que es un tanto contradictorio pensar que personas sentadas frente a un dispositivo, observando o acariciando una pantalla de forma individual, en realidad se sienten conectadas a una estructura social compleja, donde no solo los límites geográficos han sido rebasados, sino la manera en que encontramos, accedemos y validamos la información, esta forma de interacción nos lleva a pensar que nos encontramos frente a un nuevo constructo social.

El manejo de información por parte del “usuario” alcanza un gran impacto con los blogs, wikis y redes sociales, que han conformado un flujo de información más libre a través de la mensajería instantánea, los emails y las fuentes RSS. Tratando de dar sentido al fenómeno asociado con la apertura tecnológica, a finales del siglo 20 se creó el término Web 2.0. para dar soluciones a estas nuevas formas de comunicación, ahora a disposición de todas las personas; esto  ha permitido que los consumidores se conviertan en productores de información.

Hoy en día, todos los consumidores de aplicaciones, web y redes sociales contribuimos con nuestras acciones, de forma directa, a una enorme estructura de marketing que ha desplazado a las metodologías tradicionales del estudio de mercado, estadística y publicidad. Estamos en el mundo del marketing de contenidos, de la micro influencia, donde las comunicaciones son direccionadas a un nivel personal, al posicionamiento de ideas, productos y servicios, que se parece más al contagio consentido de un virus que a la abrupta invasión de mensajes en los medios masivos.

Los números de nuestras interacciones diarias en el mundo digital son asombrosas, “... en un minuto de Internet 900.000 personas se conectan a Facebook, millones de usuarios realizan búsquedas en Google, se envían 452.000 tuits, se reproducen 4,1 millones de horas de video en YouTube, se miran 70.000 horas de contenido de Netflix y se suben unas 46.200 fotos a Instagram”. (Big Data, Walter Sosa Escudero)

Rodeados por el frío abrazo de la tecnología, llenamos formularios e interactuamos con elementos de interfaz que reconocemos y comprendemos, presionamos botones afirmando constantemente “no soy un robot”. Nos frustramos tratando de imprimir un documento o cuando un programa repentinamente deja de funcionar, y aludimos a una circunstancia aleatoria estos pequeños problemas, ajenos del entendimiento profundo de los procesos detrás de lo evidente. Esta frialdad antipersonal se evidencia en la interacción que tenemos con las web y las aplicaciones que utilizamos. Pero también se hace presente en los productos digitales que utilizan plantillas predeterminadas, fotografías de stock, soluciones repetitivas y preconstruidas en múltiples escenarios, con mínimas variaciones, para abaratar costos de producción y sin tener en cuenta el contexto. Es en este punto crucial donde se ve la necesidad de una intervención académica al diseño digital y, como diría Arron Walter, “preservar el toque humano y mostrarnos a nosotros mismos a través del trabajo que realizamos, no es opcional. Es esencial”.

El enfoque del diseño digital hacia las nuevas tecnologías permitió abordar al diseño centrado en el usuario y generar experiencias que trascienden el tinte funcional y utilitario de las web y las aplicaciones, incluso sobrepasando la expectativa de la confianza en su funcionamiento y la básica necesidad de que puedan utilizarse de manera simple e intuitiva. Estas nuevas experiencias digitales tienen como base el desarrollo conceptual del diseño y se desprenden de las formas de comunicación y producción del diseño gráfico, constituyéndose en una nueva rama del diseño, desarrollando una nueva forma de pensar, un nuevo código y, por tanto, una nueva forma de interactuar y comunicar.

Las posibilidades de la revolución de los medios en Internet permiten que cualquier persona tome el rol de comunicador y productor de contenidos. La inmediatez de la difusión efímera de publicaciones en redes como Facebook, permite la toma de posición y la difusión masiva de noticias.

Al mismo tiempo, estas herramientas permiten un monitoreo en tiempo real de la efectividad de la información emitida y por tanto son herramientas poderosas para la comunicación, que han logrado transformar la publicidad tradicional y las estrategias de difusión. 

Pero ¿cómo puede una estrategia de comunicación sobrevivir ante el desborde de información y cómo se hace legítima una comunicación entre tanto rumor, falsedad y manipulación? Es en este punto que el diseño digital tiene un reto ético y se hace necesaria la intervención de la academia.

El diseño tiene la asombrosa capacidad de ordenar de manera visual y coherente la relación entre el mensaje, el emisor y el receptor. Esta característica es un arma de doble filo: por un lado puede ser utilizada con fines manipuladores y, por otra, contribuye a la legitimación de la comunicación y la planificación de estrategias digitales que inciden en la utilidad social (brand utility). Es importarte recordar que el diseño como disciplina tiene como herramienta la empatía y busca constantemente mejorar la calidad de vida del ser humano con la generación de hábitos y comportamientos positivos que apunten a una mejor sociedad.

 

 

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