CARTA A UN FÉNIX

Los imprescindibles

Si se sufre, entonces ¿las artes están por demás, estorban, distraen de lo realmente importante?
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:13

Mabel Franco

Lo primero que suele recortarse en un periódico cuando en la sociedad hay crisis, del tipo que sea, es la sección cultural. Los periodistas de dicha sección son puestos a cubrir otras áreas y así pasan sus horas hasta que la vida vuelve “a la normalidad”.

Directores y editores, y los propios compañeros de redacción, parecen pensar que es un desperdicio de tiempo y de papel hablar de artes mientras la gente está sufriendo.

Tal vez, y sólo tal vez, el resto del mundo sufriente piense lo mismo. “Ustedes cantando mientras nosotros estamos matándonos”, reclamó una señora que se tomó la molestia de llamar al Teatro Municipal de La Paz para manifestar su indignación porque las funciones de fines de octubre continuaban, pese a las marchas y bloqueos con que la gente expresaba su descontento luego de las elecciones nacionales.

Si se sufre, entonces ¿las artes están por demás, estorban, distraen de lo realmente importante?

La intrascendencia asoma como desafiante respuesta, como riesgosa alternativa que, ojalá y como parte de lo bueno que resulta de algunas crisis, los artistas tendrán que sopesar. Algo en su quehacer provoca reacciones como las de la señora, como las de los medios de comunicación. Algo conmina a las artes al papel de simple entretenimiento, por tanto, prescindible.

Sin embargo, que algo en ese quehacer es capaz de remontar cualquier pesimismo acerca de su pertinencia en la vida de las personas, ha sido expresado en estos días con claridad meridiana. A lo poco que se ha mantenido en cartelera, el público ha acudido con sed, casi con desesperación. 

Willy Claure y las cuecas cantadas en varios idiomas, Efecto Mandarina desgranando sus canciones en un tono cuasi ceremonial, Maracaracol Teatro abriendo una dimensión de ensueño con su Constelación de Alondra… Cada uno de estos creadores –y otros más que salieron a las calles a buscar a la gente- han aportado tanto como quienes discursan, bloquean y marchan. Y lo han hecho no desde la distracción, tan temida por los revolucionarios, sino desde la comunión entre diferentes que se descubren parte de un mismo universo.

Se puede gritar paz sin convocarla o se puede invocar paz. Este último ritual –el de la invocación- es dominio del arte. Y claro que hay artistas, ahora y en Bolivia, que por ello se hacen imprescindibles.
 

 

 

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