OLLA COMÚN

Carta del ChikiTiti al Puma

Hay una imagen que los paceños no olvidarán: 64 de sus queridos buses PumaKatari ardiendo en llamas, víctimas de aquel domingo de terror. El ChikiTiti, su hermano menor, le recuerda qué sucede cuándo un felino cae.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:13

Antonio Vásquez

Querido hermano:

¿Sabes? Pareciera ayer cuando hiciste tu primer viaje marítimo desde China hacia tu nuevo hogar, en septiembre de 2013. Ronroneábamos y maullábamos de felicidad al saber que los vecinos y vecinas de la ciudad de La Paz te adoptaban para verte crecer en sus calles.

Algunos pensarían que eso fue mero trámite, pero para conseguirlo tuviste que superar cientos de exámenes. Y es que no cualquier felino casero puede vivir en la ciudad del cielo. Tienes que tener ñeq’e, como dicen allí.

El viaje y la llegada a puertos chilenos solo te provocaron un poco de mareo y que vomites unas cuantas bolas de pelos, cosas de gatos. Todo eso se hizo más tolerable cuando cinco meses después de tu viaje miles de personas te brindaban una calurosa y cariñosa bienvenida en La Paz.

Un grupo de choferes intentó bloquear el paso de nuestros 61 hermanos para perjudicar tu festejo pero no lo lograron. Nuestros nuevos dueños, los vecinos, salieron a defenderte desde el primer día.

Felices por tenerte, la población paceña pidió adoptar tres  camadas más de Pumas. Esto provocó la confrontación con los choferes de minibuses privados con casi 20 bloqueos durante seis años, en la que siempre saliste ganador.  

Tu determinación hizo que los paceños también me adoptaran.  Llegué hace nueve meses atrás, para ayudarte a recorrer y llegar a calles a las que tú no puedes. Son mis ventajas por ser más pequeño, querido hermano, por favor no me gruñas ni intentes bufarme. 

¡Fueron días muy felices! Nos reencontramos, retozamos y celebramos nuestro encuentro. Nuestros dueños decidieron que todavía no saliera a las calles y repusiera energías hasta estrenar una nueva ruta hacia Pasankeri, en octubre pasado, cosa que no sucedió. En el tiempo que estuve esperando pude ver que te hiciste fuerte en estas alturas y demostraste que trepar por las empinadas cuestas paceñas no es nada fácil. 

Sin embargo, el 25 de agosto pasado tuviste que soportar en Achumani una de las agresiones más violentas hasta ese momento. Tres de nuestros hermanos fueron brutalmente apedreados y dañados. Con tristeza tuve que acicalar tus heridas, nada muy grave. En esa ocasión me enseñaste que uno tiene que ser firme ante estas situaciones y seguir adelante con la frente y la cola en alto. Pero nada en el mundo nos preparó para los horrores que vinieron después.

El mes pasado ocurrieron sucesos que quedarán para siempre en mi memoria. Primero, nuestros dueños protestaron porque les estaban robando las elecciones generales mediante un fraude electoral. Su indignación fue tal que hicieron que un tal Evo tuviera que escapar del país. 

Luego de muchos días de paro pensé que volverías a las calles, pero no fue así. Malas personas planeaban hacerte sufrir. Aterrorizado, la noche del 10 de noviembre vi en la televisión cómo grupos de delincuentes quemaban a 64 de nuestros hermanos. Lloré desconsoladamente al ver cómo ardían. La desesperación y la angustia me invadieron, esa noche tuve que dormir con el corazón destrozado.

No hay palabras para describir cómo te vi al día siguiente. Vecinos y vecinas lloraron por esta tragedia. Todos lloramos indignados, con un nudo en la garganta. Aquel hermano mayor que conocí, decidido, fuerte y feliz, fue dañado a tal punto que no quería salir nunca más de su resguardo ¿Cómo es posible que exista gente con tanta maldad en su interior? 

Para que volvieras a trepar por las colinas paceñas te llevé algunos juguetes míos y comida, pero con mucho dolor veía cómo te sumías en la depresión. Desesperado, veía que poco a poco moría aquella energía dentro de ti y yo ya no sabía qué hacer para levantar tu ánimo.

De repente, ocurrió algo maravilloso. Hace algunos días,  niños, niñas, jóvenes y adultos junto a sus familias se congregaron alrededor de tu guarida. Secaron tus lágrimas, limpiaron tus heridas y te dieron mucho amor, ese amor que necesitabas para volver a levantarte.

Entonces volví a ver en ti nacer esa chispa de alegría que te caracteriza y por eso ahora estoy decidido a rescatarte de tu tristeza y no dejarte caer de nuevo. A fin de cuentas, somos felinos y caemos de pie. 

Vienen conmigo 38 ChikiTitis y necesitamos que nos guíes por estas calles que tú tan bien conoces. 

Ahora esperamos agazapados para salir esta vez juntos para trepar y rugir en La Paz.

Se me quedó grabado en la memoria algo que dijo Luis Revilla, el impulsor de nuestras adopciones, sobre mí. “Con destreza, astucia y ternura, se constituirá en el acompañante ideal del PumaKatari” y es para eso que estaré siempre a tu lado.

Atentamente: tu hermanito ChikiTiti.

 


 

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