CRÍTICA

La quinta rueda del carro

El Premio Nacional de Teatro Raúl Salmón de la Barra 2019 fue para Los inútiles. ¿Por qué premiar una obra políticamente incorrecta? No será útil pero totalmente necesario.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:12

Paulina Oña y Julia Peredo

Somos los niños perdidos.
Somos el Proyecto Border.
Somos los inútiles.
Lo que vamos a contar ya ha sucedido y volverá a suceder.
Lo que están a punto de ver es un cover.
Lo que vamos a hacer es un plagio.
Una violación a los derechos de autor,
una violación a todos y cada uno de los mencionados en este acontecimiento escénico, 
una violación en todos los sentidos posibles
intelectuales, coreográficos, éticos y estéticos.
Una herejía*.

La versión 2019 del Concurso Nacional de Teatro Raúl Salmón de la Barra ha galardonado en la categoría de Mejor obra a Proyecto Border (La Paz) con el premio para su pieza Los Inútiles. ¿Por qué una obra así en este minuto de la historia? Tal vez porque la inutilidad se vuelve indispensable, en un momento en que lo cuantificable se toma la licencia de destrozar lo subjetivo.

Miércoles 4 de diciembre. Entramos a la función en el Teatro Municipal, caminamos casi charlando/casi en silencio, nos dirigimos hacia el escenario.

Sí, desde el escenario vamos en busca de los asientos y distinguimos tres figuras mirándonos desde la platea. Nos permitimos mirar/volver a mirar el Teatro, desde su entraña, su particular arquitectura: re-conocer el Alberto Saavedra Pérez.

Durante algo menos de una hora, Proyecto Border produce imágenes en movimiento/sonoridades pregrabadas y en vivo, en un escenario mirándose a sí mismo, produce capas de sentido para quienes asistimos al acontecimiento teatral y aceptamos sumergirnos (de manera inconsciente y a veces no tanto) dentro del laboratorio escénico propuesto en esta pieza. Un discurso claro, abierto, reflexivo, sensible y provocadoramente escarchado con glitter dorado, acerca de lo que significa ejercer las prác-ticas escénicas en nuestro contexto boliviano/sudamericano.

Esta obra no es de nadie, baby 

Para empezar, su autoría no está clara. 

Regla número cuatro: Desestabilizar 

los modos de producción hegemonizantes del arte contemporáneo*.

Esta condición para producir subjetividad, esta experiencia horizontal entre sus creadores dentro del proceso de montaje, se ejercita imaginando nuevos modos de producción.

Los inútiles como la quinta rueda del carro, de un carro que lleva consigo formas ya hechas, imágenes cerradas y perpetuadas, un carro que además carga horas de trabajo no pago y, al mismo tiempo, deseos de obtener (sin considerarlo un privilegio), un seguro de salud/una remuneración digna/un trato digno/un espacio para ejercer nuestro oficio con algo más que lo mínimo. Marginales que se exponen al aplauso, que no parecen, a los que se les reclama un ilusorio estado de privilegio.

Pero no es una tragedia contra un destino prefijado. Ser la quinta rueda es una elección, es parte de un inútil manifiesto. 

No seremos útiles, pero somos totalmente necesarios*. 

Los inútiles no comunican: transmiten. Traducen. Componen, no portan información, problematizan. De ahí su necesidad y su naturaleza. Lo importante está en el encuentro, en la experiencia. Ya no una mera cuestión técnica o genérica. Ya no un teatro “bonito” y políticamente correcto. Ya no una encarnación de historias ajenas. Los inútiles hablando de cosas (de) inútiles.

Un balbuceo de sensaciones instala intensas preguntas sobre el teatro al que estamos transicionando/el teatro que estamos invocando. Asistir al laboratorio escénico de cuerpos (cuerpos en potencia, en sus posibles des-configuraciones) propuesto por Proyecto Border, afirma la vida que el acontecimiento teatral trae consigo y proyecta la posibilidad de una comunicación abierta, una interpretación diversa, un encuentro con el otro desde la percepción propia. 

[*] Textos extraídos del libreto de la obra Los Inútiles de Proyecto Border (María Elena Filomeno, Bernardo Rosado y Juanqui Arévalo)
 

 

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