RETRATO

Sandrita, chunquituy

domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:10

 Isabel Mercado Heredia
 

Quiero dejar de lado las ingratitudes, las diferencias, los tiempos idos y perdidos para volver a ese momento, hace tantos años, cuando las horas no alcanzaban para ser vividas, cantadas, bailadas, reídas y lloradas.

Eras amiga del Kramer, y yo me colé en el cariño de ambos para encontrar pronto un espacio propio, una complicidad que se mantuvo por largos años en torno a una mesa, unos puchos, unos rones y diversos amigos comunes.

Eras una comunidad, y te gustaba ejercer esa condición. Reunir alrededor tuyo a quienes eran cercanos a ti de alguna forma: que si eran de la U, que si eran tus alumnos, que si el amigo de un amigo. Con cada uno tenías una clave íntima, personal, una clave que te hacía dueña de múltiples y especiales afectos.

Como en tu cumpleaños, el 25 de septiembre, cuando decidías abrir la puerta para que entraran quienes quisieran y “quien se acuerde”, lo que por supuesto significaba una verdadera verbena.

Como tu cartera, que encerraba un kit de supervivencia ante impensables circunstancias: desde bolsas de diverso tamaño perfectamente dobladas, hasta todo tipo de artilugios para insospechados fines.

O tus clases... Esas eran insuperables. Convertías cada taller en un adoctrinamiento de tus causas, que eran persistentemente las de las mujeres, pero siempre buscando sumar, repensar, transformar. 

Y nada como tu carcajada limpia y fuerte, tu sinceridad a prueba de fuego, ni esos chistes multilingües que contabas, ni la peculiar forma de rebautizar a tus amigos.

Recuerdo a tu mami, en el piso de arriba, con su cigarrito antes de que la acuestes, y tu preocupación de años por no salir de tu casa para no dejarla, lo que nunca fue óbice para la bohemia… Recuerdo tu buena mano, el asado a la lata, la cocina compartida en la que capitaneabas una y mil maravillas. No puedo contar las veces que vimos el día en la tertulia, jurándonos cariño eterno; las veces que tu casa sirvió de refugio a las penas y las cuitas; a las encendidas discusiones políticas e interminables historias personales.

Gracias por tu energía, por tu vida, por tu fuerza. Tu partida es solo otro más de los apuros a los que nos tienes acostumbrados, siempre llevas la delantera, esta no es la excepción. ¡¡¡Buen viaje!!!

Sandra Aliaga Bruch, teórica y comunicadora social.

 

39

Otras Noticias