Asuntos pendientes

Como manda la tradición, en el balance del año en materia de discapacidad, una escena y muchos sueños se repiten. ¿Adivinaron?
domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:06

Richard Mateos Burlando Fronteras

El calendario marca su tiempo y el fin de año impone sus tradiciones. Una de ellas es hacer balance del año, así que permítanme que les hable de cómo culmina éste en materia de discapacidad y de lo que creo son asuntos pendientes para el año venidero.

A mediados de año, el exministro de presidencia Juan Ramón Quintana comparece en la Defensoría del Pueblo para escuchar en boca de la recién estrenada Defensora las principales reivindicaciones del colectivo: licencias de conducir para personas con discapacidad auditiva y capacidad jurídica para personas con discapacidad mental y discapacidad intelectual.

La ceremonia adopta los tintes protocolares habituales: padres y madres de personas con discapacidad y dirigentes de asociaciones de personas con discapacidad que agradecen la especial sensibilidad del señor ministro y la Defensora del Pueblo que resume un informe que refleja las principales falencias del Estado: exclusión educativa, barreras comunicacionales, barreras arquitectónicas, trabas legales para el acceso a la salud y a otros servicios.

El exministro escucha y dice que Evo Morales tiene un sueño: convertir a Bolivia en ejemplo de inclusión de personas con discapacidad para Latinoamérica y crear una fábrica de prótesis y de accesorios de todo tipo para la autonomía personal de personas con discapacidad.

Ahora que el sueño se acaba y, ya que el poder cambia de manos, nos adentramos en otro sueño, me pregunto si esos cívicos que celebran el advenimiento de la democracia consideran que una sociedad que excluye sistemáticamente al diferente puede considerarse como tal, o si esto siquiera forma parte de sus agendas políticas. Me pregunto también si los mismos dirigentes que otrora rendían pleitesía a exministros y al expresidente seguirán rindiendo pleitesía y agradeciendo la especial sensibilidad de quienes gobiernen tras las elecciones. O si dichos dirigentes no serán sustituidos por otros que manifestaron oponerse al gobierno pasado, pero que manifestarán de nuevo pleitesía por los que vendrán a cambio de coches, de viviendas y de sedes sociales usurpadas a las asociaciones para el uso personal.

Estas y otras preguntas surcan mi mente, pero, como manda la tradición, también tengo una lista de deseos. Deseo que en estas fiestas se tiren menos petardos para no asustar a personas con diagnóstico de autismo, que tienen especial sensibilidad a los ruidos fuertes; que se profundice en el uso de la lengua de señas, que las personas con sordoceguera sean reconocidas y que se les proporcionen mediadores intérpretes que les describan el mundo. Que las puertas de los taxis, de los hospitales, de los buses, de los bancos y de todos los edificios de servicio público se abran con respeto ante la diferencia, que ningún niño y que ninguna niña con diversidad funcional permanezca encerrado en su casa por que sus familiares piensan que son un castigo divino o porque no tienen medios para cuidarlos. Que en las escuelas se mezclen niñas y niños sin que importe su condición, que dichas escuelas se llenen de libros en braille, que locos y locas salgan a la calle y que las calles sean una fiesta de personas en silla de ruedas que circulan sin barreras.
 

 

Otras Noticias