CONFESIONES

Requiere coraje seguir el viaje

Como Mentisán en el pecho, así fueron los conciertos de aquellos quijotes de la música que subieron al escenario a pesar de la tormenta
domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:05

Isabel Navia

En La Paz tenemos muchos traumas: el agua, la basura, los minibuses, los deslizamientos… En esta ciudad sucede de todo; es el nudo al que se viene a librar batallas, donde recibimos a las marchas que traen en sus abarcas cientos de años de olvido, donde palabras como “octubre” nos sacuden íntimamente.

En octubre de 2019 mucho y muy triste volvió a suceder. En medio de esa oscuridad, sin embargo, cosas buenas y necesarias también ocurrieron, cosas que muchos ignoramos, aturdidos por la incertidumbre. Poco antes de las elecciones del domingo 20, Gustavo Orihuela y su banda presentaron Terra, un disco precioso, ideal para recargarse de energía. Por entonces ya comenzaba a sentirse una cierta tensión en las calles y las conversaciones incluían discusiones sobre lo que se veía venir. Quise ir, pero me negué. La ansiedad y la preocupación se apoderaban de mi ánimo, no era momento para distracciones. 

Una semana antes, Grillo Villegas había presentado su decimonovena producción, La música debe elevarnos, inaugurando así una gira por varias ciudades que no llegó a concretarse. Otro músico, Willy Claure, uno de nuestros más queridos guitarristas, se presentó en el mismo escenario el 23 y 24 de octubre, cuando el paro nacional ya se había instalado, como reacción a las denuncias del fraude electoral. ¿Cuánta gente fue? Ya no importa, ahí estuvieron. Se dieron el gusto de que Willy les presentara su nuevo trabajo Más cuecas para no bailar. Yo, que digo que lo quiero tanto al Willy, interpuse una manifestación a mi presencia en el Municipal. Como muchos, no pensaba claramente en esos días.

Mientras tanto, Gonzalo Gómez y los GoGo Blues daban los últimos toques a este gran disco que conmemora sus 18 años de actividad, Vida, muerte & resurrección, confirmando las fechas de su gira que, como el Grillo, incluía varias ciudades del país. Todo se canceló. 

Durante esta turbulencia, muchas presentaciones fueron suspendidas. Artistas como Manuel Monroy, el Papirri, que iba a celebrar un importante aniversario de su carrera musical, la gala dedicada a Alfredo Domínguez, un festival de danza folklórica, la ópera Iltrovatore de Macondo Producciones que tenía invitada a una violinista internacional, se cancelaron, al igual que la Primera Gala Internacional de Ballet y el encuentro de artistas Megafest. Tampoco pudo llegar uno de los fundadores de The Cure, se suspendieron conciertos de Donato Espinoza, Alcohólika, el Festiblues y una actividad de la BiceBé.

Cada una de estas actuaciones ha sido el resultado (truncado) de meses y años de esfuerzo. Tiempo y dinero invertidos en espera muchas veces, de una sola presentación en la cual entregarse y darlo todo, pues el artista es, básicamente eso, un dador. Y entre aquello que nos da está la posibilidad de la reconciliación. Lo había olvidado.

Hace poco fui un concierto de GoGo Blues. Fue como recibir oxígeno, como untarse Mentisán en el pecho, como el ungüento de mamá en la rodilla raspada. Al Gómez le sale el amor por los poros, canta rasgando cada letra y la banda se entrega al público como si fuera la última vez. Fue sanador.

En estos últimos meses, que parecieron años, algunos olvidamos que tenemos el privilegio de contar con estos artesanos y creadores del arte. Ellos crean la cura para apaciguar la furia, su labor reúne belleza, rigor, esfuerzo y armonía, y de ellos podemos aprender, desde la paz, a ser mejores seres humanos. Como dice el Grillo, requiere coraje seguir el viaje. Con la música esto es posible.
 

 

 

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