CARNAVAL

El aleteo novelesco de la mariposa carnavalera

El origen de la novela, según Bajtín, está en los relatos polifónicos del carnaval. ¿Será?
domingo, 10 de marzo de 2019 · 00:09

Santiago Gutiérrez

Dicen que son inescrutables los caminos del Señor. ¿No les sorprende pensar que el aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo? ¿Quién diría que, cuando los israelíes tomaron el Sinaí, comenzaría un efecto dominó que culminaría en la hiperinflación boliviana? El mundo es tan impredecible como el clima paceño. Todo puede pasar. En esta línea, no sería tan aventurado decir, por ejemplo, que las novelas literarias existen, tal como las conocemos hoy, gracias al carnaval. (¿Kha?)

Sí, señor. Las novelas tienen su origen en el carnaval. Esta hipótesis, aunque suene rara, la planteó Mijail Bajtín en 1941. ¿Cuál es la idea? Que hace siglos hubo festividades populares, de carácter ritual, que, en resumen, ocurrían así:

• La gente podía entrar en contacto de forma libre y familiar. Sin jerarquías.

• La extravagancia y el deleite fluían para desatar los sentidos humanos.

•  La profanación de símbolos, códigos, figuras se efectuaba con naturalidad. 

•  La ausencia de autoridades reinaba en el ambiente.

•  La subversión de la realidad, a través de la risa y la parodia, brindaba una nueva visión del mundo.

A estos rituales antiguos, Bajtín los denominó con un término muy familiar para nosotros: Carnaval. No el mismo carnaval que conocemos, aunque parecido en muchos aspectos. Este carnaval habría influido sobremanera en el pensamiento. Y, claro, ¿cómo no influir? Si, en teoría, estas fiestas brindaban a la gente una filosofía distinta a la cotidiana. Dentro del microcosmos de ese carnaval, todos se diluían en una interacción que amplificaba  sus voces, haciéndolos capaces, a su vez, de escuchar a los demás. El foco, de pronto, era la exaltación de la vida misma, de sus riquezas, y de la experiencia. Se celebraba, a través de la burla, lo que se criticaba. Nada era verdad, todo estaba permitido.

Suena un poco a desmadre... ¿o no? ¡Qué va!… que Bajtín pensaba mucho en aquellos excesos. Pero ya volveré a eso.

Esta nueva cosmovisión, piensa Bajtín, se habría instalado en la cultura, en el lenguaje y en los literatos. Solo piensen en El Banquete de Platón. No fue una novela, pero marcó el precedente. En la obra, Sócrates asiste a una reunión en la que bebe mucho vino, y pues bien, de pronto todos están disertando sobre lo que es el amor. ¿Qué llama la atención aquí? Que cada uno brinda su propia opinión. Es un concierto de personajes. Casi una polifonía. Voilà el legado del carnaval a la literatura: la novela, donde se entremezclan personajes con voces distintas, donde se cuestiona lo que nos rodea, donde se representa la realidad a través de un simulacro, donde nos asombra lo que puede ocurrir allá afuera (o aquí adentro).

Esa es la hipótesis de Bajtín. ¿Será cierta? Puede que no. Como vimos, el carnaval y la novela se parecen un poco. Podríamos elaborar una analogía entre ellos: “El carnaval y la novela reúnen personajes pintorescos y parodian la realidad”. Pero pasar de eso a afirmar que existe causalidad entre uno y otro, eso es otra cosa. No existen pruebas definitivas de que tales celebraciones, tal carnaval, haya existido alguna vez.

Sin embargo, el carnaval, al igual que toda manifestación social, ejerce influencia sobre la cultura, el arte y, cómo no, la novela. Es más, lo que imaginaba Bajtín se asemeja a nuestro carnaval, e incluso a cualquier jolgorio del año. Veamos: 

• ¿La gente entra en contacto de forma libre y familiar? No siempre. En nuestras celebraciones hay jerarquías, prejuicios, e incluso elitismo. Aún así, debe reconocerse que se socializa más en estas circunstancias. La conversación se desinhibe y se elonga.

• ¿La extravagancia y el deleite fluyen en pos de los sentidos humanos? Sí. El Fernet es a Bolivia lo que a los griegos era el vino. En la fiesta, el hedonismo es ley.

• ¿Se profanan los símbolos, códigos, etc.? Sí, sí y sí. Nadie lo expresó tan bien como Rilda Paco cuando parodió a la Virgen del Socavón. Aún si ignoramos eso, debemos recordar que muchos profanan sus códigos morales en estas situaciones.

• ¿Ausencia de autoridades? Bueno, siempre existe una vigilancia que lo controla todo por debajo, aunque mucha gente pretenda que no sucede así.

• ¿Subvertir las cosas con la risa, y obtener así una visión distinta del mundo? Algunos hacen eso y otros no. Como dijeron los Ángeles del Infierno: “Hay quien bebe para olvidar; y también para celebrar. Hay quien llora para engañar y quien ríe por no llorar”.

Hay algo ontológico en las fiestas. Delicioso, y a la vez interesante. Es irrefutable que surten efecto en el pensamiento colectivo y en el lenguaje moderno. ¿Acaso ambas cosas no dejan huella en la escritura? El jolgorio es una inversión de lo cotidiano por algunas horas, pero esa inversión puede invitar a replantear lo cotidiano para siempre. ¿Acaso vamos a negar la influencia del jolgorio en autores tan dispares como Scott Fitzgerald, Hunter Thompson y Adolfo Cárdenas? 

¡Salud!
 

 

 

 

3
4