ZONA TRANS

Diccionario marica

domingo, 17 de marzo de 2019 · 00:10

Edgar Soliz Guzmán Movimiento Maricas Bolivia

Mujercito

El mujercito es el homosexual que renuncia a sus “privilegios de hombre”1  y por ello es más hombre –desde su disidencia genérica– que aquellos machos y fachos de la nauseabunda cultura machista. El ser mujercito fue una expresión natural de su sexualidad desde que era niño, porque era muy llorón, delicado y prefería las muñecas, porque le gustaba perderse en la pollera de la madre dando vueltas y vueltas y soñando con lo que sueñan todos los mujercitos a su edad: una muñeca inteligente capaz de hacer pipí, popó y decir mamá. 

Por entonces no sabía el rol que la sociedad había definido para él y, aunque le vestían de azulito y pantalones vaqueros, siempre le quedaba un mal sabor de boca observando su ropa y los encajes, los bordados y colores rosa en los vestidos de sus hermanas. Al parecer, la cofradía masculina de su familia estaba empecinada en hacer de él todo un hombrecito, por eso le llenaban de pelotas de fútbol, ametralladoras con miras láser, carritos a control remoto y todo tipo de chucherías que nunca despertaron su curiosidad.

La preocupación surgió cuando el niño no respondía; al contrario, renunciaba a todos esos privilegios masculinos que su propia familia había establecido entre los hombres y mujeres de su casa. La indignación colmó el rostro de su padre cuando lo descubrió vestido de niña y jugando con sus hermanas al Jacky show2, donde él era la presentadora del programa televisivo. Y justo cuando decía ¡fanfarreas para Estefy!, levantando la mano de su hermana, fue sacado violentamente de la habitación y golpeado sin piedad ante la mirada celosa y silenciosa de la madre. Nada pudo detener la brutalidad del padre que gritaba “¡acaso eres mujercita, carajo!”, “¡te voy a enseñar a jugar de verdad!”, “¡por qué no sales a la cancha como tu hermano!”. 

Cada golpe le dejó una cicatriz en el alma, pero no pudo doblegar su naturaleza; el mujercito nunca comprendió los motivos de su castigo, pero entendió que para ser mujer, mujercito como le decían, había que tener demasiado valor. Desde entonces la tiranía masculina gobernaba todos los espacios de su vida, “parecía ser que a fuerza de golpes los quisieran ‘hacer hombres’, hombres para la guerra, hombres para el dolor, hombres para la dominación, hombres para la dolencia”. 

Pero el mujercito siempre fue una voz disidente frente a ese machismo violento de la sociedad, y prefiere ese lugar que los prejuicios sociales le han reservado en  vez de entrar en ese círculo vicioso por el que los hombres gobiernan su propio y reducido imaginario trivial. Así es “el mujercito.”

[1] La sociedad patriarcal y machista que determina la supremacía masculina sobre la femenina en los diferentes espacios de la vida, laborales, políticos, religiosos, culturales, económicos, familiares, etc.

[2] Programa infantil televisivo de los años ochenta y noventa.

 

 

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