PIRUETA NEGRA

Mandala: un punto de fuga al centro de la danza

domingo, 17 de marzo de 2019 · 00:09

Camila Rocha Scardino

Como una noche negra cargada de incertidumbre, la danza atraviesa una curiosa proliferación de escuelas, institutos y academias evidentes en cientos de letreros de neón por la ciudad. Es duro decirlo. Es duro saber que la oferta comercial de la danza va dejando cada vez menos espacio para pensar el cuerpo como un instrumento de comunicación y reflexión para la sociedad. Es duro ver que resalta la oferta única, multiplicada por mil, de explotar al máximo los estereotipos de danza traídos de un mundo pop occidental hacia nuestra tierra fértil que inevitablemente los alimenta y hace crecer sin pensar siquiera si nos servirá de algo.  

“Es difícil sostener la barra para las pocas academias que alguna vez apostamos por la formación de personas que reflexionen sobre su entorno y vivan la libertad de expresión desde su cuerpo gracias a la danza”, dice Truddy Murillo, bailarina desde la cuna y directora de la escuela de danza Mandala en La Paz desde hace una década. 

Según los budistas, un mandala es un espacio donde descubrimos múltiples formas que confluyen hacia su mismo centro, evocando estados de calma y equilibrio. Observarlos crea una conexión directa entre las personas y la divinidad, y es un lugar de refugio y protección. Truddy apostó por abrir su escuela bajo este concepto, cuestionando las técnicas antiguas de ballet clásico que están basadas en objetivos rígidos y provocan una competencia cruel para la mente y el cuerpo de las bailarinas. Ella inició con tres estudiantes en la sala de su casa. Ahora, a través la apropiación del jazz dance y el ballet contemporáneo, nutre a decenas de estudiantes invitándoles a conectarse con sus centros íntimos y colectivos, cambiando la competitividad por creatividad y reflexión. La danza se convierte en un lugar de refugio y libertad.

“Chaplin, Frida, y Malala son obras que tienen sentidos y reflexiones para ellas mismas y para el público”, señala Truddy. En Chaplin, por ejemplo, hizo que todas las chicas se disfrazaran de Charles Chaplin, rompiendo con la clásica muestra de fin año donde los padres esperan ver princesas Disney. 

Gracias a sus colegas Genoveva Duarte, Camila Bruckner, Natalia De Cormis y Kenia Pinto, su esfuerzo se suma a movimientos importantes como #niunamenos. Así presentaron su obra Historias de la Dictadura –experiencias de mujeres bolivianas en la dictadura- que  nos invita a reconstruir nuestra memoria y la imagen de fortaleza y dignidad en la mujer.

Mandala es un punto de fuga hacia el centro potencial de la danza. Nace por la necesidad de Truddy de educar a personas libres que reflexionen sobre su sociedad y sus cuerpos. Entonces, bravo por los 10 años de este refugio para jóvenes que apuestan por la danza –esquivando los carteles de neón-.
 

 

 

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