CRONIQUITA

Amar en Bolivia como amó Violeta, nuestra ilustre chilena

domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:09

Cecilia Lanza Lobo

“¿Cuántas veces se ha enamorado?”, le pregunta el periodista. Ella muestra los dedos de una mano. “Cinco”, dice el entrevistador. “Cinco millones”, responde Violeta Parra.

Y cinco millones en un día. Porque ella amaba así, con los ojos, con la boca, con el alma y con la lengua. Comía y bebía al hombre amado. Bebía y cantaba al hombre amado. Así amó al suizo Gilbert Favre, ese “Gringo bandolero” bolivianizado porque sí. 

Con ese impulso llegó Violeta dos veces a Bolivia, a la peña Naira de Pepe Ballón, en busca de su amado Gilbert, apodado así, “Gringo bandolero”, por varias razones festivas, entre ellas su debilidad por las mujeres. Tanto lo amaba Violeta que hasta le propuso vivir con la mujer que fuese con tal de no perderlo. Pero no era cierto, sabemos. Su amado, que se había casado ya con la boliviana Indiana Reque Terán, sabía de memoria, tanto como Violeta, que sumergirse en esos mares lejos estaba de idilio celestial alguno. 

Porque Violeta y su torbellino no eran del cielo, sino de la tierra. Y aquí en la tierra las pasiones amorosas rara vez son celestiales. Por eso Violeta decidió terminar de morir. Y se mató. Y así como fueron cinco millones de amores, fueron también millones los dolores de su vida. La pobreza, la sobrevivencia, el padre amado a pesar de sus alcoholes, ese que le dejó la música y el amor y el dolor de su ausencia. Si algo le sobraba eran pasiones; dos matrimonios, una hija muerta pequeñita y una vida luchando por vivir cantando. Y amando.

Violeta se suicidó y Ángel, su hijo más que ninguno, recuerda aquello como un profundo acto de libertad. “Venía de vuelta y siempre había sido crítica y autocrítica. No soportaba la mediocridad del amor ni de la sociedad que se avecinaba. Se adelantó un siglo a su época”. 

Violeta se fue a los cielos escribió Ángel, su hijo, y el cineasta Andrés Wood le dedicó una película con el mismo nombre (2011). No sé si Violeta se fue a los cielos. Sólo sé que nos dejó  un par de himnos.  Volver a los 17  es suficiente.

“El amor es torbellino de pureza original, hasta el feroz animal susurra su dulce trino, detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros, el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño, y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero”. 

(Volver a los 17, Violeta Parra)
 

 

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