PATIPERRO

En memoria de Javier Romañach

domingo, 03 de marzo de 2019 · 00:09

Richard Mateos Burlando Fronteras

¿Han oído hablar del concepto de diversidad funcional?

Dicho concepto tiene dos patas. Diversidad es una de ellas y funcional es la otra. De la palabra diversidad el diccionario de la RAE dice que tiene dos significados que a mi entender se complementan: Variedad, desemejanza, diferencia; y/o abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas. De la otra pata, la de la palabra funcional, la RAE dice que tiene una amplísima gama de significados. El que aquí nos interesa es el que señala que la palabra funcional puede aludir a las funciones biológicas o psíquicas porque son dichas funciones o “disfunciones”  las que asociamos con la discapacidad. 

En el año 2001 surgió el movimiento de vida independiente en España. Desde su inicio los activistas plantearon que habría que borrar de los diccionarios, de los manuales médicos y del acervo popular la palabra discapacidad, y propusieron una alternativa.

A Javier Romañach –el autor al que dedico esta nota– y a Manuel Lobato se les atribuye la propuesta de que el concepto de diversidad funcional podría perfectamente sustituir al apelativo de discapacidad para referirse a personas que no utilizamos para funcionar dos manos, dos pies, dos ojos, o los parámetros cerebrales que se asocian a una persona dotada de racionalidad.

¿Por qué propusieron diversidad funcional?

Javier argumenta que cuando nacemos se nos impone unos patrones de homogeneidad que no existen porque ningún ser humano es igual a otro. Y añade que sin saber cómo, alguien niega la diversidad, que es una ley natural, o procede a definir dentro de esa diversidad cuál es la correcta y cuál es la incorrecta. Ello se hace mediante dos mecanismos esenciales: la inferiorización y cosificación del diferente; y luego la discriminación, el arrinconamiento en los márgenes de la sociedad del inferiorizado o cosificado.

Así ha ocurrido con las mujeres, con las personas no blancas, con quienes tienen una sexualidad diferente de la establecida y, por ende, con las personas con etiqueta de discapacidad. 

Javier murió el 13 de noviembre del pasado año, y créanme que ningún periódico español le hizo un obituario, ni le dedicó una editorial. Si eres genocida, explotador o político corrupto, la prensa te dedicará portadas y páginas enteras, pero no lo hará si la sociedad te cataloga como inferior por tus diferencias biológicas. Javier se fue pero nos dejó este poema:

“Oíd las voces tormentosas de quienes ya viajaron en el tiempo, 
de quienes ya vistieron los hábitos de la indignidad.

Escuchad al que no existió porque un día vosotros tampoco existiréis,
abrid vuestras mentes a quienes vieron otras cosas y vivieron otras vidas.

 No esperéis a que el viento del presente derrumbe vuestra futura dignidad,
es tiempo de respeto y de comprensión,
es tiempo de un nuevo rumbo,
virad el timón y orientad la proa,
desplegad las ve las de vuestra humanidad en un mundo nuevo,
un mundo pleno de diversidad y de libertad, 
un mundo impregnado de  dignidad,
un mundo en libertad”.
 

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