LA MALA EDUCACIÓN

Soy lo prohibido

El primer territorio soberano debiera ser el propio cuerpo. No es así. El cuerpo se vive con vergüenza y represión. La educación sexual queda así en manos de la pornografía. Mujeres Creando propone un manual para conocer nuestros propios recovecos.
domingo, 03 de marzo de 2019 · 00:13

María Galindo

La educación sexual en manos de la pornografía

La ley Avelino Siñani, que ha pretendido revolucionar la educación en Bolivia, no tiene una sola palabra que aluda o impulse la educación sexual. No se trata de un una simple omisión en medio de una cantidad de contenidos que de la educación se esperan y necesitan, sino de una mutilación propia de un sistema educativo sin cuerpo que es sólo el resultado de una democracia sin cuerpo, negadora del cuerpo, represora del cuerpo; un sistema político construido sobre la base de la represión y la vergüenza de lo que somos y sentimos. 

Tengo 54 años, estudié en un colegio privado y allí aprendí el aparato reproductor en la materia de biología, en un breve paréntesis entre la anatomía de la araña o el estómago de la vaca. Hoy la educación sexual, 40 años más tarde, ocupa el mismo vetusto lugar o ni siquiera existe. Es como si los procesos sociales dejaran el cuerpo fuera de la historia. Mientras el país entero puede corear y comprender, aunque sea demagógicamente la soberanía territorial, niega cotidianamente la soberanía de los cuerpos que son, de hecho, el primer territorio.

La editorial Santillana, que tiene en sus manos la edición de los textos escolares, tiene en su libro de biología para l@s estudiantes de prepromoción un capítulo de educación sexual de exactamente 16 páginas de extensión donde, por ejemplo, no se menciona ni una sola vez la palabra clítoris, pene, erección o placer. Su simplismo para la intensidad de sensaciones, estímulos y curiosidades que experimenta un cuerpo que atraviesa los cambios hormonales de los 15, 16 y 17 años deja la educación y exploración sexual en manos de la pornografía. En los colegios públicos es inexistente y en los religiosos directamente se entiende sexualidad como reproducción y virginidad. 

Estamos frente a un sistema educativo formal donde el cuerpo no existe en el relato. Lo que se impone como educación sexual son roles sexistas a través del uniforme escolar; las chicas tienen que seguir llevando mandiles y faldas hasta en invierno. Prohibiciones y vigilancias que se contrastan con formas de violencia machista cotidiana en las aulas de parte de profesores y compañeros de curso. 

Los medios de comunicación hacen lo suyo, pues las noticias de violencia sexual dentro de la familia, en grupos de amigos, de parte de curas pederastas, son pan de cada día, pero el análisis de dichas noticias no existe, el contexto tampoco. Imágenes y titulares crueles, sádicos y confusos atraviesan como agujas nuestra subjetividad; las tragamos junto a la sopa del almuerzo moldeando el campo de la sexualidad y el placer como un campo de batalla, de castigo, de poder, de humillación, de denigración ininterrumpida. Después nos preguntamos sin respuesta: ¿de dónde viene tanta violencia machista?

El sometimiento de los cuerpos y el sometimiento de la sociedad

Uno de los eslabones fundamentales de la violencia machista imparable en la sociedad boliviana no viene de la “baja autoestima de las mujeres”, o de la predisposición violenta incomprensible de los hombres; viene de la sexualidad. De la comprensión del sexo como acto de dominación, de la comprensión del sexo como acto de posesión, de la incapacidad de gestionar placer, de la incapacidad de hablar sobre placer en libertad. 

El ejemplo histórico más contundente sobre lo que representó la dominación de los cuerpos y la sexualidad en la dominación misma de la sociedad está en la doctrina católica desplegada en la etapa temprana del colonialismo más cruel. La Iglesia se dedicó a extirpar y convertir en pecado perverso todas las formas de sexualidad que encontraron en nuestros territorios. Prohibieron la desnudez, crearon catecismos de indios en idioma originario con sendos interrogatorios contra el sexo anal o formas de sexualidad no reproductiva, y se dedicaron a matar homosexuales, hermafroditas y todas las formas de sexualidad presentes que no encajaban en la visión judeo cristiana. El mito del brutal conservadurismo sexual en los llamados pueblos indígenas viene de ese proceso cruento que logró colocar el placer y el sexo en el orden del pecado. 

Un escribir colectivo y plebeyo

Hemos tardado como feministas mucho tiempo en comprender los laberintos del sexo, el placer y el amor. Y no queremos que las que vienen detrás tengan que transitar el mismo camino y repetir las mismas consignas. Las mujeres no podemos estar condenadas a partir siempre de cero; lo acumulado tiene que hacerse historia.

Soy lo prohibido. Manual para conocer tu cuerpo por ti misma, lo hemos escrito entre 13 autoras, editoras e ilustradoras. Nos hemos atrevido a producir el más contundente y revolucionario texto de educación sexual para chicas. Lo hemos concebido, además, como un objeto de arte en sí mismo. No lo hizo la universidad, no lo hizo el ministerio, no lo hicieron los intelectuales, lo hacemos nosotras. Puede que padres, iglesias, partidos, Gobierno o quien sea prohiba el libro, pero sabemos que llegará a las jóvenes justamente por ser lo prohibido.

El libro será presentado en el paraninfo de la UMSA el 8 de marzo a las 19:00. Comentan: Dra. María Eugenia Pareja, decana de Humanidades, y Carmen Almendras, vicecanciller.


 

 

 

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