MÚSICA

El Draco

Que se joda el dolor. Volvió para celebrar, él y nosotros
domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:14

Sergio Antezana

Robi Draco Rosa es una de las figuras más influyentes y polifacéticas de la música moderna en español. Fue parte de Menudo, ha actuado con Rubén Blades, Shakira, Juan Luis Guerra y Deep Purple, entre otros, y ha escrito canciones para Julio Iglesias, Ednita Nazario y varios de los hits de Ricky Martin. Es capaz de componer pop, rock o música folklórica latina y el 2018 lanzó dos discos, el primero en agosto por el 22 aniversario del Vagabundo, y el segundo en octubre, llamado Monte Sagrado, primer trabajo con nuevo material luego de nueve años. 

Vagabundo 22

El Vagabundo es su disco pivotal. Está considerado entre los 50 discos más importantes de la música latina de los pasados 50 años según la Billboard, ocupando este espacio junto a gente como Manzanero, Piazzolla o Café Tacvba. Para aquella generación que escuchaba el rock noventero gringo y que no tenía referentes en castellano, el Vagabundo es una piedra fundamental desde aquella vez que debutó la canción Madre Tierra en MTV Latino. Nunca habíamos escuchado nada así, era la primera canción que contenía la furia del rock noventero, pero que estaba completamente en español. Eso ya bastaría para ser memorable, pero el disco resultó ser mucho más que eso. El Vagabundo es un disco oscuro, envolvente, dinámico, cambiante. Es una persona.

El disco está diseñado para escucharse de inicio a fin; no tiene pausas y cuenta con pequeñas travesuras entre canciones que permiten el natural fluir de ritmos, guitarras acústicas y eléctricas, pianitos clásicos y trompetas, baterías desenfrenadas y poemas leídos por el propio Draco. En el disco hay un hombre lleno de heridas que dice “Él está condenado a morir por amar demasiado”, hay otro personaje perdido entre el ch’aki y la madrugada que dice: “los perros vomitan plástico azul… si en tu vértigo hay un maldito ruido… y en el palacio de fuego hay un extraño animal que se apodera de mí”. Hay otro hombre que, con el tono más autodestructivo del disco, nos seduce diciendo “guardo toneladas de poesía explosiva junto a mi cama y una pistola cargada de miedo bajo mi almohada”. Hay un sabor a dolor, a pena, a desequilibrio, a soledad, a una habitación vacía con un hombre acurrucado y  echado en el suelo. 

El disco termina con la desgarradora Amantes hasta el fin, que cierra todo el discurso diciendo: “amémonos sobre las tumbas en silencio como estatuas bajo el mar… No más lágrimas, no más dolor”. Grave. Esta nueva edición, Vagabundo 22, además de traer las esperadas remezclas que se estilan hoy en día de los discos clásicos, trae dos yapitas: resulta que el Draco graba todos los ensayos que se realizan para preparar los temas de un disco y en esta nueva edición incorporó Vértigo 22 y Madre Tierra 22, que son las versiones que ensayaron antes de grabar y que fueron luego cambiadas durante el proceso de producción. Vale mucho la pena escucharlas y así ver la manera en que la producción y el ensayo van modificando las canciones hasta llegar a ser algo totalmente diferente, aunque bajo la misma esencia. 

Monte Sagrado

No sé ustedes, pero rara vez las palabras “agradecido con la vida” van acompañadas de música que guste. Suenan a algo ñoño, a música religiosa o algo por el estilo. Es posible que no sea sólo yo, parece que admiramos más el desgarro que el equilibrio, quizá porque el equilibrio suena a algo estático. Parece que preferimos a los poetas malditos que a los benditos, quizá por eso existe el “Club de los 27” y no el “club de los artistas que encontraron la paz”. Pese a esto, ahí está el Draco diciendo estar agradecido con la vida y lleno de energía luego de haber sobrevivido a un diagnóstico de cáncer terminal y a dos trasplantes de médula. Este disco es eso: agradecimiento.

En ese mundo lleno de aristas en que vive el Draco, no se sabía qué esperar del nuevo disco: ¿sería pop?, ¿sería rock? Para alegría de los fans del Vagabundo, este disco es completamente rockero. Siento que tiene el mismo feeling que el Teatro del Absurdo (2007); hay mucho rock, hay una banda acompañando y siguiendo al Draco, hay mucha improvisación. Luego de una pequeña introducción, el disco inicia con la canción 333. El Draco ha dicho en entrevistas que cada uno busque el significado de ese número; según mi búsqueda hay una interpretación que habla del 333 como la trinidad católica, mientras que otras versiones dicen que se trata de la “oportunidad de conectarse con seres espirituales altamente evolucionados”. Parece que por ahí va el Draco porque el coro de la canción dice: “y yo te busco y tú me buscas”.

Sigue el disco con la enérgica Que se joda el dolor, una canción que habla muy claramente del paso de la enfermedad por su cuerpo. Continúa Dentro de ti, un tema que evoca a ese Draco innovador que no se somete a los géneros y puede hacer un tema con onda sesentera sin dejar de ser él. Da la impresión que la letra de este tema describe la transición que él ha tenido de la autodestrucción a la construcción: “alguien dentro de ti / grita una queja de amores rotos / abre pronto tu lindo pecho / y deja que pase yo / dentro de ti”. En este coro está el nuevo Draco diciéndole al otro que cambie, que sea otro, que deje entrar a alguien más. Él ha hablado mucho del cambio de mensaje que ha tenido y de cómo ha dejado ir cosas negativas en su vida para poder concentrar su energía en sanarse.

Monte sagrado, la canción que da nombre al disco, habla –según declaraciones del propio Draco– de esas montañas que tienen el rol de protegernos desde los tiempos de nuestros ancestros, pero también se refiere a su actual hogar, alejado de la ciudad de Los Ángeles y desde el que ha realizado su tratamiento  luego del cáncer en 2011. Tal ha sido su transformación que cambió totalmente su dieta, publicó un libro con las propiedades de varias plantas que lo ayudaron en su sanación y recientemente ha lanzado una marca propia de cannabis medicinal.

Otra canción con discurso desgarrador es Yo mismo, que nuevamente habla de esa dicotomía de personalidades que pelearon dentro del Draco para salir de donde estaba: “un día tu mano fría me tocó y me hizo daño rompiendo mis defensas y mis sueños/ vivir es duro cuando la muerte sueña con tenerte / Y yo soy sólo yo desde el bautismo, unas veces soy yo solo y otras yo mismo”. Otra canción importante del disco es The Thing I Done, con una onda Amy Winehouse que nos muestra nuevamente su versatilidad y su ánimo de seguir buscando nuevas formas estéticas para expresarse. El disco termina con En las horas más tristes y un pequeño regalo que no les voy a espoilear, así que busquen el disco en las plataformas de streaming y disfruten.

Posdata

Hay mucho que celebrar: el Draco está vivo, ha sacado un nuevo disco de rock, ha reeditado el Vagabundo, está feliz y cargado de ganas; tenemos Draco para rato. Quizá ya no sea ese nómada, loco, noctámbulo y soñador del Vagabundo, quizá no sea ese profeta de la autodestrucción, pero su transición hacia la estabilidad y el equilibrio no está cargada de discursos moralistas ni ñoñerías, sigue siendo una importante fuerza renovadora para la música en español, sigue hablando desde el desgarro, ahora el desgarro de cambiar la piel con casi 50 años encima. 
 

 

 

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