JUEGOS

De Shakespeare a George R. R. Martin: La historia a través de la ficción

Como humanidad seguimos atraídos por las mismas historias. Con giros que se adecúan a los avatares de la (pos) modernidad, las ficciones siguen siendo las mismas. ¿Por qué?
domingo, 14 de abril de 2019 · 00:14

Adrián Nieve

 La historia es más fascinante que la ficción, solo que es más complicada de contar. Tal vez por eso preferimos ver una serie o película histórica en lugar de ponernos a investigar. Supongo que tiene que ver con las pasiones y los tiempos. Ambas tienen que estar en sintonía y eso es lo que logró George R.R. Martin con su famosa saga Canción de Hielo y Fuego en la que está basada la serie Juego de Tronos (Game of Thrones) que ya se nos acaba. Martin, fanático de la historia inglesa, admitió que recurre a la Historia para darle verosimilitud a su fantasía, mezclando en sus personajes no una sino varias figuras históricas. 

Con razón no puede sacar el sexto libro, pese a que ya tiene escritas como 1,800 páginas. No es que al hombre le gusta escribir con detalle y mucho morbo sino que es una cuestión de amor por su historia, por la historia, por ver dónde incluye qué homenaje y cómo afecta la vida de una persona que fue real en la de un personaje que es ficticio. 

(A partir de este punto advierto  spoiler, tanto para la ficción de Martin, como para el evento histórico de la Guerra de la Rosas, conflicto que enfrentó a las familias Lancaster y York por el trono inglés.)

Tomen a Ned Stark, por ejemplo, personaje que Martin basó en la vida de Ricardo de York, con una pizca de la vida de Ricardo III, dándole la personalidad combinada de Francis Lovell y William Hastings. Díganme si no les suena conocido: Ricardo de York fue veterano de la Guerra de los 100 años, Protector del Reino durante la locura del rey Henry VI, tiempo en el cual entró en conflicto con Margaret de Anjou, esposa del rey. Ésta lo mandó a matar para luego poner su cabeza –con una corona de papel en son de burla– en la puerta de ciudad de York, destino reservado a los más bajos criminales. ¿A quién les suena esta Anjou de la casa Lancaster? Pues sí, a Cersei Lannister quien, tal como el personaje histórico, es descrita como una mujer arrogante y manipuladora, objeto de rumores de infidelidad y acusada de adúltera, madre de hijos bastardos. 

Anjou, como Cersei, era permisiva con las depravaciones de sus monstruosos hijos. Ambas repudiaban a la plebe y no les importaba lastimar al pueblo para salirse con la suya, pues tuvieron que defender el trono de sus hijos de las ambiciones de varios aspirantes. Pero Martin no se detuvo ahí y le puso a Cersei algo de Lucrecia Borgia, hija ilegítima de Rodrigo Borgia –el mentado Papa Alejandro VI–, a quien se acusó de adúltera e incestuosa. Pero Cercei también tiene algo de…

No. Ya sé. Ustedes quieren saber sobre Tyrion, ¿verdad? Pues él también recoge características de Ricardo III, las mismas que Martin le aplicó durante su tiempo como Mano del Rey, basándose en las reformas populares que Ricardo III aplicó para ayudar al pueblo, aunque ni así lograra popularidad. De hecho, el mismísimo Shakespeare lo retrató deforme, bajito y con joroba, pues lo consideraba ruin por haber hecho matar a sus sobrinos. Otra figura influyente en Tyrion aparece en el libro Los Reyes Malditos de Maurice Druon. Se trata de Enguerrand de Marigny, hombre de confianza de Felipe IV de Francia, un hombre eficiente, inteligente, sarcástico y poco popular, que propuso una ley para habilitar los juicios por combate. 

La misma Daenerys está basada en Henry Tudor, o Henry VII, quien llegó desde el exilio en Francia con un ejército extranjero y arrebató el poder a Ricardo III que, como fue mencionado, es la base histórica en la que se sustenta Ned Stark, también Tyrion, e incluso el mismo Stannis. Tudor establece la paz al casarse con su prima Elizabeth de York –un espejo de la unión romántica entre Daenerys y Jon Snow– y... bueno, como éstos, hay muchos datos más.

Pero, ¿por qué importa todo esto? Son datos interesantes, sí, pero lo que interesa son los Stark y los Lannister, no los Lancaster y los York. Es decir: más allá de que la Historia nos permite predecir lo que podría pasar en Juego de Tronos, también nos muestra cómo esta obra fantástica y entretenida está basada en lo mismo que sirvió para que Shakespeare creara obras muy populares en su tiempo. No, no hemos cambiado. Como humanidad seguimos atraídos por las mismas ficciones, quizá con giros que se adecúan a los avatares que nos ha traído la modernidad y la posmodernidad, pero siguen siendo las mismas ficciones. ¿Por qué? Quizás porque seguimos siendo unos desmemoriados de la Historia, y quizá la única forma de aprenderla es a través de la ficción. Porque es más interesante Tyrion Lannister que Ricardo III y es más divertido leer los cinco libros de Martin que toda la página de Wikipedia sobre la Guerra de las Rosas, y es  todavía más apasionante maratonear toda la serie para estar al día y entender mejor el capítulo de esta noche.

Pero creo que vale la pena rescatar un poco de las bases históricas porque lo necesitamos. Necesitamos tener memoria histórica, necesitamos ver más obras como Con las botas bien puestas u Otra vez Marcelo, o incluso Juego de Tronos, pero desde otra óptica. Verlas no sólo como una forma de entretenimiento sino también como un sencillo aprendizaje de lecciones que nos ha dejado la historia, lecciones que alguien se tomó la tarea de investigar y convertir en una cómoda y profunda ficción.

Canción de Hielo y Fuego nació cuando George R.R. Martin visitó la Muralla de Adrián y allí en la cima se le ocurrieron tres cosas. Primero imaginó a Tyrion orinando desde la cima de esa muralla que lo fascinaba. Luego pensó en los Caminantes Blancos chocándose contra un largo muro de hielo, tal como los bárbaros escoceses en esa muralla, enfrentándose contra los romanos. Y, finalmente, quiso escribir su propia versión de El Señor de los Anillos: quiso escribir una historia así de fantástica pero en sus propios términos, con su propio sentido de lo grotesco y más anclada en la realidad, con la crudeza de la era medieval. Y esta noche comienza el final de esa historia. 
 

 

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