Ojo al parche

CARTELERA: Crecer duele

domingo, 28 de abril de 2019 · 00:07

Adrián Nieve

¿Qué es lo que más recuerdas de tu infancia? ¿Y de tu adolescencia? Es común en el cine que las películas de esta etapa de la vida estén centradas en “los dolores de crecer”, en todas las dificultades por las que uno tiene que pasar para dejar de ser un tortuoso adolescente y así convertirse en un torturado adulto. Bueno, algo así. El caso es que es una época muy explotada por el cine y suele traer historias que no intentan abrumar los sentidos, estas historias más bien pegan en lo emocional, en que nos detengamos un segundo a mirar a un ser que la pasa peor –a veces mejor– de lo que nosotros la pasamos.

No es raro que nos olvidemos qué se siente vivir esa época, de pronto despertar un día con 20 años y haber olvidado qué se sentía tener 15, o despertar con 50 o 40 y olvidar los 30 o 20. Por eso quiero rescatar una película como Eighth grade (2018, Bo Burnham. Comedia, drama), una que se olvida de mirar una época con nostalgia y logra ponerte en los zapatos de una niña en su último año de primaria. Lo cual, de entrada, es un triunfo tremendo en estos tiempos más propensos a ir del más terco cinismo al más ciego optimismo de persona a persona. Incluso en un mismo ser, de edad en edad.

Eighth Grade es una película sobre cómo es ser tímido en los tiempos de Instagram, qué significa no tener respuestas para todos esos niños que crecieron con acceso al internet y que pueden encontrar tutoriales en YouTube para peinarse, maquillarse, despeinarse e incluso para comer una hamburguesa. Si el internet nos pone en el lugar de tener siempre todas las respuestas, crecer en esas posiciones ha de ser jodido. Y entenderlo, aún más. Porque si quienes lo viven no lo entienden, quienes somos más viejos que ellos, aún peor. No digo que el filme los comprenda, lo que digo es que el filme los comprehende. Los retrata casi a la perfección, nos los muestra en todas sus glorias y tristezas exteriores, y también nos lleva a la intimidad de su generación. Y no será trágico ni duro; no será terrible, pero vaya que es tremendo. Y al final de la película uno no puede dejar de admitirlo.    

Yo sé que hay mucha gente ahí afuera convencida de que solo su narrativa es la que vale la pena, que las historias que ellos cuentan son las “verdaderamente” buenas, o que lo que a ellos les gusta es lo único que importa; pero no, no es así. Y Burnham –el director– lo sabe y lo reconoce a tal punto que se vale de todo para sumergirnos en una experiencia. Su uso de la luz, el sonido, los movimientos de la cámara, todo converge para contar un historia –como solo hace el cine de verdad– y así darle la importancia que se merece. Hay temas grandes por detrás, pero no estamos aquí para explorarlos porque no importan. Si vamos a explorar la vida de una tímida niña obsesionada con ser viral, entonces vamos a hacerlo de verdad. 

Las películas de “crecer duele” suelen tener una fórmula tan masticada que ya podemos llamarla rumiación. Pero cuando una enternece con su trama, sobresale por las actuaciones y sorprende por sus recursos técnicos, es porque vale la pena. Eighth grade es muy linda película. Véanla. Y, ya entrados en ritmo y feeling, anímense a ver el resto de las películas que les propongo.

4 pelis y 1 anime en los que crecer duele de verdad

1THIS IS ENGLAND. 2006, Shane Meadows. Drama. Si vas a darle un giro a “crecer duele” que sea con skinheads (cabezas rapadas) y una historia tan honesta que se pone fea. La historia, ojo, porque la película es todo un triunfo, cuya escena final es difícil de olvidar.  

2HEATHERS. 1988, Michael Lehmann. Comedia negra. Imaginen una comedia romántica con giros a lo Game of Thrones. No, no hablo de dragones. Bueno, casi. Hablo de adolescentes crueles, patéticos, oscuros. Esta película es una sátira perfecta tanto de la sociedad como del “crecer duele”.

3THE SQUID AND THE WHALE. 2005, Noah Baumbach. Drama, comedia. Mal que mal, nuestro dolor nos define. Y eso es lo que le pasa a los niños de esta familia que se desmorona poco a poco. Un gran guión, bien dirigido y soberbiamente actuado. Una película intensamente dramática.

4ME, EARL AND THE DYING GIRL. 2015, Alfonso Gómez–Rejón. Comedia, drama. Hacer arte, tener amigos, conocer la muerte. Básicamente esa es la trama de esta tierna película. Un “crecer duele” que, casi literalmente, cuesta una vida.

5 FLCL. 2000–2001, Yoji Enokido. Comedia. De entrada todo parece raro y absurdo, pero si leemos entre líneas es mucho más que eso. Corto, accesible y lleno de contenido, este anime explora cómo crecer siendo honesto con uno mismo, sin perderse en la locura de un mundo que nadie entiende.    

4 pelis sobre crecimientos tardíos

1GARDEN STATE. 2004, Zach Braff. Comedia, drama. Una graciosa exploración sobre lo que significa no querer crecer y estar deprimido por eso. Esta es una película que se vende más por sus estupendos personajes que por su predecible historia. Muy linda.    
 

2CLERKS. 1994, Kevin Smith. Un día en la vida de un par de tipos desilusionados a los que vemos en un filme que casi parece un documental. Lleno de diálogos muy divertidos y personajes muy peculiares. Nada parece tener mucho sentido hasta el final. Como la vida misma.  
 

3THE BIG SICK. 2017, Michael Showalter. Muy poca comedia nos enfrenta con lo feo de la vida. Y esta comedia romántica sobre un hombre con problemas con el compromiso, sin embargo  decidido a comprometerse con una mujer con cáncer, es para morir de risa mientras piensas que tú también tienes los días contados.    
 

4HER. 2013, Spike Jonze. Drama, romance. En el amor uno puede crecer. Y ese amor puede venir de cualquier parte. Esta genialidad de película explora el crecer y el amor como pocas hacen, y encima propone un final temible, digno de un sci–fi filosófico. Altamente recomendable.   
 

 

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