MÚSICA

Fleetwood Mac: El embrujo del tiempo suspendido

domingo, 28 de abril de 2019 · 00:13

Mónica Machicao Pacheco

Dos matrimonios  rotos, una pareja en plena batalla y, para colmo, una fotografía de la legendaria Annie Leibotvitz, revelando una traición, en la tapa de la revista Rolling Stone. Lo que parece un drama capaz de romper espíritus y descarrilar vidas fue el caldo de cultivo de uno de los álbumes más trascendentales del rock, simple o paradójicamente porque la angustia, el rechazo, el amor, el despecho y el dolor descarnado produjeron maravillosas armonías asincopadas en unos individuos que, de alguna forma, sabían que en ellas había algo más grande que sí mismos. 

El 4 de febrero de 1977 yo acababa de cumplir 11 años. La banda del baterista disléxico Mick Fleetwood plantaba un hito en la historia de la música y en mi vida: Rumours. Sobre cómo se hizo uno de los discos más vendidos de la historia se ha escrito a raudales; los estudios de grabación fueron escenario de los rompimientos simultáneos y de un drama creativo sin precedentes.

****

La tecladista, compositora y cantante Christine McVie y su esposo John McVie, bajista de la banda, están en plena separación. Ella compone y canta para un nuevo amante You Make Loving Fun, it’s all I wanna do (tú haces del amar algo divertido, es todo lo que quiero hacer). John, como antes, se concentra en el bajo y parece no inmutarse. Aunque cuando la canción fue escrita, ambos confesaron acaloradas discusiones entre bastidores.

 Stevie Nicks y Lindsey Buckingham, quienes habían llegado al grupo un par de años antes, hacen aguas. Ambos escribieron canciones sobre la ruptura. En Rumours, Lindsey le canta a Stevie You Can Go Your Own Way (Puedes irte por tu propia senda) mientras Stevie hace los coros para luego replicar la indirecta en Dreams donde le habla de los sueños de soledad que le esperan tras perder lo que alguna vez tuvo y dejó ir para siempre. La magia se produce cuando al mismo tiempo la inconfundible guitarra de Lindsey entabla casi un diálogo rebelde con la melodía cantada. El intercambio continúa en Never Go Back Again (Nunca vuelvas atrás). Es el teatro del desamor hecho música.

 El líder de la banda, Mick Fleetwood, baterista y alma del grupo, sucumbe a los encantos de la eterna Gold Dust Woman, la de la voz ronca, inconfundible, que casi siempre armoniza en segunda voz. Stevie Nicks fue, es, y siempre será una hechicera. El matrimonio de Fleetwood se acababa y el romance secreto con la rubia de Phoenix solo se hizo evidente en la sesión fotográfica de Rolling Stone en la que los cinco comparten una cama y ninguno de ellos dos disimula el deseo.

**** 

Cuarenta y dos años después, quienes tenemos al disco como objeto de culto seguimos deleitándonos con las armonías a tres voces, el ritmo impredecible marcado por el bajo y la guitarra y el intercambio de mensajes en esta obra maestra. Porque toda esa mezcla en el escenario crea una magia que perdura hasta hoy.

 Confieso que me ha tomado tres vinilos, dos CDs, esas mismas cuatro décadas y un poco más para cumplir un sueño que se volvió obsesión cuando mis hijos, que apenas sabían caminar y menos hablar del todo, balbuceaban Don’t Stop Thinking About Tomorrow. Nunca se detuvieron. Cantamos a voz en cuello esta tonada a trío desde siempre y, como promete la canción, It Will Soon Be Here, el mañana es aquí, ahora, en medio de un gentío de abuelos octogenarios, hijos cincuentones y nietos millennials que vienen a reverenciar a un grupo de rock de leyenda que es el soundtrack de nuestra existencia. Estamos en Newark, Nueva Jersey, para ver a Fleetwood Mac.

Nicks entra en el escenario vestida de negro, claro. Ella había sido convertida en ícono hace pocas semanas, tras ser la única artista en ser introducida en el Rock and Roll Hall of Fame por segunda vez como reconocimiento a su carrera de solista (la banda entró en 1998).

 25 mil almas se elevan al empezar los acordes inconfundibles de The Chain, la composición que empezó Christine y que Lindsey ayudó a terminar junto al resto del grupo. La historia oficial es que la canción se llama The Chain, la cadena, porque se unieron los trozos de música de dos compositores. La verdad del título, no obstante, parece que está en la letra, en la que abiertamente se maldice al amor fracasado que te mantiene encadenado, corriendo entre sombras.

 Mick Fleetwood, con 71 años, emociona con la energía que descarga frente a la batería. Es incomparable. El pulso que le da a las composiciones de esta banda es su marca registrada. Y el solo de casi diez minutos, electrizante. Mientras tanto, en la pantalla pasan cinco décadas de fotografías y videos de sus hazañas con las baquetas.

 Lindsey Buckingham no está en la banda. Fue despedido a principios de 2018 tras negarse a participar en este tour y, supuestamente, por hacerle muecas a Stevie durante el discurso de aceptación de su incorporación al Salón de la Fama en 2018.  En el lugar de Lindsey está Neil Finn, ex Crowded House, que cumple con el rol con gran eficiencia. Otra adhesión es Mike Campbell, guitarrista y compositor, uno de los Heartbreakers de Tom Petty, a quien en el concierto se le rinde un especial homenaje con Free Fallin. Stevie se emociona al punto de darle la espalda al público, visiblemente conmovida, para cantar mirando la pantalla gigante donde se proyectan fotografías de Petty cuyo lugar está vacío desde 2017. Así, la banda y nosotros enfrentamos el paso del tiempo.

 Campbell toma la guitarra y Stevie empieza a cantar Landslide y nos acuna. “But time makes you bolder. Even children get older. And I'm gettin' older, too” (Pero el tiempo te hace audaz, hasta los hijos envejecen y yo envejezco también). Y parece que todos aquí han respondido la pregunta que plantea la canción Can I handle the seasons of my life?  (¿Puedo manejar las etapas de mi vida?) A pesar de bailar con menos energía, la audiencia que abarrota el Prudential Center parece haberse decidido a enfrentar las estaciones de la vida con el espíritu fresco. Y cuando Stevie nos pregunta “Can the child within my heart rise above?”, la respuesta es afirmativa: podemos reinventar nuestra niñez.

FOTO :JULIÁN RODRIGO MACHICAO

 Entre melodías, esta y otras verdades nos rozan la piel, nos sumergen en una empatía colectiva. Todos han experimentado el dolor de un corazón roto, de una traición, y la gloria de sentirse vivo, otra vez, con la ternura de un nuevo amor. La mayoría acude con los hijos que se hacen viejos, y más viejos nosotros, pero unidos por una pasión compartida que parece detener el reloj que marca los 50 años de carrera de Fleetwood Mac.  Es el embrujo del tiempo suspendido que continúa con la melodía de Rhiannon: ¿No quisieras amar siempre como la amaste? Porque eso es lo fundamental; amar, no importa a quién, pero amar.
 

 

57
4

Otras Noticias