CARTA A UN FÉNIX

Ellas sobre ellas

Este año, el Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz fue femenino. Sin proponérselo, sin curaduría, sólo porque la realidad interpela y porque la sensibilidad de las artistas se ha impuesto.
domingo, 12 de mayo de 2019 · 00:11

Mabel Franco

“No soy esa que pintaste”, le dice Carlota al retratista Blanes en la obra uruguaya Ella sobre ella –polémica, odiable o amable, sin intermedios-, recurso que la dramaturga y directora teatral Marianella Moreno utiliza para patear el tacho de la definición sobre mujer que se repite en la historia. Moreno, desde el desenfadado cuerpo de la actriz Mané Pérez, seduce al espectador para que éste emprenda un desconcertante camino hacia las no-definiciones, hacia la libertad de la literatura, del arte, a ver si así las versiones no autorizadas de la vida de la mujer dan paso a testimonios de carne caliente, de sangre hirviente.

Pero –ah, revelaciones de la vida femenina inasible- tampoco la literatura, el arte, son la panacea para avanzar en la comprensión de la realidad de ser mujer. Lo dice Bianca Shadow al hablar desde Yocasta con Sófocles y reclamarle el peso del destino contra el que, lo sostiene el griego, no se puede ir, como parece que “no se puede ir contra los caprichos del autor”. 

O como le planta Piti Campos desde Julieta a William: “Yo no quiero ser esposa. Pero luego sí quiero ser esposa, porque es la única manera de amar que me dejas en el juego… ¡Qué poca imaginación! ¿¡En qué cárcel nos has puesto!?”.

Este año, el Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz (Fitcruz) fue femenino. Sin proponérselo, sin curaduría, sólo porque la realidad interpela y porque la sensibilidad de las artistas se ha impuesto. 

Muchas de las obras han reflexionado sobre mujeres: desde la violencia que las cerca, desde la importancia de buscarse a sí mismas y de crear personajes a su imagen y semejanza: Princesas, del femenino Masticadero (Cbba.), Animales domésticos del femenino LATEscena (La Paz/Sucre), Ñaña de Claudia Tangoa (Perú), La tentación de soñar de Julia Vargas (Santa Cruz), etc. Ejemplos de obras, para de inmediato mencionar Cartas al autor, la propuesta de APAC –organizadora del festival- y que coordinó Claudia Eid, que permitió verbalizar –tomar conciencia- sobre el prototipo de la mujer que los autores clásicos han instalado en el imaginario social.

Vistas las obras, escuchadas las palabras –obra tras obra en breve lapso, tal el valor de un festival-, queda claro que no hay mujer, hay mujeres y el universo está lleno de distintas y múltiples: escondidas las más, en el teatro, tras la imagen forjada por hombres y, también, hay que decirlo y profundizarlo, muy presentes en las historias que los hombres están escribiendo hoy sobre ellos mismos. Ahí están, como para estudiarlo, Chancho, 155 y contando, La lechera, Respiro, el último pecado.

Esto último es esencial comprenderlo. No se trata de dividir el mundo en femenino y masculino. Se percibe que ellos y ellas, puestos en escena en inevitable interrelación, están buscando la dimensión que les identifique en su propia dignidad. Tal vez, sobre la base de lo visto en este Fitcruz, se pueda afirmar que ellas van algunos pasos adelante en esa misión, porque analizan lo que se dijo de ellas, salen al paso, se miran al espejo que las más de las veces las ha distorsionado, y pueden apartar la mirada y construir. En cambio, ellos están iniciando el camino y todavía les cuesta admitir que el héroe del espejo no es real. Como le espeta Alice Guimaraes a Strindberg, a partir de la Señorita Julia: “Tu verdadero héroe soy yo: Julia. Admítelo de una vez, querido August. Querías estar en Juan pero estás en mí. La nobleza y la dignidad representadas por una mujer. Juan es un perdedor y es él quien pone la navaja en mi mano. ¿O fuiste tú, August?”.
 

 

1
9

Otras Noticias