LA CALLE

El velero

domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:11

Ilustración de Diego López Koehnke

Fragmento de 
Imágenes paceñas, de Jaime Sáenz

 

El velero  es un hombre taciturno y silencioso, muy flaco y reservado.

 El velero es un hombre muy callado,  pues no habla castellano.

Y con furtivo paso rápido, toda la vida se la pasa caminando.

El ruido de las velas, pendientes en racimos de una larga, seca, y bien torneada vara que el velero lleva en la mano y con el brazo extendido a lo largo de su cuerpo, resuena quedamente al entrechocar aquéllas entre sí, imitando a ratos el murmullo del agua que discurre.

El velero es realmente un hombre muy callado: no habla castellano. Si por ventura articula dos palabras, lo hace en aymara.

Pasa el velero volando por el mundo, y se pierde sin mirar a nadie. Suele vérsele a la hora del crepúsculo, y quizá –aunque raramente– a la hor a del alba; a otra hora, nunca o casi nunca.

¿Qué hace el velero?

Vender velas es lo que menos hace. Vendiendo velas el velero ampara a las almas para quienes la oscuridad es como el pan.

Pues si bien es cierto que la sombra del velero se cierne sobre las moradas que carecen de alumbrado, no es menos cierto que los ancianos y los niños precisamente, lejos de alegrarse, se asustan con el velero; y sin embargo lo bendicen. Qué extraño es esto.

Del libro Imágenes paceñas, de Jaime Sáenz, 

Difusión, La Paz, 1979.  
 

 

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