RETRATO

Más bella que ninguna

domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:11

María Galindo

Roberta fue la protagonista de un viaje sexual alucinante, y no lo digo yo, me lo decía ella con esa ironía que caracteriza a quien explica lo que de antemano el interlocutor no está dispuesto a entender: “Yo he sido todo, hermana: travesti, transformista, gay y trans”. Todos lugares diferentes que ocupaste con pasión; tu mirada sobre el mundo era una síntesis complicada de haber sido “algo” para convertirte en “algo” distinto. Por eso criticaste hasta el agotamiento el simplismo del propio mundillo LGBT boliviano tan aficionado a la definición utilitaria y a la limosna institucional. Un mundo que ha hecho muchos esfuerzos por borrarte de su historia porque fuiste incómoda también para ell@s al punto que ni te invitaron a la promulgación de la Ley de Identidad de Género que habías escrito con tu vida y con tu cuerpo. 

Hijo primogénito rubio de una familia acomodada, te negaste a ocupar el lugar que te había sido asignado. ¿Quién puede entender un camino así? Tener privilegios y renunciar a ellos en nombre de lo innombrable.

Venciste sobre toda la hipocresía de la clase alta boliviana que ha depurado por décadas sus técnicas para tapar abortos, feminicidios, homosexualidades y violencias. Tú no te dejaste, hermana, fuiste más poderosa, más loca, más desobediente, más irreverente, más astuta, más desenfrenada de lo que se esperaban. No lograron cortajear tu cielo y abriste tus propias puertas en los muros de sus casas y, encima, siendo más bella y más elegante que la más elegante de “sus mujeres”. 

Nos vemos en el paraíso, espérame con un té, llegaré por el mismo camino y capaz con un corazón dinamitado como el tuyo. 
 

 

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