CRONIQUITA

Backstage con The Rookies

domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:13

Texto y foto Daniel Altamirano

La primera vez que los vi caminaba por la 20 de Octubre. No eran los típicos turistas de más de dos metros que andan en sandalias, poleras holgadas y pantalones capri o shorts de jean, no. Ellos imponían una moda. Desde los cabellos teñidos de rosa eléctrico sobre una base rubia, rastas cayendo y moviéndose sobre chaquetas de cuero, hasta buzos con características de pantalón. Era un grupo que llamaba la atención paseando por las calles con cierto beat al caminar.

Poco después descubriría que definitivamente turistas no eran. Ellos habían venido de gira, eran The Rookies, campeones mundiales de baile. Su ruta se desvió bastante de los escenarios que usualmente visitan, entre los que se encuentran Londres, New York, Boston, Dubái y París. Este desvío encuentra su explicación en la herencia de uno de los integrantes: Huáskar Alcón, que tiene ascendencia boliviana, y como Rookie llegó con todo el equipo trayendo una propuesta de baile tan diversa como el mismo grupo.

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Son las cuatro de la tarde del Sábado Santo. Es la primera vez que entro al Teatro Municipal por la puerta lateral, reservada a los artistas. Camino por lugares en los que no se piensa cuando se va al teatro como espectador, cuando te dejas cautivar por la puesta en escena porque todo ya ha sido armado para ti. Esta es la otra cara de esa puesta en escena y cuenta con otros tantos actos. Uno de éstos se produce en la sala de luces, donde encuentro a Huáskar. Entro justo cuando le está explicando al técnico por qué  el juego de luces que acompañará su presentación deberá ser dividido en dos y por qué el grupo no puede realizar 30 minutos de baile seguidos: la altura de nuestra ciudad abruma a todo aquel que osa visitarla desde una región más baja. Huáskar es un bailarín francés que tras haber formado parte de la escuela de baile Misfits Academy conformó junto a otros estudiantes el equipo The Rookies. Vino a La Paz con su hermano Amaru, quien se encargará de dirigir a los técnicos detrás del espectáculo. No puedo evitar notar el billete de 20 bolivianos que utiliza a modo de arete y el tatuaje en forma de salteña en su antebrazo izquierdo; dos modos en los que de alguna manera podría sentirse más cercano a esa herencia boliviana.

Mientras el técnico programa los strobes para una de las coreografías, Huáskar me cuenta sobre el origen del espectáculo que está a punto de presentar. Es un show concebido en una residencia donde el grupo se quedó por semanas y desde la que frecuentaban un teatro en el que toda la puesta en escena se armó a partir de una creación paralela: cada integrante del equipo bailaba diferente, a su manera, y el productor de música que los acompañaba producía la música al mismo tiempo que los bailarines sus pasos; así, era el baile el que generaba el ritmo que acompañaba las coreografías del grupo, y no como en el caso de otros géneros en los que los pasos suelen ser producto del ritmo de la música. Después, cada bailarín habla con el director artístico y establece un tema para ser apoyado por las luces en el momento de presentarse. Ahora, Huáskar, buscando reproducir aquella creación  en nuestro teatro, le pide al técnico un azul, un azul amarillado para representar el amanecer; entonces el escenario se va atenuando con contrastes negros hasta terminar en  un fade–out que culmina el acto, como culminaría un día. 

The Rookies compartirán el escenario con crews bolivianos que precisamente comienzan a llegar. Son los mejores de La Paz, dice Huáskar. Ellos enviaron videos y el grupo convocó a los mejores. Son siete los grupos que llegan y ensayan antes de la presentación. Huáskar les agradece su presencia y los invita a pasar a la sala de sonido para integrar su música. Pasamos a la sala de sonido y allí me habla de sus inicios como bailarín de hip hop. Dice que el gusto por el género le llegó cuando tenía apenas seis años, con la amistad de uno de los integrantes de su actual crew. Él no bailaba, pero el asunto lo cautivó hasta que, años más tarde, él y otros salieron a la calle a probar suerte bailando. Este “probar suerte” se diferencia muchísimo con el “probar suerte boliviano”. En un país como éste, la posibilidad de vivir del baile es mínima y esta es una de las razones por las que The Rookies hace esta gira por Latinoamérica. Los crews bolivianos aprenden en talleres organizados por The Rookies junto a escuelas de baile bolivianas; y The Rookies ve una forma de vida y de baile diferente, no tanto en la forma de bailar, sino en la forma de ser un bailarín en un ambiente que no da oportunidades.

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La música comienza, los grupos suben al escenario. Algunos mezclan música nacional folklórica con otros ritmos, la aceleran o desaceleran conforme su coreografía. Reconozco un salay que va mutando mientras tres bailarines saltan en el escenario. Esta mutación me hace ver otras alrededor. Después de todo, es la primera vez que el Teatro Municipal acoge un show puramente urbano. La música esta vez es diferente a la de los ballets clásicos, zarzuelas, tangos y hasta folklóricos que pisaron alguna vez este escenario. Las mallas y los vestidos ahora son chaquetas, poleras y buzos anchos; las zapatillas han perdido su punta reforzada y ahora son cañas altas que cubren los tobillos, y las elegantes tiaras o los sombreros de pluma ahora son gorras de visera ancha. Casi parece que la pintura que decora el interior del teatro es invadida por trazos de graffiti. Y entonces el ambiente se transforma, como se ha transformado otras veces para recibir un nuevo movimiento, “nuevo” sólo por la ausencia que este género sufre por ser “de la calle” pese a que La Paz,  si de algo trata, es  de la   “calle”. Como diría Huáskar: “el hip hop está creciendo como la vida” y quien no crece y cambia con ella, es simplemente un anticuado.

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Las luces se apagan y la música comienza, ahora en limpio. El show ya está armado y los espectadores sólo disfrutarán de su fluidez. Dos horas después de saltos acrobáticos y coreografías llenas de movimiento, además de las historias contadas por medio del baile, Huáskar nos despediría con lágrimas en los ojos y un agradecimiento a su herencia boliviana, que lo recibe con aplausos agradeciéndole la visita.
 

 

 

Confidencial

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