RETRATO

Del verbo volar

domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:10

Cecilia Lanza
Fotografía de Cecilia Fernández

Del verbo volar

Siempre quise escribir una novela con él como personaje. Una historia retro ambientada en los 80, algo nostálgica porque fueron los años felices, pero también llena de acción, por la misma razón. Y es que con él, con Marcelo, nada está quieto. Tampoco es un torbellino. Lo suyo es más bien lento pero seguro. Sus planes tienen plazos largos, miran lejos, parece un soñador que, sin embargo, cumple lo que alguna vez parecía imposible. 

No me animo a calcular su edad porque Marcelo no envejece, y si es así, lo hace como el vino. Está igual a como lo conocí en los años 80 cuando ya entonces exportaba a Alemania ropa en cuero boliviano, diseñada por él. Trabajaba con varios operarios y proveedores, organizaba desfiles de modelos en Cochabamba y La Paz para mostrar sus diseños y traía a los compradores alemanes para que vieran lo que se hacía en Bolivia. 

Pronto inauguró la primera escuela de modelos en el país con formación integral.  La Maison fue un intenso semillero de muchas cosas, y luego de más de tres décadas sigue allí y ha diversificado sus servicios. 

Ser ingeniero de vuelo del Lloyd Aéreo Boliviano era para él simplemente el aire necesario para recorrer el mundo y alimentarse de otras culturas y costumbres. De allí volvía con las maletas cargadas de aventuras, claro, y de nuevos aprendizajes y tendencias. Así aprendió maquillaje como ninguno, de modo que acompañó a los equipos de filmación de cuanta película boliviana y extranjera se rodó en el país. Y sigue haciéndolo. 

Pero además, desde aquellos lejanos y nostálgicos años, Marcelo era tan universal como campestre. Había comprado un terreno que cuidaba con la entrega y la delicadeza con la que ahora mismo  habla, moviendo sus hermosas manos de artista completo. Como soñador que era, hablaba de cultivar flores para exportar y de hacer un santuario de aves nativas en peligro de extinción. Ambas cosas las hizo y allí están, radiantes. Agroflori, el Parque de las Aves en Cochabamba, alberga más de 800 aves de 65 especies, es público y recibe permanentemente a niños de escuelas, colectivos, familias, voluntarios, y todo aquel que quiera aprender y colaborar. 

Han pasado tantos años y Marcelo no deja de volar. Con él hay que tener cuidado porque aquello que sueña, por más loco que parezca, lo hace.   
 

Marcelo Antezana es empresario de moda   y activista por la preservación de las aves.

Confidencial

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