MÚSICA

Luis Kuncar: la luz que se fue

Fue uno de los contados verdaderos rockers que dio el ambiente boliviano, uno de los activistas precursores del rock duro que vivió el fenómeno de manera intensa como la gran llama que, inevitablemente y de a poco, se tiene que apagar. Hasta que el Luchito se apagó.
domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:14

Marco Basualdo

Nacido en 1958 en Catavi, Potosí, Luis Kuncar se arrimó a la música y al arte desde niño. Incentivado por la consecuente labor de su madre, Mercedes, una vez radicados en La Paz apostó por la contracultura de aquella corriente que había nacido bajo el denominativo de rock & roll, con la programación de radio Chuquisaca, “la Chuqui” para los cuates.

Fútbol, dibujo, experimentos con artefactos electrónicos, mañanas de San Calixto y, sobre todo, tardes de música nutrieron sus días precoces, además de su gran pasión por la radio. Por ella viviría más adelante la persecución y censura en momentos del garcíamezismo, cuyos gendarmes fueron instruidos para cancelar la señal de "la Chuqui" e incluso la ruptura del material en vinilo de su enorme y riquísima discografía, restos que hasta hace algunos años Lucho aún guardaba en saquillos de harina. 

fotos pixabay y archivo del autor

Pero aquel asedio no pudo con el bicho del rock y su juramento de rebeldía que ya habían picado al melenudo y patilludo adolescente. Fue así que le llegó el turno de formar banda junto a Ismael Saavedra (bajista), Antonio “Vichi” Olivera (baterista) y Marcelo Palacios (guitarrista). Se autonombraron OM en pleno furor heavy con una propuesta muy local y muy esotérica, la cual produjo himnos como Estaño metal del diablo (tributada por el grupo Sabhatan en el disco Aruma), Círculo de cuadrados o Cochuna (reversionada por el Grillo Villegas en Huye el sol con el nombre Viaje a los Yungas).   

Aquel cassette grabado en los estudios del que fuera su templo de culto lo llevó a girar como músico por el país, a forjarse como un bohemio desvinculado de los paradigmas sociales y aspirar de esas corrientes espirituales que había traído la revolución hippie de fines de los sesenta y principios de los setenta. Sus influencias iniciales fueron Los Gatos argentinos, pero luego sucumbió con la pirotecnia de los Baker, Clapton y Bruce, el power–trío Cream, y así, para seguir investigando hasta descubrir genialidades más actuales como Vai y Satriani.

Pasado el fenómeno OM por la partida del místico Ismael hacia los Estados Unidos, Lucho formó parte de la primera alineación de Georgina Camacho y Lua Nova, que trajo como consecuencia la grabación del cassette El blues del pintor (1991) con algunas de sus composiciones incluidas, como El blues del pucho. Posteriormente también fue parte de la prolífica agrupación del croata Drago Dogan arribado al país a fines de los ochenta, con la que logró registrar un demo con los temas Mamá coca y Bolivia está de moda en la Drago Blues Band.

Fue un tipo de medios y la TV tampoco le fue esquiva. A mediados de los noventa produjo un programa en el canal universitario junto a algunos de los productores de la radio rebautizada como FM Contemporánea; se llamaba La Cumbre del rock, que emitía conciertos en vivo y sketchs protagonizados por los mismos conductores. Ellos mismos  darían vida al grupo Unión Contemporánea que incluía a Dante Silva (baterista), Óscar Álvarez (teclados) y Miguel Ángel Guzmán (cantante y guitarrista), además de Kuncar. Los Unión dieron vida a otro cassette con composiciones como Yerba multicolor, Macho man, Luz de luna y Ya pasarás, entre otros, que fueron presentados en noches de concierto organizados en el espacio cultural de la misma emisora, Notema.

Pero a fines de los noventa las cosas empezaron a marchar mal. La radio no emitía y la conducta explosiva de Lucho empezó a cobrarle sus multas. Entonces, como esa balsa salvadora que solía escuchar de los Nebbia y compañía, su familia decidió trasladarlo y trasladarse a la población de Coroico, donde continuaría con su labor de comunicador en un programa de radio y otro televisivo con fines de promoción turística. 

Su vida en ese paisaje bucólico le devolvió la sonrisa y la frescura de sus años con el pelo libre. Y encima, el 2016, su colega y hermano de toda la vida retornaba de Estados Unidos. Entonces se rearmó OM y juntos ofrecieron un par de espectaculares presentaciones para el rockerío nostálgico de esa propuesta llena de ruido e identidad. Al concluir con las fechas hubo un nuevo escape del músico de la bohemia hacia el verdoso paisaje yungueño donde vivió campante hasta que el pasado 26 de abril exhaló sus últimos gemidos de rock. Se fue Luchito. Y se fue parte de nuestra luz. 

  

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete. 

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día. 

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

45
10

Otras Noticias