PIRUETA NEGRA

Confrontar la vida con danza: el Tinkuy

domingo, 23 de junio de 2019 · 00:08

Camila Rocha Scardino

Energía. Dicen que la vida se origina de una sencilla mezcla: polvo de estrellas, agua y energía. Estamos hechos de eso que dio origen a todos los seres vivos en la tierra. Pero la complejidad llega pronto, y es la medida de cada parte en cocción dentro la mezcla, la medida en cantidad, intensidad, calidad de material, tiempo, esfuerzo y control. No debería sorprendernos que, en este choque primordial de condimentos, haya explosiones, fugas de gases, masas candentes, fuego, carnicería y horror. En resumen, violencia. Ese es el complemento de la vida; la muerte. El encuentro necesario entre mínimo dos, que en un choque de oposiciones finalmente serán complemento en la consumación de algo nuevo. 

María Peredo asentó su tesis de graduación de la Escuela Nacional de Teatro de Santa Cruz, sobre la cosmovisión dentro el rito del Tinkuy. En esta mostró un desarrollo conceptual para generar prácticas escénicas depositadas sólo en el cuerpo y el movimiento. Antes que actriz, María es bailarina. Cuando estudió Teatro, la fascinación por el movimiento y el estudio del cuerpo ya la habían anidado. Fue junto al Teatro de los Andes, más un grupo de la escuela, donde puso a prueba su tesis, pero ésta aborda el lenguaje de la danza por todas partes. Es el cuerpo el que habla, la palabra les fue suprimida a ambos grupos teatrales y así, los códigos gestuales y expresivos del movimiento fueron creando el acercamiento a las premisas propuestas por María, que explica “La cosmovisión andina comprende un cosmos dual, en el que todo se encuentra y enfrenta para producir un cambio”. El encuentro es el punto de partida para los actores, con el cuerpo, con la tierra, el espacio, el ritmo y el otro. De los principios elementales del Tinkuy, María toma el manejo del centro del cuerpo, el ritmo de la respiración en relación a los zapateos que usan la fuerza de gravedad hacia la tierra, y las elevaciones que suspenden el peso para luego revertir el golpe. Se suma la energía vital y festiva a la cual María define como energía del “trance”, y la energía “sexual y vital” necesaria para un estado de alerta: golpear, defenderse y regenerarse.

La tesis abre una mirada hacia la profundidad mística y conceptual que habita en esta danza ritual, y se traduce en “ideogramas” que son una especie de códigos gestuales creados por María: “el guerrero pájaro”, “anudar”, “peregrinaje” o “descenso” son algunos de ellos; posturas a lo largo del rito, donde el cuerpo cambia de estado, forma y compás. Y será la energía el centro de todo; un giro en la mirada para entender la violencia como complemento de origen a la vida. Y Peredo prueba que no habrá mejor lugar para entender este encuentro-lucha que el espacio del cuerpo en movimiento: una danza que se “encuentra y enfrenta para acceder al cambio”.
 

 

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