DISEÑO Y COMUNICACIÓN VISUAL

El cartel: impresiona, conmueve y emociona

domingo, 23 de junio de 2019 · 00:07

Pekka Loiri*

El diseño visual es una comunicación estética y es también un relato. Los diseñadores debemos saber qué relatar, a quién y cómo. Esto se aplica especialmente al diseño de carteles.

Ya se trate de un tema comercial o social, detrás de cada cartel siempre hay una historia que el diseñador nos relata con su propio lenguaje. Un cartel no es un manual de instrucciones de uso, un libro de oraciones ni un comunicado oficial. Un verdadero cartel tampoco es un compromiso, un dictamen de comisión ni el informe de un equipo de peritos. Es como un semáforo, que te detiene o te deja pasar. Siempre es analítico, aunque prefiera no parecerlo. Y nunca relata la historia como lo haría Shakespeare. Un buen cartel es atractivo, y si quiere puede ser elegante o brutal. Tiene su propio aroma, si es necesario huele mal, o dice galanterías y les chifla a las mujeres que pasan como un muchacho de la calle, pero también sabe gritar. Al relatar sus historias va soltando pistas, pero deja la solución abierta. Indica el rumbo, pero jamás lo verás con el índice alzado haciéndose el sabelotodo. Un buen cartel condensa lo esencial presentando su mensaje claramente sin ser soplón. En su lucha contra la injusticia es un impacto visual. Es refinado cuando nos invita al teatro o a la ópera, pero aún así sabe hacerse respetar para asegurarse de ser escuchado. No es fácil definir un buen cartel. Puede ubicarse en un lugar intermedio entre el arte y el diseño, pero siempre será mensaje y comunicación, y cuando se ve un buen cartel es fácil reconocerlo.

Cada cartel es un producto de su época. Aunque el diseño gráfico siempre ha sido un hijo de su tiempo, una buena imagen nunca envejece. Por eso el arte del cartel sigue gozando de buena salud, aunque ya se anunciaba su entierro cuando yo empecé a hacer carteles. Se le han vaticinado diversas causas de defunción como la publicidad televisiva, los nuevos sistemas de reproducción y transmisión de imágenes y muchas más, pero nada ha logrado doblegar el poder de un buen cartel. Las nuevas técnicas no han podido mejorar ni empeorar la comunicación visual. Sólo la han modificado. El diseño de carteles continúa siendo principalmente el arte de resumir, donde el resumen no es el fin sino el medio. La simplificación no puede permitir el menoscabo o la desaparición del contenido del cartel.

Un buen cartel siempre tiene dos vidas. La primera comienza con su publicación y difusión, cuando cumple su misión primaria de invitarnos a un concierto, precavernos contra las drogas o epidemias, combatir males como la violencia o la guerra, o simplemente vender cualquier cosa. La segunda vida empieza una vez extinguido su valor comunicador, cuando su valor visual, la belleza de su composición, su tipografía, etc. son cualidades por las cuales la gente decide colgarlo en la sala de su casa. Durante esa segunda vida los carteles son editados, encuadernados en libros para regocijo de las generaciones venideras y adquiridos para que los admiremos en las galerías y museos de arte.

[*] Pekka Loiri, reconocido diseñador finlandés, profesor en la Universidad de Arte y Diseño en Helsinki. Actualmente es presidente de la Trienal Internacional del Cartel en Lahti. Visitó Bolivia como jurado de la BICeBé en 2015. Este texto fue tomado del libro Designio, libro del diseñador rosarino Pablo Kunst, editado por el Centro de Diseño de Rosario en 2011.

 

 

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