VIAJES

Taypi Ayca: donde los sikuris alimentan a las Deidades

En lo alto de un cerro, rodeados del azul del cielo y el agua, la tierra tiembla. ¿Quiénes la hacen temblar? ¿A dónde nos llevan con esa magia ancestral?
domingo, 23 de junio de 2019 · 00:12

Texto y fotos David Aruquipa Pérez

Con la sabiduría ANCESTRAL caminamos al futuro, dice el afiche que me revoluciona los sentidos, una imagen de un sicuri de Taypi Ayca (lugar ubicado en el distrito de Italaque del municipio de Mocomoco), invitando a mirar su pueblo y a  sus ancestros, rodeados de un azul que  hace imaginar el cielo  de invierno,   despejado y brillante.  Debemos ir a este 5to Encuentro de Sikuris  de Taypi Ayca. Me contacto con Boris Bernal, a quien conozco hace mucho tiempo. Él,  joven investigador y  parte de la comunidad de Taypi Ayca, amablemente nos incorpora al grupo de visitantes que, tan deseosos como nosotros, se preparan para vivir esta experiencia.

Son las 2:00 a.m. El punto de encuentro, la plaza Riosinho. Estoy en compañía de Henry Stobart, Guillermo Pérez y mi guía espiritual Guido Montaño, cada quien con distintos deseos y expectativas. Son 230 kilómetros desde la ciudad de La Paz. Después de cuatro horas pasamos por el municipio de Achacachi.  El chofer nos anuncia la última parada.   Apresurados, compramos coca, cigarros, alcohol y otros elementos importantes para pedir permiso al territorio por nuestra presencia. Llegamos a las 6:00 a la comunidad de Taypi Ayca, donde el Centro de Bondad nos recibe. Escucho un llamado de tambor, trato de ver de dónde viene, pero la oscuridad y el frío no lo permiten.  

Los rayos del sol amenazan con salir pronto. Nos convocan para subir al Sitio Sagrado de Amaypatxa, el monte de los Mallkus (las deidades), también llamado el monte de los muertos, que  es donde se encuentran sus ancestros.  Ahí realizamos la ceremonia de despacho. La subida al cerro por rutas serpenteadas, caminando por pajonales cubiertos de escarcha, nos abre la posibilidad de ver maravillosos paisajes. Las llamadas de los bombos se hacen más seguidas, veo a los sicuris como en la foto del afiche, saliendo de sus casas con  ponchos verdes. Ellos   suben al cerro sagrado con mayor seguridad y rapidez que nosotros. Intento seguir sus pasos y llegamos a un mirador que se abre al  territorio de las sicus, con  cerros y el río Suches de fondo.  

 A medida que nos acercamos, vemos un complejo centro ceremonial con varias construcciones de piedra. Seguimos por  una ruta de ingreso empedrado hasta llegar a la plaza principal, donde hay una mesa de piedra. Vemos  construcciones y paredes desmoronadas que pudieron ser habitaciones o sitios con distintas funcionalidades rituales. La disposición es similar a los otros lugares sagrados; se encuentra a una altura solemne que nos  acerca al cielo y nos permite tener un dominio visual de todos los frentes de invocación.  

 Según los escritos de Boris Bernal y Nemecio Huanacu, este lugar tiene un centenar de chullpares, junto a lo que posiblemente fueron viviendas, y distintos lugares sagrados llamados wak’as o despachos, que son espacios donde se entregan y despachan las ofrendas para sus ancestros,   también llamados mallkus. Es un sitio dedicado al respeto y la conservación de la memoria de los difuntos y del linaje del ayllu. 

 Nos vamos a la ceremonia de ofrenda al Mallku Wakituma, a cargo de Alfonso y Dionicia, yatiris que ofrecerán las mesas dulces, una blanca y otra de colores, a los pies de esta monumental wak’a de piedra que parece tallada con dos coronas y, según comentan, representa la dualidad (Chacha Warmi), la reciprocidad y la complementariedad. Los participantes agregamos hojas de coca estimuladas con nuestro aliento, flores y dulces de distintas formas y significados:  el bienestar, la salud, el dinero, la estabilidad y la familia.  

La pareja de yatiris rompen nueces con los dientes para saber si su camino estará bendecido con la buena suerte o si hay que preocuparse. Las  abren una a una y los frutos enteros son colocados en la mesa. Después de la challa  inicia el fuego y el despacho al Achachila. Dicen que te escucha y te cumple todo si le pides de corazón. El amor también está presente, muchas parejas pedimos por nuestra estabilidad y buen futuro. El fuego consume las ofrendas, devora los alimentos, nos brinda calor y fuerza; es una ritualidad donde pareciera que la vida y la muerte coexisten armoniosamente. 

Los bombos y sicus inundan de música el lugar. Los “Sikuris Mallkus de Taypi Ayca–Italaque”, como guías y guardianes de este territorio, inician su ofrenda a las deidades. La música y danza se apoderan del lugar mientras los ancestros se alimentan. Ponchos verdes y rojos, bombos marcados por su identidad, nos invitan a bailar y embriagarnos con la solemnidad. 

Debemos bajar a la comunidad para prepararnos para el Festival de los Sikuris de Taypi Ayca – Italaque. Al llegar al pueblo, después de una ceremonia espiritual tan renovadora, vemos distintos grupos de sikuris diferenciados por vestimenta y colores. Son las distintas comunidades que se concentran en la explanada central acomodando sus bombos, uno encima del otro, como pirámides, mientras esperan el inicio del Festival. La vestimenta tradicional nos deslumbra con ese arte plumario de Suri o Pariguana, inundando el centro de la comunidad.  El acto central empieza, las  autoridades locales, invitados especiales y visitantes nos acomodamos para grabar en nuestros tímpanos la esencia de esta música. Conversamos y nos integramos a la comunidad, no queremos ser sólo espectadores sino entender el esfuerzo que hacen desde ahora al posicionar Taypi Ayca como centro de esta ceremonia ritual. Henry Stobart, conocido etnomusicólogo que realizó muchos trabajos sobre la música, especialmente en comunidades quechuas,  queda emocionado por el nivel de participación en el festival. Él cree que ver  hombres y mujeres jóvenes garantiza que este festival continúe  en el futuro. Las comunidades transmiten el orgullo de su cultura, y aunque intentan organizarse como una entrada, por turnos, la emoción les hace romper las reglas. En incontables oportunidades escuchamos  mezclas alucinantes entre cuatro o cinco grupos tocando al unísono. 

Los trajes,  mitad con ponchos y mitad con plumajes. Las mujeres danzan en círculos mientras la música acompaña las coreografías circulares y serpenteadas. La participación de mujeres en la tropa de sikuris aún es un tema pendiente, pues  aunque mujeres jóvenes urbanas están abriendo nuevos senderos en la música, la mayoría solo baila.

 La tierra tiembla con la música, la polvareda se alza bajo los pies danzantes; nos bañan de energía, nos remueven sentidos y alma. 
 

Ni todos los textos leídos se comparan a este momento, al sentimiento con el que soplan los sikus, la fuerza al golpear los bombos; todo nos alegra y nos invita a volver a visitar nuevamente a nuestros ancestros en esta mágica tierra. 
 

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