MÚSICA

De Piazzolla a Piazzolla El resurgimiento del tango

Adiós Nonino, Punta del Este y Libertango. Tres pretextos para remover las entrañas y recordar al gran músico argentino Ástor Piazzolla. Cuatro: Escalandrum, el sexteto de jazz, tango y folklore que lidera su nieto, Daniel Pipi Piazzolla, estará en La Paz el 4 de julio para interpretar Piazzolla plays Piazzolla.
domingo, 30 de junio de 2019 · 00:12

Víctor Pinto

El Tango estuvo a punto de morir. La aparición de los equipos de amplificación fue la causa. Los pianos de pared fueron sustituidos por parlantes y ya no había cabida para la música acústica; ya no hacía falta tener seis bandoneones para que se escucharan en un gran salón. Ante esta situación, el género se adaptó a la evolución mundial de la industria. Pero fue una música en particular la que hizo que el tango resurja: la música de Ástor Piazzolla. 

El tango resucitó con tal fuerza que el día que escuché el sonido de un bandoneón en todo su esplendor, entró en mi alma para siempre. Fue en Buenos Aires donde escuché a Fabio Hager interpretando Adiós Nonino, de Piazzolla. Hipnotizado por el sonido, el impacto del fuelle rezongón marcó mi búsqueda por estudiar a fondo tanto el instrumento como la audacia del compositor.

“Tengo una ilusión: que mi obra se escuche en el 2020. Y en el 3000 también. A veces estoy seguro, porque la música que hago es diferente. Porque en 1955 empezó a morir un tipo de tango para que naciera otro”, diría Ástor Piazzolla, quien se consideraba a sí mismo como un “autogenio” que luchaba contra los estereotipos y prejuicios establecidos en el género, que limitaban su capacidad evolutiva.

El violinista Hugo Varalis diría: “Es un bicho raro en ese ambiente… habla mitad inglés, un cuarto de castellano y otro cuarto de lunfardo. Además, y para colmo, había tocado con Gardel  pero hablaba de Bach”. Esa misma sensación tengo con la diferencia de que la obra de Ástor se desenvolvió no sólo en el género del tango sino en la música sinfónica e inclusive en el jazz. Esto por muchas razones: el arriesgado uso armónico poco convencional, las melodías virtuosas, la configuración de los instrumentos, la estructura de sus obras, los solos expertos, el contrapunto dinámico, etc. Por ende, se volvió repertorio recurrente en el mundo y sigue siendo  música fresca con sensación de estreno. 

El “gato” del bandoneón 

Piazzolla nació en Mar del Plata pero vivió la mayor parte de su infancia en Nueva York, en un barrio de italianos y judíos. No se interesó en la música sino cuando su padre, Vicente, le regaló un bandoneón al cumplir 8 años. En ese barrio neoyorkino  sacaría años más tarde la emblemática marcación 3–3–2 en la rítmica de sus obras. 

Una de las etapas más emblemáticas y poco conocidas de Piazzolla fue cuando en 1937 regresó a Argentina conformando diversas orquestas típicas y experimentando arreglos musicales, gracias a sus lecciones con Alberto Ginastera. Sin embargo, fue en la orquesta de Aníbal Troilo donde aprendería todos los recursos necesarios para su futuro “en la cancha” como diría él mismo.

Ástor era ambicioso y sabía que la música debía inventarse de nuevo. Ganó un concurso de composición llamado Fabien Sevitzky y gracias a ello, en 1954, se fue a París a estudiar composición con la maestra Nadia Boulanger quien le motivó a que hiciera la música que llevaba dentro. 

Tres

Quizá sea Adiós Nonino su pieza más emblemática. Aquel tango representó un momento crítico para el compositor. Era el año 1959 cuando falleció su padre. Ástor se encerró en casa donde su esposa Dedé y su cuñada Poupée escucharon en el silencio una  melodía hipnotizante que salía del cuarto. Era una obra que había compuesto en París en honor a su papá, “Nonino”. Era una melodía vivaz, enérgica y cortante que de pronto se detuvo y comenzó una melodía de clima cálido pero elegíaca. Años más tarde diría: “no sé si la voy a mejorar, creo que no”. 

Pero Piazzolla no sólo componía obras sueltas. Es el caso de la suite Punta del Este, muy popular por ser banda sonora de la película de Terry Gillian, 12 monos. Ástor se inspiró en un concierto en la capilla de la catedral decimonónica de Maldonado, en la ciudad de Punta del Este, donde en 1980 estrenó aquella pieza compuesta por tres movimientos para bandoneón y orquesta de cámara. 

Otra obra emocionalmente impactante es Libertango, compuesta en 1974, en Milán, como parte del disco del mismo nombre que contiene una serie de piezas instrumentales, “una especie de canto a la libertad”. Libertango tiene una melodía misteriosa y la energía va en aumento hasta reventar en una explosión de adrenalina. 

Escalandrum

Daniel Pipi Piazzolla, baterista nieto de Ástor, rompió nuevamente los esquemas de la música al innovar en el denominado “jazz argentino”. Con ello, en 2012 junto a su grupo Escalandrum, creado en 1999, se hizo con el Gardel de Oro, el premio más importante de la música Argentina. Logró también una nominación a los premios Grammy. El año 2015 obtuvo el premio Konex de Platino como mejor grupo de jazz de la década.

Daniel cuenta que –pese a ser nieto del gran Piazzolla– no encontraba grupos donde tocar, de manera que empezó su carrera con grupos de “segunda mano” y que aquella experiencia, sin embargo, le abrió las puertas a experimentar con diversos géneros musicales. Posteriormente, y a lo largo de su carrera, fue invitado a participar con grandes de la música como  Paquito D’Rivera, Aaron Goldberg, Chick Corea, Dave Samuels, Gary Burton, Lito Vitale, Raul Lavié, Susana Rinaldi, Pablo Ziegler y el  Sexteto Mayor, entre muchos otros.

El nombre del grupo, Escalandrum, surge de un tango compuesto por su abuelo, llamado Escualo (nombre de un tipo de pez –y los Piazzolla siembre iban de pesca–), una obra compleja en sus cambios rítmicos y su construcción concisa; el modo en que intecalan melódicamente el bandoneón y el violín nos muestra su riqueza musical. 

La música de Escalandrum es de aquellas que uno puede revisitar una y otra vez por su riqueza musical. El virtuosismo de Gustavo Musso en el saxo alto y soprano, la consistencia de Mariano Sivori con el contrabajo, el color de Martín Pantyrer y el clarinete bajo, la versatilidad y sutileza de Daniel Piazzolla en la batería, Damian Fogiel y un contrapunto imaginativo con el saxo tenor, conforman una química contagiosa. Y todo gracias a los espectaculares arreglos del pianista Nicolás Guershberg.

Un Piazzolla nos visita en la ciudad de La Paz. Sin duda es un evento histórico y festivo para nuestra música.
 

 

 

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