RETRATO

Tierra

domingo, 21 de julio de 2019 · 00:10

Clea Paz Rivera 
Fotografía de Cecilia Fernández

Entre los borrosos primeros recuerdos de la infancia está nuestra época en Pacajes en el altiplano boliviano, donde pasamos varios meses acompañando a mi madre en su trabajo de campo. Nosotros la pasábamos felices jugando con tierra al lado del río y aprendiendo a pastorear alpaquitas. Caminábamos un  montón;  kilómetros tratando de seguirle el paso a mi mamá, la Silvia Rivera. “Tenemos que partir mañana a primera hora”, nos dijo un día, y salimos de madrugada acompañados de un cumpa que cargaba la bicicleta y a mi hermano Kilko, que apenas despertaba. Al llegar al río comprendimos la premura de la partida; habían comenzado las lluvias y los ríos y arroyos habían crecido de un día para el otro. Cruzamos haciendo equilibrio por una tubería que pasaba por sobre el río, ella adelante, balanceándose, temeraria y valiente. Al llegar a La Paz los parientes la llenaban de reproches “¡Ay, pero cómo pues! Pobrecitos, ¡tantos meses en el frío del altiplano!”. De pronto, mi abuelo Cayo nos preguntaba “¿Y qué quieren de regalo de navidad?” ­  “¡Tierra!” respondíamos al unísono el Kilko y yo. 

Para nosotros esa era mi madre, la que nos llevaba al campo, con la que conocimos Perú, México y Colombia entre maestrías y exilios; la que pinta, la que teje, la profesora de la universidad que presta libros y se raja por sus alumnos; la que escribe libros, la que cocina de maravilla inventando platos en épocas austeras y de poca plata; la que nos enseñó a ver la vida y nuestro país con otra mirada. 

Después, mucho después, nos enteramos que había ganado premios, que había cursos enteros en universidades dedicados a estudiar su trabajo, y que era un referente del pensamiento social latinoamericano. Es difícil describir lo que es ser hija de un ser tan grande.

 

 

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