MUJER COTIDIANA

La Dignidad de las vacas

domingo, 11 de agosto de 2019 · 00:09

Cecilia Campos Villafane

El amor de serpiente      es un tema delicado, casi como el amor de cerdo. 

(Silencio/s)

— ¿Cerdo? Explícame por qué cerdo es una mala palabra.

— No, no puedo explicarte, porque me van a castigar, chaucito. 

— ¿Y vaca? ¿Es una mala palabra también?

— No, vaca no es una mala palabra.

— ¿Por qué? 

— Porque las vacas sirven, son mansas. En algunos lugares, a veces se intercambian vacas por dignidad. Depende del tamaño de la dignidad y del prestigio del cerdo. Pero decir cerdo es una mala palabra, en cambio decir vaca es redimidor, conciliador, casi un acto de paz. A veces la dignidad vale dos vacas, a veces solo una. Y a veces ni siquiera una oveja. 

— ¿Y las gallinas?

— Esas son asustadizas, se les parte el cuello en un dos por tres, casi no valen mucho, además hay hartas –hartas–. Un día van a organizar una revuelta, pero se les partirá el cuello a todas antes de poder gritar y terminarán picoteándose los ojos entre ellas.

Esta era una vaca de silencios, dicen. Tantos, que a veces parecía ausente. Tantos, que a veces parecía dócil. Tantos, que a veces dejaba que le hablen hasta estar borracha de palabras. Penelopeaba redención a veces. Y “si te toca llorar, mejor frente al mar” le decían, pero aquí ni eso, ni mar hay, ni charcos de agua, y lo único que tenía como paisaje al frente era el conveniente pastizal calmo, silencioso, y se lo comía, amargo, de a poco lo masticaba.

Nunca le pidas piedad a ningún cerdo, porque lo alimentas y engorda. 

Y nunca le tires la piedra porque te escupe un balazo. Con el cerdo hay que andar con calma, cuentan quienes saben.

— Dignidad. (Nombre femenino)– dice el diccionario.

 

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