Crítica

Mucho ruido, muchas nueces, pocas muelas

La Feria del Libro de La Paz es el evento literario y editorial más importante del país. Con 23 versiones en su haber, este año tuvo menos público y los mismos tropiezos. Hay que ponerse la pilas.
domingo, 18 de agosto de 2019 · 00:08

Willy Camacho

Imagino que, como todos los años, la Cámara del Libro dirá que en la FIL hubo más gente que en la gestión pasada. Y como dice Marcel Ramírez (Editorial 3600): a este paso, se tendrá que importar gente para que coincida con el número de visitantes. Pero lo cierto es que, desde la perspectiva de un feriante, este año hubo menos afluencia de gente. Aunque los días clave, el 6 de agosto y el último domingo, hacen creer algo distinto, en una feria que dura 11 días, lo ideal es tener un flujo regular de público.

La verdad es que hubo bastante promoción en medios masivos; de hecho, vi a representantes de la Cámara en varios canales y programas de televisión. Ahora, ¿será que esa es la promoción adecuada? Quizás hay que concentrar esfuerzos y presupuesto en los medios impresos, ya que, por mera lógica, la gente que consume periódicos es más proclive a comprar libros. En fin, seducir a los visitantes es algo complicado, y a veces ni con mucha publicidad se consigue buenos resultados.

Fuera de eso, hay que reconocer que la 24 FIL de La Paz tuvo invitados de lujo: Paco Ignacio Taibo II, Jorge Volpi, Diego Enrique Osorno y Guillermo Arriaga, por citar a los más renombrados. Me arriesgo a decir que esta versión de la FIL fue la que presentó la mejor cartelera de los últimos 10 años, y a eso hay que añadir que este año, por primera vez, las Jornadas de Literatura fueron organizadas por, precisamente, la Carrera de Literatura de la UMSA, y hubo una asistencia récord para este tipo de actividades académicas dentro de la Feria.

No obstante, en general la UMSA se aplazó, pues era la institución invitada en esta FIL y lo mínimo que podía hacer era motivar a los más de 70.000 estudiantes a que visiten el campo ferial; pero nada le hace competencia a la Entrada Universitaria, y en la UMSA el baile, al parecer, es más importante que la lectura.

Por otra parte, pese a tener tremendos invitados internacionales, estos prácticamente pasaron desapercibidos, con excepción de Osorno, que fue muy requerido, y Taibo, que selló un acuerdo con el vicepresidente García Linera (con lo cual quedó confirmado que el gobierno prefiere fomentar a editoriales extranjeras, aunque este tema sea harina de otro costal). Es de lamentar que la Cámara no haya diseñado un programa de actividades en el que se aprovechase mucho más la presencia de invitados tan destacados, a quienes será muy difícil volver a traer en los próximos años. Además, los problemas de organización de horarios y salas generaron cierto malestar y confusión, lo cual, a estas alturas, ya no debería ocurrir, pues hay 23 versiones de experiencia previa.

En comparación con la FIL 2018, ésta lució más fría pese al calor que prometía al inicio. Aun así, esta feria paceña sigue siendo el evento literario/editorial más importante del país. Hay que ponerse las pilas para que no se pierda ese estatus.
 

 

 

 

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