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Predicadores hay muchos. Pocos como don Max

domingo, 18 de agosto de 2019 · 00:06

Texto y foto Óscar Córdova Sánchez

René Poppe, José de Mesa, Teresa Gisbert, Guillermo Lora, Jorge Ovando Saenz y Víctor Hugo Viscarra son algunos de los escritores que visitaron frecuentemente el puesto de Maximiliano Tórrez Laguna, aquel hombre que lleva más de medio siglo vendiendo libros a todo lector  que frecuenta su puesto.

Paceño de nacimiento, cochabambino de corazón, Max (que así le gusta que le llamen) vino a este mundo el año 1942. Desde joven salía a comprar libros y venderlos, pero lo que lo  diferencia  de otros  vendedores de libros es que  él viajaba a diferentes lugares como Pucarani, Batallas, Vilaque, Kalamarka, Patacamaya y Pocota, en cuyas  ferias vendía sus libros, y lo hacía cada semana durante un tiempo.

Max es uno de los fundadores de la Asociación de Libreros Mariscal Andrés de Santa Cruz, creada el año 1963, y el último de esa generación  que se situaba en las extintas rejillas de la iglesia de San Francisco. 

“A veces me hacen renegar los clientes, quieren destrozar los libros. No es así, al libro se lo debe tratar con cariño y respeto”, menciona Max al referirse a sus libros. Obras como El Loco, de Arturo Borda, Historia del movimiento obrero en Bolivia, de Guillermo Lora, La verdadera historia de los incas, de Dick Ibarra Grasso, o El ingenuo continente americano, de Tristán Marof, son algunas de las reliquias que posee Max, quien   sugiere siempre a su clientela comprar libros nacionales. Lo  mejor es  hacerle una visita y pedirle alguna de las obras que están ocultas dentro del millar de libros que ocupan su puesto.

“Yo quiero que los jóvenes no se dediquen a perder la vista en otros vicios. Yo les puedo ayudar a que consigan los libros que están buscando”, sentencia Max, esperando ansioso el pedido de muchos jóvenes que reconstruyan la tradición de hace medio siglo en la Pérez Velasco.
 

 

 

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