MÚSICA

Negro y Blanco: el dúo

Cuenta la leyenda que Negro y Blanco es un dúo formado hace 20 años, pero en realidad fueron un cuarteto, luego un trío y finalmente un dúo. Este domingo 25 de agosto realizan un concierto en el Cine Teatro 6 de Agosto para celebrar dos décadas de buenos momentos.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:14

Sergio Antezana

El taller de la Cato

Según escuché o según recuerdo –que no es lo mismo, pero es igual– Mario Ramírez y Christian Benítez paseaban por las aulas de la Universidad Católica Boliviana de La Paz cuando se toparon con un taller de música dictado por nada más y nada menos que Álvaro Montenegro. Ahí surgió la pequeña chispa que cavaría hondo en las mentes de estos dos personajes. Ahí conocieron a otros jóvenes que también hacían música, componían, cantaban, y que –por supuesto – eran fans de Silvio Rodríguez: epicentro de la inspiración de Mario y Christian.

En ese taller interpretaron música de Silvio y conocieron lo que significaba pararse en un escenario, cantar, agarrar un micrófono, temblar ante un público… En fin, pasaron de las guitarreadas y las horas cívicas a los escenarios. Ambos tenían canciones propias que poco a poco presentaban a otros integrantes del taller, luego ellos también aparecían con sus composiciones, generando un ambiente sumamente creativo y juvenil. Es ahí donde primero formaron un cuarteto que se presentaba en las noches de talento de la Cato y cosas por el estilo.

Discolandia y el Píntame 

Pero el tiempo también pasaba y cada integrante debía decidir qué camino seguir. Así, salió un miembro y quedó el trío que es el que grabó el disco homónimo con el sello Discolandia (1997). Ahí está la famosa Píntame Bolivia, escuchada hasta el hartazgo en cada partido de la selección nacional, en cada 6 de Agosto, tocada por bandas militares lo mismo que por jóvenes guitarreando en un campamento. Un cuasi himno nacional de finales del siglo XX.

A Negro y Blanco se le abrieron así varias puertas, y es que habían grabado con un sello que tenía distribución nacional y contactos con radios en todo el país. Entonces surgió la inevitable despedida del tercer miembro. Una invitación para tocar fuera de La Paz sería la señal de que solo dos de los tres integrantes estaban dispuestos a dejar todo por la música. Ahí, en un pueblo lejos de casa, lejos de la Cato y de los cuates, asumieron un compromiso para dedicarse exclusivamente a la música y dejar todo lo avanzado hasta ese momento: dejar la tesis pendiente o dejar la pasantía, dejar la comodidad también. Soltar todo y largarse.

Píntame fue la punta de lanza de su carrera y es lógico. Píntame es una canción con todos los ingredientes para ser pegajosa y eterna. Es esperanzadora, es integradora, tiene un coro fácil de aprender, pero, por sobre todo, es adaptable: puede ser sobre Bolivia o sobre cualquier país. Es perfecta. Piense usted, por ejemplo, en la letra de Viva mi patria Bolivia y cambie Bolivia por Chile o por Alemania. Sigue siendo una gran canción, y eso es lo que tienen las canciones épicas, los himnos, las canciones que se aprenden los niños y los militares. Son canciones que apelan a lo más hondo del ser humano: su capacidad de soñar un mundo mejor. Cientos de músicos pueden criticar Píntame Bolivia, pero no creo que haya uno capaz de componer la canción que la reemplace cada 6 de Agosto, al menos no por un buen tiempo. Si en este país se pagaran regalías por la ejecución de obras musicales, Negro y Blanco podría vivir de ese cheque, pero lamentablemente no es así. Personalmente, me gustan mucho más otros temas que son menos conocidos y menos comerciales, pero sé que  su as bajo la manga es aquella canción que sacan cuando es necesario.

Bolivia y el mundo

Han tocado con algunos de los nombres más afamados en Bolivia: Elmer Hermosa, Gerardo Arias, Guisela Santa Cruz, el Papirri y el Grillo, entre muchos otros. También han pisado escenarios de varios países en Europa y en  nuestro continente. De paso, han hecho cientos, quizá ya miles de canciones. Esa es parte de la seriedad de hacer música: componer todo el tiempo, no sólo cuando se piensa grabar un disco o hacer una gira; componer sobre todo y sobre nada, sobre lo más banal y lo más profundo, componer como un atleta entrena: todos los días.

Mario y Christian siguieron su camino con mucho trabajo. Me animo a decir que son de las personas más trabajadoras que conozco en el “show bisnes” boliviano. Siempre tienen una agenda de medios actualizada, siempre cargan la guitarra por si les piden una canción en vivo, siempre andan planeando el nuevo proyecto, siempre ensayan a morir con sus invitados…. Entrega total.

Los conocí a ambos en un Festival de la Cultura de Sucre en el que varios cantautores tocábamos en Yotala. La plaza llena de colegiales, padres de familia, maestros y alguna que otra autoridad. No era precisamente el mismo público que un boliche nocturno de amigos como el Boca o el Mandala; yo, por ejemplo, no sabía qué tocar. Poco a poco subía uno y otro ante la mirada sorprendida, aburrida, impenetrable y distante de los niños, hasta que subieron ellos y armaron una fiesta con cuatro canciones. Ahí entendí la diferencia entre hacer canciones para uno y hacerlas para el otro. 

Negro y Blanco festeja 20 años desde aquel momento en que partieron de La Paz para buscar la música en las blancas paredes sucrenses, en los auditorios universitarios, en las plazas, en la gente, en el otro. Partieron con el pentagrama como sendero y guía, como brújula. Y todavía tienen muchas canciones por entregar. ¡Que se vengan 20 más!
 

 

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

15
3