CRONOQUITA

Una costurera para el cosplay

Lucir como cualquier personajes de manga, historieta, animé, película o videojuego favorito es tan simple como cortar y coser.
domingo, 25 de agosto de 2019 · 00:13

Alejandra Pau
Fotos Freddy Barragán

Más de 50 trajes del mundo cosplay (costume play) en su currículum hacen de ella la costurera que cada cliente luzca como el personaje de manga, historieta, animé, película o videojuego favorito. 

La necesidad y deseo de caracterizarse como sus personajes preferidos la llevó a ser una autodidacta de la costura a mano para luego materializar su indumentaria en la máquina de coser antigua de su abuela.

Michelle Durán tiene 22 años y es estudiante de psicología. Por estos días acaba de reemplazar su máquina de coser por una nueva que le permite hacer más rápido el trabajo que no le falta cada semana. En su pequeño taller en El Alto, rodeada de pelucas, maquillaje y motivos asiáticos, cuenta que hace algunos años decidió empezar a hacer cosplay, pero los trajes que quería se obtenían a pedido, tardaban mucho tiempo en llegar y eran muy costosos, y que las costureras tradicionales tienen muchos problemas para materializar este tipo de indumentaria. Así que decidió confeccionar uno para ella. Muchos cosplayers son también cosmakers: personas que confeccionan y fabrican sus propios trajes y para los demás, y Michelle no es la única en Bolivia.   

“El año  2011, cuando estaba en el colegio, vi un cartel que anunciaba un evento de animé y aparecía un chico con cosplay de Naruto. Cuando fui al evento vi a varias chicas con cosplays de Sailor Moon (…). Hasta ese momento yo no sabía de lo que se trataba el cosplay, pero no fue hasta un año después que empecé a tratar de hacer un traje para mí y fue de Bokusatsu Tenshi Dokuro Chan”, cuenta Michelle.

Ella no sabía de telas, de cortes ni nada que se le parezca, y hoy su especialidad es la costura en tela. El año 2014, y ya decidida a interiorizarse en el tema, ingresó al taller de Tomomi Tanaka, llamado Paxisol, quien  se encargaba de fabricar indumentaria asiática y de cosplay. Ahí aprendió las bases y se animó a tener un emprendimiento.  

A pesar  de sus detractores, hacer cosplay ha sido una tendencia en ascenso desde la década del 80. Si bien el surgimiento data de los 70 en los Comic Market que se realizan en Tokio, su antecedente más antiguo se remonta hasta 1939, cuando una pareja asistió a la primera versión del Worldcon (Convención Mundial de Ciencia Ficción) vestida de los protagonistas de la película Things to Come (1936), escrita por H.G. Wells. En aquel entonces ni siquiera existía el término cosplay. 

Una de las versiones más conocidas sostiene que el término cosplay fue creado por Nobuyuki Takahashi fundador de Studio Hard en 1984, durante la presentación del Worldcon en Los Ángeles (EEUU); unos 13 años antes de que Michelle naciera y mucho antes de que se enamorase de esta tendencia nacida tan lejos de Bolivia; una distancia que acorta cada vez que se sienta frente a la máquina de coser u observa a algún cliente usando una creación suya.  

La mayoría de los asistentes a los eventos de cosplay y con temáticas relacionadas con la cultura asiática se conocen entre sí y son amigos, y no tardaron en hacerse clientes de Michelle, convirtiéndola en una de las confeccionistas de este universo tan particular. Actualmente, ella hace pedidos de lentes de contacto, accesorios y pelucas fuera del país, e incluso alquila sus pelucas a los cosplayers principiantes, dándoles consejos para que sean la representación más fiel de sus personajes preferidos.  

“Todos los trajes que hago son a medida y generalmente pido dos semanas para terminarlo (…). El traje más caro que he elaborado es el de Ezio Auditore del videojuego Assassin’s Creed. Está hecho de cuatro metros de cuerina con muchos cortes; sólo la confección costó 400 bolivianos”, cuenta Michelle, y añade que justamente ese fue el traje más difícil que ha realizado; en cambio, el que más destreza ha demandado para su colección de medio centenar de trajes es el de Miss Fortune del videojuego League of Legends, “pero para ser honesta no soy de las que publicita su trabajo porque yo no busco clientes, busco amigos”, dice.

La psicóloga norteamericana Kit Yarrow explicó que “los disfraces son recursos de comunicación. Le cuentan algo de ti a otros, y están diseñados para obtener una respuesta. Nadie (normal) se pone un disfraz para sentarse solo en casa. Los disfraces son vehículos de conexión social”, según publicó la revista Time en 2013 .  

Si bien todo parece muy entretenido, hubo un momento en que Michelle tuvo que  poner pausa a todo. Dejó su carrera, dejó de hacer trajes y abandonó los cursos de confección a los que se había animado a inscribirse. Detuvo su mundo porque sus abuelos murieron con dos meses de diferencia. Encaminada a superar la pérdida y con la vieja máquina de coser heredada de su abuela, como símbolo de un legado que deseaba continuar, decidió retomar sus actividades. Hoy la historia sigue con una nueva máquina de coser en la que invirtió todos sus ahorros. Pronto espera tener un taller y hacer un desfile de moda asiática con sus creaciones. 

“Me gusta verme así, generar mis propios ingresos en algo que me gusta; estar rodeada de personas a las que puedo cumplirles la fantasía de convertirse en el personaje que quieren, poniendo mis manos en la máquina de coser”, dice, y cabalmente se pone manos a la obra.
 

 

Confidencial

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