Ojo al parche

CARTELERA: Para leer señales de humo

domingo, 01 de septiembre de 2019 · 00:04

Adrián Nieve

Empecemos por esto: si viste Princess Mononoke (1997, Hayao Miyazaki), entonces es hora de que la vuelvas a ver. Si no lo hiciste, todo bien, ya va siendo momento de que lo hagas. Pero, de nuevo, si ya la viste te propongo algo: hagamos un pequeño ejercicio de perspectiva.

Sí, qué pesado, pero si sigues leyendo esto es porque te dio curiosidad, así que escucha: Mononoke es un animé, sí, ¿y qué? En Japón no todo es ojos grandes y pokemones, a veces encuentras otro tipo de belleza, una que se vale de las dinámicas y estéticas de este tipo de animación para hacer de las historias todavía más poderosas.

Hayao Miyazaki es un hombre con una visión, con una filosofía que no impone, que simplemente transmite mediante historias e imágenes terribles y a la vez bellas. Miyazaki puede ser tan caótico como armonioso y lo prueba en este filme donde usó todas sus cualidades para explicar cómo hace la industria para comerse al planeta. 

Lo más interesante  es que nos muestra un mundo en términos del bien y del mal, pero donde separarlos  se vuelve cada vez más difícil. Es un mundo fantástico donde los personajes son humanos insertados en medio de la locura. ¿Cómo alguien puede ser tan tierno como terrible? Miyazaki hace de Mononoke una historia sobre la madre naturaleza muriendo  logrando semejante oxímoron.

Ver esta película en el marco de todos estos días de fuego en la Chiquitanía y en Brasil, de las reacciones de la gente, las de los gobiernos; verla después de los mil y un videos de animales sufriendo, del humo cubriendo el cielo de Roboré, de toda esa gente ayudando, marchando, haciendo campaña; ver esta película después de todo lo que pasó en los días del histórico incendio es una forma de empezar a digerir la cosas. Pasó lo que pasó, ok, pero, ¿ahora qué?

Esa es una pregunta entre tantas y no es que la respuesta esté en el filme de Miyazaki. Pero pasa que Mononoke es una película más profunda de lo que crees/creías. Verla con los ojos que adquirimos en estos días tal vez ayude en algo. Quizás inspire cosas, quizá no. Depende de cómo lo mires.

Y a veces, para mirar algo, es necesario primero ver otras cosas.

6 pasos para mirar  Princess Mononoke

1The impossible. (Lo imposible) 2012, J.A. Bayona. En esta película nos sumergimos en un caos de los peores: sin control, sin esperanzas, todo lo que se nos enseña como desesperante. Entonces llega lo humano, ese consuelo autopreservativo de la sociedad que enternece, que te lleva a sentir esperanzas sin dejar de estar sacudido por el golpe del caos. Y estar así, ese es el primer paso.

2Aguirre, the wrath of God. (Aguirre. La ira de Dios) 1972, Werner Herzog. “En la selva se encontraron dos terribles voluntades”, sería un título para el detrás de cámaras de este poderoso filme en el que vemos qué pasa cuando pones a la humanidad frente a la selva. Esa que verán en la película es la Amazonía, allá por Ucayali, donde Herzog casi mata a su estrella Klaus Kinsky, poseído por la misma locura que inspira a los personajes del filme, a enloquecer con deseos de muerte, de globalizar/colonizar sin importarles las consecuencias sobre nada ni nadie. Y nosotros somos testigos de cómo reacciona la naturaleza al abismo de la locura humana. Ese es el paso dos.

3Dersu Uzala. 1975, Akira Kurosawa. Aguirre es un extremo, pero no todo humano que se adentra en la naturaleza termina así. En este filme de Kurosawa hay un hombre que se ha entregado a esa voluntad sin control –ese dedo –de–Dios–en–nuestra–cabeza, esa salvajía que no perdona mientras gobierna la naturaleza– y sale del encuentro muy cambiado. Es una crónica contada como fábula, con todo y moraleja, pero de esas en las que todos aprenden cosas distintas.  

4Fitzcarraldo. 1982, Werner Herzog. El cuarto paso está entre el segundo y el tercero. ¿Qué hay al medio? Otro filme de Herzog, de trama y elenco muy parecidos al de Aguirre (con la locura que conlleva) en una historia que, pese a ser similar a La ira de Dios, tiene reflexiones diferentes sobre el encuentro con la naturaleza.  

5Home. (Hogar) 2009, Yann Arthus–Bertrand. Dicen que a veces solo necesitas viajar y ver las cosas por ti mismo y que ese es el quinto paso. Sí, claro. Somos hijos del capitalismo, es difícil que lo dejemos todo muy “así nomás”. Y por eso hay documentales como Home, que no nos pone en las locaciones que visita, pero nos inserta en ellas, nos hace parte de cómo funcionan y qué significamos para los ecosistemas de la naturaleza. Entonces solo falta un último paso.

6Silkwood. 1983, Mike Nichols. ¿Erin Brokovich? Sí, bueno. Ya basta de lo mismo. El último paso es traer la mirada de vuelta a lo urbano, al progreso, a la historia de una trabajadora que observa algunas inconsistencias en la planta de plutonio donde trabaja, haciéndonos testigos de cómo reaccionan las empresas cuando sus intereses son amenazados por la verdad. No, no se trata de inspirarse –véanla para que puedan creerme–, se trata de aprender a mirar verdades incómodas, de leer la historia en el humo de la Chiquitanía.
 

 

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