DISEÑO Y COMUNICACIÓN VISUAL

Oficio y academia

Una reflexión sobre la formación de diseñadores gráficos.
domingo, 15 de septiembre de 2019 · 00:07

Efraín Ortuño*

En nuestra memoria colectiva existe una gran ruptura entre el pasado precolombino y la historia colonial republicana; más bien una laguna. Así como “yace una ruptura epistemológica que ha ocurrido históricamente entre el estudio de las culturas y los lenguajes en los últimos 100 años”, (Arnold, 2003: 398) y que en última instancia se proyecta también al estudio de los lenguajes visuales aislados del contexto sociocultural y político de su enunciación para considerarlos solamente en el ámbito de la estética.

En la segunda mitad del siglo XX existe también una ruptura entre el diseño gráfico de los maestros de caja, los prensistas, fotomontajistas, es decir, entre el oficio gráfico de antes y la formación de lo que se entiende por diseñador gráfico hoy en nuestra sociedad. 

Esta ruptura crea un vacío entre una tradición gráfica técnico-manual y el advenimiento de lo digital, sin educación apropiada en los fundamentos del lenguaje visual. Su reconocimiento es un punto de coincidencia entre casi todos los autores del libro Bolivia Lenguajes Gráficos y mis entrevistados: Pedro Querejazu, Sergio Vega, Susana Machicao y Carolina Muñoz, lo que confirma mi hipótesis de que esa brecha entre el oficio, la experiencia del hacer gráfico y la realización técnica que se liga al manejo de herramientas –ahora los programas de diseño– y la carencia de conciencia social son el vacío que debe llenar la nueva pedagogía del diseño gráfico. 

Este divorcio entre el oficio y la nueva tecnología, como el de estética y función social, crea en los jóvenes estudiantes falsas expectativas sobre la profesión.

Para muchos jóvenes la motivación principal para realizar estudios en diseño es una alternativa existencial a la posibilidad, casi siempre rechazada por los padres, de estudiar arte. Entonces se concibe el trabajo del diseñador como el de un decorador, restando importancia a la formación social y sobre todo a la investigación. En este contexto, el diseñador tiene en sus manos un instrumento de transformación social muy poderoso que no se considera en su real magnitud ya que la imagen tiene el mismo, o quizá, más poder que la palabra. 

El estudiante o diseñador novel, al no ser consciente del potencial de esta herramienta se presta a cualquier juego de intereses de forma inocente, lo que equivale a “darle un arma como juguete a un niño y enviarlo a una fiesta de cumpleaños”.

Asimismo, la nueva pedagogía del diseño, la comunicación y las artes visuales debe basarse en un nuevo concepto del arte plástico que integre las llamadas artes audiovisuales, la escultura virtual y otros conceptos espaciales vigentes y visibles con la tecnología (Querejazu 2017), con prácticas manuales ancestrales de producción simbólica como el textil.

Debemos encontrar el pegamento que una el diseño gráfico, las artes visuales y el diseño de objetos –que prefiero no llamar industrial–. Afortunadamente en nuestra sociedad ese pegamento es la investigación, recreación y práctica del diseño textil. 

El diseñador puede ser el profesional que ayude a imaginar un mundo mejor. De esa manera y en el afán de introducir nuevos elementos de reflexión y acción en una nueva pedagogía del diseño y las artes visuales en nuestra sociedad; consideramos que debería ser prioritario un acercamiento al diseño textil, ya que es la verdadera forma de comunicación visual bidimensional en nuestro territorio, que antecede a la pintura y a todo otro soporte de comunicación visual y que, debido a su importancia, su cultura es vigente y presente en todas las regiones del Ande y la Amazonia sudamericana.

Soy de los que piensa que en este siglo el diseño es para la población; estamos atravesando un momento histórico en el que corresponde a los diseñadores, creativos, inventores o artistas en última instancia, diseñar un nuevo modo de vida en beneficio de las poblaciones y no de los que pretenden manipularla. Estoy hablando de una nueva ética del diseño, traducida en una estética de la forma en equilibrio con una función que no puede ser otra que la alternativa en términos de energía, en la más amplia acepción que la palabra tenga.

El diseñador debería ser un sujeto para dialogar con la sociedad en beneficio de la población, en función del bienestar social y de la calidad de vida, entendida ésta no como el poder adquisitivo o la capacidad de consumo, sino simplemente como la ampliación de la esfera cultural y el conocimiento que permite cuestionar, rechazar y proponer mejores políticas públicas de educación, salud, ecología, etc.

El diseñador es un traductor que en el proceso de diseñar puede orientar a la población a la vez que educar al cliente poniendo en primera instancia su ética y sus valores.

La preocupación oficial y de la sociedad civil de crear una marca país para participar en el ámbito de la economía política universal de los símbolos debería enfocarse en emprendimientos e investigaciones serias, que basadas en trabajos de campo establezcan la importancia no solo cultural sino epistemológica del tejido andino y que profundizando el conocimiento de esta actividad en interacción con pueblos originarios, establezcan que el textil andino es mucho más que el significante de una iconografía folklórica, de una supuesta cosmovisión andina dirigida al turismo, sino que desde sus inicios la relación trama-urdimbre es el soporte de una forma de cognición y expresión de conocimiento en la que desde tiempos antiguos se han educado los pueblos andino-amazónicos en las ciencias y las artes, mismas que siempre han tenido una interacción viva con la vida social económica y política, en el más amplio sentido de la palabra .

El resultado deberá ser pues un diseño que proyecte la pluridiversidad de Bolivia, alcanzando posicionamiento visual gracias a su legibilidad y coherencia conceptual y sea fácilmente recordable. Para este fin el diseño debe ser una propuesta original y  formal, fruto de la investigación como significado, espacialmente dinámica como significante y que comunique universalmente con claridad el mensaje.

Las universidades y centros de educación superior en diseño y artes visuales deberían participar activamente en este nuevo horizonte que se abre en el imaginario social y que posibilita la utopía de una nueva pedagogía del diseño en nuestra sociedad. Es desde esta perspectiva que se propone una nueva pedagogía del arte, el diseño y la comunicación visual para el futuro de nuestra sociedad, que ahora parece tener un futuro en la posible creación de la Facultad de Artes en la UMSA.

La relación estructural: material-trama-urdimbre, soporte de este rico vocabulario visual, propone una dialéctica estructural como nuevo modelo epistemológico por explorar en el ámbito de la pedagogía del diseño y las artes visuales, específicamente en el pénsum de las carreras de diseño gráfico –que son las más asistidas– y que como modelo experimental a nivel universitario podría conducir a los estudiantes a una mejor comprensión del rol ético del diseñador y la función social económica del producto que en este caso discurrirá por un soporte no gráfico ni virtual.

La investigación del complejo entramado de imaginarios que se tejen literalmente en la conceptualización de los mensajes visuales propios del textil se convertiría en la interdisciplina transversal que amarraría las materias de semiótica, sociología, historia, etnología, antropología, geografía, diseño de sistemas ambientales con la ergonomía, la comunicación, la psicología de la forma y el diseño. 

Hay mucho por diseñar. Este es el tiempo que el diseño, es decir la inventiva, la capacidad de planificar con creatividad, se ponga al servicio de la satisfacción de necesidades vitales reales, no necesidades creadas, ámbito en el que se ha desarrollado en gran medida el diseño del siglo XX. Mientras tanto, que siga nomás la fiesta, pero más cerca de dar de comer a la tierra que fortaleciendo al capitalismo.

[*]  Efraín Ortuño, artista, diseñador gráfico y docente universitario. Este texto fue tomado del libro de su autoría Diseño gráfico, hacia una nueva pedagogía del diseño y las artes visuales, editado por Letravista, La Paz, 2017.

 

 

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