TERCER MOLAR

Televisión mañanera

Un mismo molde, circense y popular, para cada canal. Al otro extremo, un salto abismal a lo académico. La televisión mañanera no conoce de matices.
domingo, 22 de septiembre de 2019 · 00:11

Willy Camacho

Hace un tiempito, por motivos de salud, tuve que quedarme en casa cerca de diez días. Había que tomar pastillas cada seis horas de modo que estaba obligado a despertarme a las 6 a.m., y de ahí en adelante me resultaba muy difícil volver a conciliar el sueño por lo que no me quedaba más que encender la tele y ver cualquier cosa, y me refiero a “cualquier cosa” literalmente.

Ocurre que en la televisión nacional todos, o casi todos los canales tienen programas “mañaneros”, vale decir, que madrugan para acompañar el inicio de rutina de los ciudadanos que no quieren ver cable o no pueden pagarlo. Estos programas suelen empezar a las 6 a.m. y se prolongan hasta las nueve, donde ceden la posta a los “matinales”, que son tema para otro artículo.

Los “mañaneros” de todos los canales están cortados por la misma tijera: tiene que haber conductoras con ropaje breve, aunque la temperatura marque 5 grados bajo cero; los conductores sí tienen que estar vestidos con mucha tela, si es posible traje y corbata; deben leer los titulares de los periódicos,  informar sobre el clima y el tráfico, y hacer entrevistas cortas, máximo 5 minutos, preguntando obviedades, pues suele pasar que los entrevistadores no tienen la más pálida idea sobre el tema. Y, en honor a la verdad, ¿por qué deberían tenerla?, al fin y al cabo, conductores y conductoras de los mañaneros están ahí para entretener a los madrugadores, no para profundizar en ningún asunto. Claro que alguito de preparación se extraña, así sea a las 6 a.m.

La música no puede faltar, playback todos los días, menos el viernes, cuando algunos canales invierten en sonido y por lo menos ofrecen música en vivo, 80% cumbia, eso sí. Y las conductoras deben bailar al lado de los grupos musicales, lo cual no es tan malo como el estúpido tic de querer cantar canciones que desconocen, de modo que solo mueven la boca y tratan de achuntarle a las últimas sílabas de cada estrofa. Lindas, pero ridículas.

A esa hora, el desayuno es de rigor, o sea que no puede faltar el segmento en el que los conductores o algún chef enseñan a preparar algún tipo de desayuno sofisticado para esos telespectadores que los ven con un café en la mano y una marraqueta en la otra. Provecho.

Eso sí, hay que reconocer que un “mañanero” rompe el molde: el de RTP. Ahí no hay modelos en minifalda, no hay comediantes, no hay grupos musicales y todos pasan hambre. Pero pucha que es aburriiiiiido. Ya parezco la gata Flora... Es que debería haber un punto de equilibrio para no pasar de lo circense-popular a lo académico-periodístico con un solo botonazo del control.

En todo caso, les agradezco, porque gracias a los mañaneros le puse todo mi empeño a sanar y volver cuanto antes al trabajo.
 

 

 

Confidencial

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