MÚSICA / HOMENAJE

Don Carlos VITAL

No hacía falta conocer a Carlos López, fundador de Savia Nueva, para quererlo y asistir a sus conciertos aunque él no lo hiciera. Murió el mes pasado y seguimos despidiéndolo.
domingo, 19 de enero de 2020 · 00:11

Sergio Antezana Foto Carlos Fiengo

  Quisiera ser objetivo, hacer una semblanza o un perfil biográfico, hacer un estudio serio de su música, pero no puedo. Carlos López es el cantautor a quien más admiré y, entonces, hablar de él es una manera de atenuar el dolor, no de analizar o medir. Su muerte, el 21 de diciembre pasado, fue una dolorosa sorpresa para muchos músicos y amigos. Lo hizo al pie del cañón. Lo recogieron para hacer la prueba de sonido del concierto que daría esa noche en el centro cultural 8b en Cochabamba, y… el resto es noticia.

Hablo como un fan, no fui su amigo. Conocí a Don Carlos hace más de 20 años. Caminábamos por Sopocachi y un amigo me dijo: —¿vamos a ver a Carlos López en el Equi?, —¿Quién es?, pregunté; —era de Savia Nueva, me dijo, y con eso bastó. Quienes fuimos criados en nidos zurdos, bebimos de Savia Nueva en grandes cantidades, pero en aquella época la mayoría no teníamos discos originales ni nada por el estilo, así que yo no sabía los nombres de los integrantes ni de los discos. Sabía muchas canciones de ellos, pero algunas las conocí en guitarreadas y otras me las pasaron en cassettes. Faltarían unos años para que Discolandia edite Lo mejor de Savia Nueva, que en realidad no es lo mejor ni mucho menos sino las canciones de las que ese sello tiene derechos. En aquella época también se reeditó la obra que Savia grabó para el sello Campos. Por supuesto, compré todos esos cassettes y todavía los tengo.

En los noventa, el país era otro. El Equi se ubicaba en la calle Belisario y allí tocaban Luis Rico, el Papirri, y toda esa música que había dejado de sonar entre los setenta y ochenta. Había retornado ya esa generación de universitarios que fueron exiliados, solo que ahora eran profesionales trabajando en ONG. Varios nos colamos a esa generación. Tomábamos una cerveza toda la noche, no nos alcanzaba para más. Los universitarios ahora éramos nosotros. Al terminar la noche, me robaba el afiche, lo llevaba a casa y lo colaba en la pared de mi cuarto. No sé por qué. Ahí estaban Luis Rico, Altiplano, Carlos López… 

Canto Vital 

En aquellos años Don Carlos cantaba canciones de Savia Nueva y alguna que otra suya. Esa primera vez escuché El grito de la tierra, una de las que ya estaba en su repertorio. Sentí que su música despertaba algo que había estado dormido en mí. Una nostalgia, un dolor, una pena silenciosa y recatada. Sus versiones de las canciones interpretadas por Savia Nueva eran muy diferentes, no tanto por los arreglos o el sentido musical, sino por la emoción que transmitían. La voz principal de los Savia era Jaime Junaro, una voz fuerte que también puede tornarse dulce, mientras que Don Carlos evoca una combinación de dolor y soledad; su canto parece una carga, un destino asumido.

Entonces supe que Savia Nueva fue fundada por Gerardo Arias y Carlos López. Estábamos en el Teatro de Cámara cuando Don Carlos invitó a Gerardo Arias, quien desde el público pasó a la tarima a cantar un par de temas improvisados. Cantaron Aprendizaje de Sui Géneris y Mama Angustias de Pedroni y Sánchez, aclarando que esta última estaba grabada en el primer EP de los Savia. Obviamente, la nueva obsesión fue conseguir ese EP. Un amigo lo encontró en la Feria de la 16 de Julio años después. Una joya.  

Fui a la presentación de su primer disco solitario en el teatro municipal: Canto Vital: Urgente. Como sucedería tantas veces en la vida de Don Carlos, el tiraje de CDs no estaba listo y entonces vendió unos cassettes grabados días antes. Compré dos. Era el primer disco que sacaba con canciones propias y se notaba una clara diferencia con Savia Nueva que apuntaba mucho más al folclore que a la “trova”. Me acaba de venir a la mente ese video en el que el propio Vicente Feliú canta La Maravilla, de Don Carlos.

Durante años, Canto Vital: Urgente sería el único disco que tendríamos con sus canciones. A partir del 2016, Don Carlos decidió –por ventura divina– grabar las canciones que venía componiendo y que no se encontraban en ningún material discográfico. A partir de ello editó tres discos que mantienen el nombre de Canto Vital, y que conforman un cuerpo completo junto al primero. Son Canto Vital volumen 2: Cantos de Guerreros, volumen 3: Ghandarba y volumen 4: Gabriela. 

La Maravilla de mano en mano

No sé en qué momento o por qué motivo Don Carlos decidió juntarse con el maestro Juan Carlos Cordero y grabar ese material. Nos queda agradecerle muchísimo porque resulta que Don Carlos siempre fue un artista alejado del mundo comercial, alguien a quien no le interesó pasearse por los mañaneros televisivos para invitar a sus recitales. Es más, era tan informal que en más de una ocasión yo fui a un concierto suyo, y él no fue. Quienes lo seguían saben de qué hablo. Por aquella época organizamos con el Equi 2 una serie de conciertos juntando generaciones de cantautores; participaron el Papirri, Luis Rico, el Grillo, Alejandro Rivas, Negro y Blanco, y muchos otros, incluyéndome. Don Carlos no vino. Así era. Pero ese evento me permitió conocerlo: fui a su casa a coordinar la fecha y ver si tenía alguna foto para el afiche, por supuesto que no tenía. Entramos a un cuarto lleno de libros sobre una mesa grande, me dijo: —¿tienes mi disco?;  —sí, tengo el cassette, respondí. Me dijo: —toma esto. Era un CD “auto pirateado” al que le puso una papelería original. Así era. El gesto serio, de pocas palabras, aunque alguna vez lo vi sonreír.

¿Qué clase de loco decide hacer música no comercial en un país que no tiene mercado ni siquiera para la comercial? No sé. Así era él. Y cada vez lo veo más como una versión latinoamericana del dibujo que hizo Picasso inspirado en el Quijote: la guitarra en lugar de la lanza. Su música habla de recuerdos que quedan en tu vida y no cambian, de instantes sempiternos: “No es justo que la amargura ponga un bozal en tu sien: esta no es una aventura, es la búsqueda del bien” (El sol besa tu ventana).

Nos habla desde los silencios nocturnos que tenemos mirando por la ventana: “Es esta circunstancia compleja de los días, la que genera arpías, reinas de la ignorancia; es esta incertidumbre nacida desde el lodo la que con sed de todo apaga nuestra lumbre” (Circunstancias). 

Fue un hombre solitario, o eso evocó su música. “Porque el tiempo está a favor de los cambios milenarios, pero somos sedentarios y nos miramos vivir solos, solos, solos, hasta morir” (El grito de la tierra). Siempre pensé que para él era vital estar alejado de la saturación del mundo con el que se comunicaba solo a través de la música; recatado, ensimismado, pleno, honesto, íntegro, auténtico apenas tomaba su instrumento. Cantaba desde una caverna, parecía un hombre cantando en la soledad de una fogata, un ermitaño que sale de su refugio para cantar y luego vuelve a abrazar su elegida soledad que es una mezcla de carga y goce. Ya no quiero evocarlo, Don Carlos, lo dejo descansar. Gracias. Siga peregrinando, lo espera Valentina, déjese querer."

 

 

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